Parte 45

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Tu estomago esta revuelto, te sientes cansado, no puedes pensar en nada, hoy ha sido más difícil que nunca estar lejos de Lukas y Vlad. La maldita de orientación te ha acusado de revoltoso en su clase y te ha mando con Ludwing, por suerte un chico de servicio social (Feliciano, si no mal recuerdas) lo tenía distraído con una plática de pasta italiana y no te ha regañado tanto, pero tu pecho se encogió al recordar que ni Lukas ni Vlad hicieron algo por acompañarlo o por defenderlo.

"Que se jodan, me da igual"

Pero sabes que no es así, te duele, porque ellos son tus amigos, y siempre han estado juntos en todo, desde que se conocieron, pero ya no más. Y todo seguiría normal si no fuera por ti.

Las clases ya han terminado, así que no te molestas en volver al salón, con tu mochila sujetada a tus hombros emprendes el camino a casa.

Durante el trayecto te olvidas de los demás y el mismo tema de siempre te da una y mil vueltas en la cabeza.

"¿Debería buscarlo en Internet?" "No, pero... " "Es que es tan... raro"

Distraído como vas, no te das cuenta de la escena que se desarrolla frente a ti, hasta que el sonido cada vez más altos de los gritos llega hasta ti.

-...¡No deberían dejar que unos degenerados como ustedes caminen como si nada entre nosotros"- Miras la escena desconcertado, hay un grupo de gente mirando desde varios puntos de la acera, pero nadie se mete, hay una familia (un hombre, una mujer y un niño pequeño) y frente a ellos dos chicos, uno más alto que el otro, ambos de cabello rubio (uno más largo que el otro), el más alto tiene un brazo extendido frente al más bajo, como protegiéndolo, el otro chico se sostiene de la camisa de su compañero, pero no sabes definir si es para retenerlo o para apoyarse en él porque el chico más alto tapa tu visión de él. Pero puedes decir que ambos comparten una postura rígida, y el el rostro del chico alto se puede notar la rabia en su expresión.

Tú no sabes de que va todo, pero el hombre (padre de familia, asumes) se ve muy molesto, la mujer aprieta al niño contra su cuerpo, apretando su cara contra su vientre, para impedirle ver. ¿Pero ver qué? ¿Qué pasa?

-Nosotros no estamos haciendo nada malo, señor. - Habla el chico alto, tú te quedas en tu lugar, y solo miras igual que el resto.

- ¿¡Como que nada malo?! Ustedes malditos maricas...- Oh... Asi que es eso, miras sorprendido a los chicos, tal parece que son gays y son pareja. Tu ceño se frunce. "Pero eso no es razón para que les grite en la calle"- ... Se creen mucho porque hacen sus estúpidas marchas, como si pudieran tener los mismos derechos que nosotros, ¡Lo único que quieren es poder coger por ahí como putos animales!-

-Señor, por favor, está molestándonos y solo estamos caminando, si no le parece por que no regresa a su casa y se encierra a gritar todo lo que quiera, que aquí es una vía publica y estamos estorbando por una tontería, por favor, le pido que se calme. - Se notaba que el chico alto estaba haciendo un gran esfuerzo por ser cordial y no tirarse a golpear al hombre.

-Por favor, señor, piense en su hijo, deje de gritar, que lo está asustando. - Hablo el chico bajo, haciendo una seña al pequeño que temblaba en los brazos de su madre seguro espantado por los grito de su padre.

-¡Tu no me vas a decir cómo cuidar a mi hijo, maldito chupa pitos!-

-¡Hijo de pu..!- El más alto casi se tiraba sobre el hombre, pero el más bajo lo detuvo a tiempo.

La discusión subía y subía de tono, tu volteas a todas partes, intentas encontrar a alguien que se meta para detenerlos, pero nadie parece dispuesto a hacerlo, y repentinamente te sientes asqueado. Todos miran con morbo la escena, pero nadie se mete a defender a los chicos, si, son gays, pero ¿y qué? Siguen siendo personas, ¡por Dios, esto no es mil quinientos no vamos a hacer una quema de brujas! Miras de nuevo al hombre, y repentinamente te sientes asqueado y avergonzado ¿Así te escuchabas tú? ¿Tan retardado, incoherente y apático? Ahora podías entender un poco las expresiones de tus amigos. Aprietas la mandíbula, miras a los lados e inicias a correr en busca de un policía, esperas que los que vigilan los rumbos de la escuela todavía no se hubieran ido.

La vida de adolescente de Arthur Kirkland. HetaliaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora