11-Cap

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Narra Harry:

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Narra Harry:

La vi alzarse temblorosa de la cama, aún con la debilidad y el miedo adhiriéndose a cada uno de sus huesos como si calaran incesablemente su cuerpo por dentro.

Lanzó rabiosa, con ira apenas contenida las rosas que golpearon mi cara para luego caer destrozadas a mis pies sobre la aterciopelada alfombra grisácea oscura.

Pude percibir el dolor en su mirada. Ella abre los labios, como si quisiera respirar hondo para recuperar un aire preciado que ha dejado escapar por consecuencia de aquellos gritos.

Parpadea, y por una milésima de segundo parece algo perdida. Sus palabras parecen totalmente lejanas a lo que hubiese querido decirme realmente, pero ¿qué debía ser?

Contemplo detenidamente su hermoso rostro. No dice nada pero me mira fijamente, sin pestañear apenas.

Ay, es tan arrebatadoramente guapa a pesar de ser una simple humana. Es increíble como en tan poco tiempo he llegado a quererle tanto. De tal forma que me niego a pensar así de ella, soy un sangre noble. Nada debería despertar tales sentimientos en mí, se supone que estoy muerto. No siento, sin embargo a su lado todo es distinto.

Ella es una desconcentración constante para mí, incluso cuando quiero hacerla sentir mal de todas las variantes posibles.

«¿Por qué demonios tiene este efecto sobre mí?»

  Me siento como una cría de cachorro de lobo. El novato de la manada, torpe, distraído como siempre y fuera de lugar. Serena me saca de lugar.

No puedo parar de observarla, como se dejó caer fuertemente en la cama ocultando su rostro con la almohada mientras lloraba. Esas lágrimas orgullosas que tanto se negaba a dejar ver.

  «Entendible. No haces más que burlarte de ella, genio» me reprocha mi subconsciente y tanto sus palabras como las de ella resonaban en mi cabeza así fuesen el eco de los murciélagos en las nocturnas cuevas.

Me dispuse a salir cuanto antes de la habitación para no molestarle más con mi presencia, llevándome conjunto a esta mi orgullo ciertamente dañado por aquellas infames calumnias.

Me quedé divisando fijamente cada extremo del castillo, analizando con la mirada clavada en el horizonte un lugar donde despejar mi mente de todo lo sucedido. Alejado de esa decepción que fluía en la atmósfera, entonces recordé aquel extenso pino del que el día pasado había dispuesto para la cacería y que había sido de gran ayuda.

Merecidamente se ganó el título del más alto del castillo, si existiera. Con paso veloz llegué hasta su ubicación comenzando a ascender hasta cerca de la cima.

  Era reconfortante sentir el viento abatirlo todo, sin embargo ningún sonido alcanzaba a elevarse por aquellas ramas. Quedábamos yo y mi soledad, compadesiendo así uno del otro.

Amante de un Príncipe Oscuro (II Libro: Bilogía Amantes Siniestros)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora