7》Me gusta estar contigo.

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Astartea Hunt

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Astartea Hunt.

No sé si mi decisión de mantener a Gabriel cerca sea la correcta. Pero me hace sentir bien, me hace olvidar lo que soy y me siento importante en su vida.

Han pasado varios días desde el viernes de su pelea, y que volvimos a tener contacto. Recuerdo que Azarel y yo veíamos a la multitud de personas, y de pronto solo veía a Gabriel pelear, nunca antes lo había visto pelear, le rogué un poco a Azarel para que detuviera la pelea. No queríamos un escándalo más cómo el que hubo en mi cumpleaños.

Ya tenemos suficientes escándalos en éste lugar. Y a pesar de qué es de nosotros, al trío Hunt nos interesa mucho mantener una buena imagen. Pues desde que decidimos abrir nuestro bar, ha tenido mucho éxito y no queremos que deje de ser el bar de las bebidas sin resacas. A que pasé a ser el bar de las peleas dramáticas.

Hoy era jueves por la tarde, salí a correr un poco para despejar mi mente, quería respirar profundo. Aparte que hacer ejercicio era parte de mi rutina diaria, me encantaba la manera en que sentía una liberación de estrés.

La música en mis oídos resonaba increíble y me relajaba gracias a mis auriculares, pero de un momento a otro la música desapareció y sentí un gran impacto. Sentí que me atraparon por la cintura, un par de manos o quizás más se aferraron a mí con fuerza y determinación adentrándome a un callejón, oscuro y apestoso. Me cubrieron la boca y me estamparon contra la pared.

Está tocándome.

Eran dos hombres y los veía perfectamente, uno rubio de ojos azules increíble mente parecidos a los de Ariel, y el otro los tenía de color verde, su cabello era de un negro azabache y en extremo rizado, su tez canela se veía y un tatuaje en su brazo derecho, una cruz. Uno de ellos, el de ojos verdes me estaba tocando cada parte de mi de manera tan desagradable que me llenaba las venas de rabia, mientras el otro de ojos azules me mantenía en silencio y la vez que tomaba mi celular y mi dinero, la rabia se apoderó de mí. Y no me importa lo que vaya a hacer, golpeo al de ojos azules que me sostiene por detrás contra la pared y el otro jala el elástico de mi maya deportiva, dispuesto a adentrar su mano en mi intimidad, y de pronto ya no soy yo.

Ya no soy lo que he fingido ser.

Ya no tengo autocontrol.

Le doy con mi cabeza al que me sostiene por detrás y éste me suelta, mis mejillas están empapadas, saco de mi sudadera la pequeña navaja que me regaló Ariel, y al que tengo justo enfrente se la incrusto justo en la yugular. Éste me mira sorprendido y sus ojos verdosos parecen salir de órbita asombrado, se lleva las manos a la herida sangrante, el otro me mira asustado, y claro, no pueden quedar testigos. Igual lo mato.

Dos cuerpos más, dos cuerpos menos. Da igual. Pero no estoy llorando por eso, no siento culpa, todo lo contrario.

Vuelvo a mi edificio con las manos llenas de sangre y lo primero que veo es a los mellizos fumando en paz. Pero en cuanto me ven corren a mí con el semblante preocupado. Estoy llorando y no puedo controlar mi rabia.

ASTARTEA. [1]✔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora