Michael Fitt en multimedia.
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¿Por qué mierdas solo me pasaban esas cosas a mí? ¿Qué se supone que hacía allí él, el chico de mis sueños?
-Bueno chicos os voy a presentar al nuevo jugador que sustituirá a Williams.- No aguanté esa mirada tan profunda, él recordaba vagamente quién era yo por la forma en la que me miraba, pero yo no era capaz ni si quiera de recordar su nombre. Me sentía miserable.
Eché a andar antes de que terminaran las presentaciones, pero la mano de Leo alrededor de mi brazo paró mi marcha. No quería girarme, no quería mostrar mi debilidad. Las lágrimas que en ese momento amenazaban con salir en cuanto alguien las viera. Había sido demasiado floja sentimentalmente lo poco que llevábamos de día, y no permitiría que eso siguiera así, necesitaba seguir en mi puesto de capitana, firme y rígida.
-Amuc... ¿Qué te pasa?- Conté hasta diez y mostré la mirada más gélida que había utilizado.
-Que no acepto la decisión del entrenador, y él ya sabe que no estoy conforme, pero aún así no me ha dado ninguna explicación, y eso es inaceptable, punto. Si no quieres nada más no me molestes.- En el fondo no quería decir nada de eso, no quería ser fría, no debería de decirle esas palabras tan duras a Leo pero no iba a dejarme comer por esos lobos.
El entrenador Kakeru se quedó observándome cautelosamente, sabía que no estaba de acuerdo, pero no se imaginaba que estuviera enfada hasta ese extremo. Esa era la única verdad en la frase que había salido de mis labios, el enfado y el odio que tenía en ese momento.
-Amaia, ya he hablado contigo y te he explicado las razones que se me han dado a mí, no te puedo dar más información.- Eso fue la gota que colmó el vaso. ¿Me estaba diciendo que no tenía ninguna autoridad sobre el equipo? Era la maldita capitana, debería saber qué problema tenían mis jugadores para poder ayudarles a mejorar y a seguir adelante, pero no dejarlos abandonar así porque sí sin motivo. Empecé a caminar en su dirección, con todas las miradas atentas puestas en mí me encaré con él sin miedo a las repercusiones que eso pudiera tener.
-¿Está seguro de eso entrenador Kakeru? No sé si se ha dado cuenta pero ahora mismo me ha menospreciado delante de todos los jugadores.- Le señalé amenazadoramente, poniendo mi dedo índice sobre su pecho.- Según usted el capitán de un equipo no debería saber cuáles son las adversidades de sus jugadores, ni ayudarlos, simplemente asentir y dejarlo pasar, y si se van, dejarles abandonar.- La mirada de todos los lobos era atónita, y eso era lo que quería.- Yo no pienso así, y creo que nadie piensa que los capitanes tengan tan poca importancia como usted me está dando. Simplemente quería dejar claro eso, si esto va a ser así, si ningún dato importante de estos lobos va a llegar a mis manos ya puede estar llamando a mi primo, no pienso seguir aquí bajo esas reglas.
Me di la vuelta con todo el orgullo ganado en esa batalla y me fui de allí sin escuchar siquiera el nombre de aquel que aparecía en mis más profundos sueños. Aceleré los pasos ya que sabía que en poco tiempo necesitaría desahogarme y no lo iba a hacer allí.
Atravesé el laberinto y me senté al borde del riachuelo que llegaba desde la montaña, hundí los pies en el frío agua y chillé.
Chillé de frustración.
Chillé por impotencia.
Chillé por ser tan pequeña en un mundo tan grande.
Mi voz se elevó de tal forma que empezó a quemarme, notaba la garganta rasgada, sin ser capaz de emitir un solo sonido más, quería descansar pero no quería volver a la habitación.
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¿El deporte lleva al amor? (EDITANDO)
Teen FictionEsta historia esta siendo editada desde el comienzo y antes de continuar con el final, debido a los fallos que había encontrado y al cambio de forma de escribir que se ha dado en mí durante la escritura de esta. Amaia, una chica de 16 años jugadora...