chapter ten

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El martes por la mañana cuando Alba despierta, es con una cama vacía. Que al mirar hacia el lado se le hacía infinita al no notar la presencia de la chica del cabello oscuro a su lado abrazándose a su cintura con fuerza. Con quien ya se había acostumbrado sentir después de que pasase un par de noches en su casa.

El sol aún no ha salido y probablemente podía volver a dormirse aprovechando que despertó antes que su alarma, pero el calor que le quema cada uno de los rincones de su cuerpo se lo impide. Es ahí cuando Alba se da cuenta de la razón por la cual abrió los ojos antes de lo normal. No era una simple coincidencia el rápido latir de su corazón y la forma en la que le tiemblan las piernas, y solo encuentra una explicación:

Algo pasó en sus sueños. Algo que probablemente le habría gustado vivir en carne propia otra vez.

Y lo confirma cuando nota la incómoda humedad que está encerrada dentro de su ropa interior, la cual le pide a gritos que tome riendas del asunto antes de que pierda la cordura. 

Se lleva una mano al pecho intentando así bajar un poco el descontrolado conteo de sus pulsaciones, pero después de incluso coger unas amplias bocanadas de aire, se le hace imposible. Trata de cerrar los ojos para ver si así consigue calmarse, pero era en vano.

Tampoco puede dejar de pensar en lo que ocurrió en el mundo creado por su subconsciente, donde recuerda encontrarse con su mejor amiga y su talentosa lengua entre sus piernas otra vez. Comenzó a notar como su pecho sube y baja acelerado cuando cerró los ojos y recordó con claridad su sueño, y al darse cuenta que sabe cómo se siente en la realidad luego de vivirlo hace menos de un par de días, no pudo detener a los dedos que rápidamente se adentraron dentro de sus bragas a calmar el incendio que no hacía más que seguir creciendo, como si le estuviesen arrojando gasolina con cada segundo que transcurría y no agua para apagarlo. Suspiró de alivio cuando comenzó a dejar suaves caricias en el cúmulo de nervios que demandaba atención, incluso a estas horas. Y se perdió en éstos y lo bien que se sentía calmar la situación.

Giró su rostro y lo escondió contra la almohada, y para evitar que los jadeos se le escapasen mientras se perdía en el placer que se entregaba a sí misma, mordió la suavidad del cojín y apretó los ojos.

Pero justo cuando pensó que lograría apagar el fuego, unos ojos marrones aparecieron dentro de su cabeza. Intentó cerrar sus propios iris con más fuerza para que la imagen desapareciese, porque joder ya estaba por llegar, pero era imposible. Y lo peor, es que esos ojos la miraban con algo muy diferente a la lujuria que ella siente en ese momento.

La miraban con adoración, brillantes. Muy parecidos a la mirada que recibió por parte de su mejor amiga cuando ella consiguió que Alba se corriese haciendo uso del músculo que se encierra en su boca, similares a los ojos que la recorrieron entera el día de ayer cuando estaban en las duchas después de la clase de educación física.

No eran los mismos ojos que la miraron cuando Alba le regaló su primer orgasmo, ojos que la miraban con una mezcla de curiosidad y gratitud por el favor que le hizo de descubrir aquellas sensaciones nuevas, y sin duda no eran los mismos ojos que la miraban con cariño cada mañana que despertaban juntas luego de una noche de pijamas. No eran los mismos ojitos que le deseaban buenos días con el cabello desordenado y la voz ronca.

Porque sin duda algo había cambiado.

Algo que Alba se empeñaría en negar por al menos unas semanas más.

La chica rubia soltó un sonoro suspiro a la vez que retiraba sus dedos de dentro de su ropa interior tras rendirse en intentar conseguir el alivio que necesitaba y se quedó mirando al techo de su habitación hasta que sintió el insistente sonido de su móvil vibrando en la mesita de noche, alertandole que debía levantarse si no quería llegar tarde. Estiró su brazo para apagarlo sin retirar sus ojos de las nubecitas que ella misma había pintado el año pasado para decorar su habitación, evitando una que decoró Natalia como si ésta llorase corazones, y se quedó allí hasta que los ocho minutos por los cuales pospuso su alarma se terminaron, y tuvo que esta vez sí levantarse.

Remember everything will be alright || (Albalia)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora