-pero es que ese ya me lo contaron - chilló la pequeña Narancia
- ¡ya sé! ¿Haz escuchado del Lord of stars?- pregunto el francés a la niña quien negó
- bueno hace mucho años...Cuenta una leyenda en Japón que un príncipe de excepcional belleza, llamado Kakyoin, que se enamoró de un pastor llamado Jotaro.
- ¿y como era ese príncipe?- pregunto la inquieta chiquilla
- Kakyoin era muy guapo de cabello rojo, ojos violetas, aunque era un poco bajito
- ¿y el pastor? - pregunto curiosa
- Jotaro... Jotaro es alto de cabello negro, ojos azules y con un lunar en forma de estrella
- ¿Como la mía?- pregunto emocionada la niña
- si... Como la tuya
Polnareff ya sabia del todo rollo del árbol genealogía de la familia Joestar, dejando a la pequeña Narancia y a Bruno como primos "ilegítimos" de Joseph Joestar y como tíos abuelos de Jotaro. Si bien no tenia inconveniente en utilizar a este último como uno de los protagonistas de su historia.
-Kakyoin era un magnífico tejedor, y era hijo de Joseph ,el Rey Celestial. El tejía magníficas telas a la orilla del río Amanogawa, un río hecho de las mejores estrellas de la vía láctea, y debido a su trabajo que era tejer de sol a sol, no podía conocer a nadie de quien enamorarse. El rey entonces concertó un encuentro entre su hijo y Jotaro: el Pastor de las Estrellas, al conocerse, ambos se enamoraron de inmediato y al poco tiempo, contrajeron matrimonio.
- ¿por que se enamoraron?- pregunto la pequeña
- por que Kakyoin era amable, sonriente y muy atractivo; y Jotaro por que era fuerte, caballeroso y muy guapo.
- okii - sonrió felizmente la pequeña
-Sin embargo, tras la boda, Kakyoin descuidó sus labores textiles y Jotaro hizo lo mismo con su rebaño de estrellas, que se desperdigaron por todo el firmamento. Furioso, el rey Joseph los separó en el cielo, dejando uno a cada lado del río Amanogawa. Desolado por la separación de su esposo, Kakyoin le imploró al padre que le permitiera verle de nuevo.
-¿Que pasó? ¿volvieron a estar juntos?
- oh mira la hora las 12:35... Tengo que ir a dormir, mañana en la noche te cuento ¿va? Ahora ve a dormir o no te contare el final.
La niña asintió y rápidamente se fue a dormir. Giorno veía desde la puerta al fin podría dormir.
- gracias Polnareff... Juro que te lo compensaré - dijo el rubio
- ya ya, ve a dormir muchacho... Mañana hay mucho que hacer.
Continuará...
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