-Rubí ¿Qué ves?- dijo Titania
-Hay muchas personas, y el emperador está sentado platicando con el Conde Rodolfo- respondió Rubí
-Bien, es el momento, la orquesta ya está en posición- dijo Onix
Me sentía nerviosa, era la primera que vez que me presentaba a bailar frente a muchas personas, solo que estos eran nobles y creo que son peores que un público común y corriente.
-Su majestad- dijo uno de los sirvientes en voz alta –Damas y caballeros, estoy aquí para anunciar el regalo que han preparado las concubinas para usted mi señor- dijo haciendo una reverencia al emperador.
Salimos de nuestro escondite por así decirlo, estaba muy nerviosa; me temblaban las piernas. Escuche los murmullos de todos seguidos con aplausos, sí que son hipócritas.
Mientras bailábamos al ritmo de la dulce canción, pude notar que el emperador nos miraba fijamente; realmente no puedo decir en que estaba pensando. Los nobles varones se nos quedaban viendo de manera asquerosa, alguno que otro retiraba la mirada o simplemente no hacían expresión alguna. Las mujeres solo hablaban entre sí.
Falle en unos pasos, estaba nerviosa. Entonces fue cuando vi que le emperador me comenzó a mirar, y me sonrió tiernamente, al mismo tiempo que paso esto mi cuerpo se relajó y pude realizar los siguientes pasos con más confianza, "Una sonrisa que cura" como diría mi abuelo.
Concluyo el baile, todos aplaudieron pero a nosotras no nos importaban los demás, solo nos importaba el emperador. Que por cierto nos recompenso; se puso de pie y nos aplaudió con un ambiente sincero. Me sentí satisfecha.
Todos volvieron a sus pláticas, las demás me habían dicho que comúnmente se quedan a lado del emperador sentadas en las almohadas que hay alrededor, así que todas nos dirigimos a nuestro respectivos lugares. Pude notar que había un cojín cerca del sillón de emperador, en su lado izquierdo, supuse que ese era de Ágata, pero Coral me dijo que ese era el mío ya que el emperador lo solicito así. Me senté a su lado, él estaba entretenido con el hombre a su lado derecho, el Conde Rodolfo.
Mientras estaba sentada, pude escuchar risas de un grupo de mujeres.
-¿No les parece que el emperador está más alegre hoy?- dijo una mujer vestida de amarillo y rubia. Que mala combinación
-Supongo que esas concubinas saben cómo complacerlo- dijo otra de vestido verde
-No estés tan segura querida, estoy segura que prefiere a alguien más fina- dijo una mujer con abanico de plumas cubriendo media cara
-Estoy segura que trata a sus concubinas como reinas, ya que su madre fue una- hablo la de amarillo
-¿No le da vergüenza ser mestizo?- cuestiono la de verde
-Mestizo o no, es el emperador, eso es lo único que importa- respondió la del abanico. Esta vez lo bajo más de su rostro, quede asombrada por su belleza.
Lo demás ya no pude escucharlo, susurraron.
-Pero un emperador que nació de una ramera no es tan poderoso- dijo subiendo la Rubia
Esa palabra, ramera, me saco de mis casillas y no me pude contener.
-Disculpen- dije mientras me acercaba a ellas –Pueden dejar de hablar mal del emperador por favor- Me miraron de arriba abajo.
-¿Y tú quién eres para ordenarnos qué hacer?- dijo la mujer del abanico
-Sí, solo eres una prostituta- dijo la del vestido verde
-Sé que no soy nadie, pero están en la fiesta del emperador, deberían ser amables con él- dije indiferente
-¡¿Qué?! – Alzo la voz la del abanico -¡Sigues dándonos órdenes, como te atreves!
Capturo la atención de todo el salón, me puse nerviosa, parecía una bestia. No sabía qué hacer.
-¿Sucede algo?- la voz del emperador sonó detrás de mí. Voltee involuntariamente, se veía enojado.
-Su majestad, esta chica es muy grosera. Vino a decir mentiras sobre nosotras- dijo la mujer del abanico, sus ojos estaban inundados en lágrimas y fue rápidamente a los brazos del emperador, el cual no le correspondió. –Ella nos insultó y dijo que yo era una hipócrita-
El emperador separo a esa mujer de su lado y me miro, pude notar que esta embozaba una sonrisa maliciosa. Lo único que podía hacer era mirar al emperador y convencerlo con mi expresión.
-Emperador Ángelos, ¿sucede algo?- apareció un hombre bien vestido, era un noble.
-La próxima vez que venga aquí no traiga a su esposa, Conde Willie- dijo el emperador con la mirada fría.
Así que ella era la mujerzuela de la que hablamos la otra vez
-¿Qué? ¿Por qué su majestad?- dijo la esposa. Pero fue ignorada
-Les pido que se retiren ahora, ya no quiero ver más a esta mujer- dijo el emperador lanzándole a la mujer una mirada aterradora.
-Si su majestad, nos retiramos ahora- dijo el Conde Willie, haciendo una reverencia de despedida
-¡¿No va a hacer nada?!- grito de nuevo la mujer – ¡Esa concubina me faltó al respeto! –la mujer me alzo la mano con la intención de golpearme
El emperador tomo su mano rápidamente.
-Nadie toca a mis concubinas. El que viole esa ley será decapitado- amenazo a la mujer –Sáquenla de aquí-
Unos guardias salieron por detrás del emperador y escoltaron a la mujer hacia la puerta, seguido de eso, el emperador me ordeno salir del salón y esperar en el pasillo del patio. Acate órdenes.
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La concubina del demonio de ojos azules
RomanceUna hermosa concubina es capaz de robarle el corazón al demonio de ojos azules