Olía a miedo combinado con un aroma de perfume barato, no sabía de dónde provenía esa mezcla de olores que me llegaban a los oídos y me susurraban cosas, pensamientos negativos que pasaban por mi mente mientras trataba de controlar mi respiración que se había agitado demasiado, tal vez la culpa era de mi corazón que latía muy fuerte, tan fuerte que incluso podía escuchar sus sentimientos, en fin. Traté de mantenerme relajado mientras los monos de negro barrían la habitación con sus pies de terciopelo, tratando de hallar alguna señal de vida, tratando de encontrarme entre la penumbra, en ese momento me mostré agradecido con la falta de luz, aunque eso no serviría de mucho, pensé; De eso estaba seguro, de pronto, un pensamiento efímero pasó por mi mente, había practicado por años la magia sin varita, y obviamente sin necesidad de pronunciar palabra alguna, así que agité mis manos y pensé en un hechizo convocador, ¡Lo tenía!, lo había conseguido, mi varita salió volando de donde sea que había estado y llegó a mis manos, era momento de actuar, pero no contaba con que alguien me delataría.
- ¡Detrás de la columna! Gritó, y los teletubbies voltearon la mirada hacia mí, había sido él, el estúpido sofá roído por la polilla quien les había dado mi ubicación, miré hacia todos lados y mi mente nuevamente se nubló, olvidé cualquier encantamiento que en ese momento me hubiera servido para escapar, así que hice lo único que mi instinto de supervivencia me obligó a hacer, correr, correr y saltar por la ventana rota.
Una bala me rozó la cabeza, me pasó tan cerca que me perforó la oreja izquierda, ahora era la onda, pensé, y corrí y corrí por las oscuras calles hasta perderlos de vista, era obvio que ya no me seguían, pues dejé de escucharlos, ahora solo escuchaba el ruido de los carros y el silencio de la madrugada. – Voy a quemar a ese estúpido mueble parlante. Me dije mientras caminaba a paso veloz, y seguí caminando mientras pensaba en un lugar para descansar, pero ya era muy tarde para dormir, así que me senté frente al mar, en espera del sol.
Había amanecido y recordé que tenía que comer, llevaba mucho tiempo sin comer algo, así que saqué un diamante de un tamaño considerable que llevaba en la camisa, llegué a la panadería para cambiarlo por un pan, pero el dueño solo aceptaba efectivo, entonces tomé dos y salí corriendo, había perdido mucho tiempo, cosa que no solía hacer. Una persona con muchas responsabilidades como yo debería medir su tiempo y organizar sus prioridades, y en efecto, lo hacía, así que regresé a casa.
El portón estaba cerrado, y el identificador de voz se había dañado, así que me tocó gritar y golpear como un loco hasta que al fin, Esperancita me escuchó y salió a abrirme, le grité un par de insultos y subí a mi habitación a recostarme, luego recordé a lo que iba, me bañé y salí con mis mejores prendas a la facultad, no sin antes darle instrucciones a Esperancita, a quien consideraba una persona inferior a mí, no solo por su falta de carácter, sino por su posición social, la insulté una vez más y me dirigí al garaje, tomé el primer vehículo que vi y salí al trabajo, en donde me esperaban con ansias para gritarme como de costumbre.
Luego de unos gritos y unos cuantos insultos seguí con mis deberes, el ambiente estaba un poco tenso, aunque no sabía por qué, pero no quise averiguarlo, así que seguí con lo mío, hasta que un imbécil interrumpió mis pensamientos, pero se calló al ver mi reacción de enojo. - ¡NADIE INTERRUMPE MIS PENSAMIENTOS! Le grité, y en efecto, nadie solía hacerlo, porque eran conscientes de lo que yo era capaz de hacer cuando alguien perturbaba mí paz, aunque siempre me he considerado una persona pacifista... Pero no siempre era así.
Era tarde, las horas habían pasado volando tan rápido que no puede avanzar con nada, dejé todo como el día anterior, los archivos revueltos en el escritorio de madera que me habían asignado, las cajas recién armadas que yo mismo saqué de la bodega para guardar las hojas del archivero, definitivamente era un empleado muy eficiente, lo cual me hacía sentir muy orgulloso, tomé mis cosas y me retiré mientras todos me miraban y murmuraban cosas que no pude oír, pero que deduje fácilmente, estaba seguro de que se decían, "quiero ser como él" o "qué elegante es", sin duda todos me amaban, me despedí con un saludo amistoso para evitar que se sintieran ignorados y salí a la calle.
Nunca paso desapercibido, y sigo sin entender cómo una persona tan insignificante como yo puede atraer la atención de todo el mundo, muchas personas me seguían por donde quiera que iba, hoy era un día de esos, traté de ocultarme de cualquier forma pero no lo conseguí, oía sus voces y sus risas, querían tocarme, pero no se los permití, me había hartado de ellos, y entonces grité, grité tan fuerte como pude y me tapé los oídos para dejar de escuchar sus voces, hasta que al fin se dispersaron y yo pude continuar con mi camino, pero ahora no sabía a dónde ir, el día estaba soleado y el cielo despejado, la temperatura había descendido un poco y lo único que quería era estar en paz, así que caminé a donde mis piernas me llevaran, caminé hacia donde soplaba el viento, y me dejé llevar por una inefable paz.
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