Capítulo Dieciocho: "Confesión"

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B E N

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B E N

4:30 p.m.

—¿Estás lista?—le pregunto a Steph en un tono de preocupación. Ella solo asiente y mira su mano, en donde tiene el aparato que revelará la ubicación del secuestrador. Al contrario de Jack, ella nos dice que no va a funcionar.

Entiendo su preocupación, ellos son muy astutos, prepararon todo con cautela. Sabían exactamente a quién espiar y en donde pondrían las cámaras. No me sorprendería que ellos se enteren de nuestro plan.

Pero no me importa, ya no tengo ni una pizca de miedo. Estuve en la orilla de un edificio con mi cuerpo drogado, apunto de perder la vida. Me tiré de un acantilado, estuve a punto de matar a alguien, hasta asalté una cafetería con un arma. Tendrán que esforzarse más si quieren que yo les tema.

—Tienes que subirte al árbol más grande, y colocar...

—Si ya lo sé Jack, no hace falta que me lo repitas. Mi memoria es excelente—con una sonrisa de superioridad Steph empieza a caminar hacia la entrada del bosque. Jack me mira y asiente, en una señal de que el plan ya esta en marcha.

En mi celular había un mensaje desde hace dos días del secuestrador. Pero solo era un poema. Cuando fui al hospital, me había llegado un mensaje de Bill, el jefe del circulo rojo, diciéndome que había pasado la prueba y que solo me faltaba hacer una. Luego de un día, fui hacia el lugar que Bill me envió, y completé la que faltaba. Tuve que pelear contra uno de ellos.

Estaba muy nervioso, al principio, me daba varios golpes y siempre caía al suelo. Mi nariz ya estaba sangrando y la herida de mi cabeza también. Pero luego recordé mi propósito. Recordé porque estaba haciéndolo.No podía fallar, sino Marianne sufriría las consecuencias.

Logré esquivar unos de sus golpes, el chico se sorprendió un poco y bajo la guardia, así que aproveché la oportunidad y le di un golpe en la cabeza, para mi suerte, el chico se tambaleó y logré noquearlo. Mi mano quedó doliendo, luego de ese golpe.

—No te preocupes por Steph, estará bien—Jack coloca su mano en mi espalda y me sonríe. Ambos nos sentamos en la orilla de la acera, al otro lado de la carretera. Jack saca su computadora y observo que oprime varios botones, salen muchas ventanas rápidamente. Todo eran números y letras que no entendía.

—¿Por qué no permitiste que acompañara a Steph?—frunzo el ceño. Era una pregunta que venía rondado mi cabeza hace mucho.

—Eres su principal objetivo. Si vas, sería tu fin. Además, tienes que enviarle un mensaje y tratar que te contesten, así encontraremos muy fácil su ubicación, ya que es una señal directa. Solo tiene que ir una persona, sino, todo fallará.

—Entiendo—frunzo al ceño al ver lo rápido que son su dedos.

—Además, tenemos un radio para comunicarnos. Si tiene problemas, iremos tras ella y abandonaremos el plan. Tu solo relájate y mira como trabajan los adultos —al decir lo último Jack muestra una amplia sonrisa un poco malévola. Yo lo golpeo con mi mano adolorida.

15 SEGUNDOSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora