Capítulo LIII

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     No tengo conocimientos sobre medicina. Mucho menos tengo idea de cómo atender una herida producida por bala, especialmente cuando dicha bala sigue alojada dentro del cuerpo. Y con mucha mayor razón, siendo que la bala está dentro de mí y no ha herido a otra persona. Pero a pesar de mi evidente ignorancia con respecto a este tema, y es una ignorancia mortal para ser honestos, estoy plenamente consciente de que los síntomas que presento no son normales.

     Comenzando por el sudor frío que recorre cada milímetro de mi cuerpo, los escalofríos que me recorren toda la espina dorsal, la sensación de tener el cuerpo cortado como si estuviera resfriada, el temblor de mis manos que sólo se asemejaría a tener mal de Parkinson, el fuerte mareo que causa que todo mi entorno esté dando vueltas a mi alrededor, mi respiración agitada y el dolor que siento en el pecho a la hora de inhalar, la visión que ahora me está fallando pues todo lo que veo son sombras difusas, y el intenso dolor que emana desde el sitio donde la bala se incrustó.

     No puedo andar con normalidad, caminar en línea recta seguramente sería más fácil para una persona alcoholizada que para mí en estas condiciones. Tan sólo pude avanzar un par de pasos antes de desplomarme en el suelo irremediablemente. Me ha costado un tremendo esfuerzo levantarme, pues mis piernas parecen hechas de gelatina. Ahora debo caminar con ayuda de Golduck, que me toma por la cintura y me ayuda a mantener el equilibrio. He tenido que devolver a todos mis Pokemon a sus Pokebolas para no llamar la atención de los miembros de la Elite que vienen y van. Tuve que hacerlo a pesar de que ellos se negaban, pues querían quedarse conmigo.

     Y lo están, en sus Pokebolas.

     No podría soportar que todos ellos estén mirándome como si estuviera muriendo.

     El único a quien le permití quedarse fuera fue a Golduck, ya que es él el único que puede ayudarme a caminar.

     Menuda mierda es esto, ahora ni siquiera puedo sostenerme en pie por mí misma.

     Doy un traspié cuando llegamos a la entrada de uno de los edificios derribados. No tengo idea de qué ha pasado aquí, Como si me importara… Maldita sea, el dolor es insoportable.

     —Golduck, necesito… Necesito descansar…

     Incluso mi capacidad de hablar se ve afectada, pues pronunciar tan solo dos palabras es lo que basta para hacerme perder el aliento. ¿Qué mierda está pasándome? ¿Y qué es ese cosquilleo que siento en mi pierna herida?

     Golduck me ayuda a recargarme contra un muro y yo me desplomo en el suelo, ayudándome con la fricción que hace mi espalda contra la pared. Cada vez me cuesta más respirar, es como si tuviera que decidir entre seguir viviendo y escapar del dolor que punza en mi pecho. Por supuesto que prefiero la primera opción, me niego a dejar de respirar. Y, de cualquier manera, es algo involuntario.

     Extender mi pierna herida hacia adelante es un dolor mucho más insoportable... Me quedo de nuevo si aliento cuando veo la gigantesca mancha de sangre. Estiro una mano temblorosa para intentar examinar la herida, pero lo único que consigo es que mi brazo caiga al suelo como si estuviera hecho de trapos. De pronto me he debilitado demasiado, como si cualquier simple movimiento fuera suficiente para robarme todas las energías.

     —Golduck… —musito con voz débil, echo la cabeza hacia atrás y aprieto con fuerza los dientes—. Golduck, mi pierna…

     Él asiente y maniobra con sus dedos palmeados para rasgar la tela de mis pantalones y descubrir la enorme herida que no deja de sangrar. Echo la cabeza hacia atrás de nuevo y hago el mayor esfuerzo posible para hablar.

Pokemon V: La Batalla Contra la EliteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora