El inicio

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Desarrollo y crecimiento personal ¿Qué se supone que era esa mierda? Está  bien, por un lado Sherlock sabía que los jóvenes normales necesitaban impulso de los mayores al momento de planear sus futuros, pero esto era ridículo.

-Las mujeres obviamente deben estar preparadas para buscar un marido al salir de la escuela- Escuchó como el profesor hablaba sin prestarle mayor atención a los alumnos, había llegado 30 minutos tarde, bebiendo café y comiendo un sándwich- Por otro lado, los varones deben estar preparados para encontrar un trabajo y mantener a sus familias- Intentó no atravesar con la mirada al zángano que tenía en frente, era una estupidez, personas como ese idiota lo hacían pensar en dejar la maldita escuela.

Obviamente graduarse era un simple capricho, su hermano mayor se había graduado con honores, el debía hacerlo aún mejor, pero ya no soportaba más, cada profesor mas incompetente que el anterior ¿Acaso se graduaban de una universidad de idiotas e iban a parar justamente a esa escuela? No lo sabía y no le interesaba, sentía que gastaba su precioso tiempo asistiendo al establecimiento.

-Ya no lo soporto- Soltó un dramático suspiro cuando el profesor comenzó a roncar en su escritorio.

Fue en ese momento en en que tomó una decisión, no asistiría a la escuela, era su último año, podía perfectamente estudiar por su cuenta, aprender cosas que realmente valgan la pena en vez de meter a su cabeza la basura que le enseñaban a los demás. Podría simplemente asistir a los exámenes, después de todo sus calificaciones eran excelentes sin siquiera prestar mucha atención, las respuestas eran obvias, dudaba de la efectividad de los exámenes de selección múltiple, siempre era fácil deducir la respuesta.

Por la tarde de camino a su casa no pudo evitar pensar como sería haber ido a una mejor escuela, una prestigiosa, o al menos que tuviera un profesor menos mediocre que los que tenía, sospechaba que ninguno de los hombres que trabajaban en el establecimiento había querido ejercer esa profesión, por que sí, todos eran hombres. Sherlock vivía en un pueblo bastante pequeño, muy anticuado a decir verdad, en el cual se odiaba a todo el que fuese diferente, como el... Su familia se había mudado a ese lugar poco después de que Sherlock cumpliera 4 años, su padre había crecido en ese horroroso pueblo, ahí fue donde conoció a su madre, quien iba de vacaciones al lugar, cuando ella le hizo saber a través de cartas que no podría volver el verano siguiente el hombre decidió seguirla a donde fuera. El señor Holmes era un hombre cursi, Sherlock no entendía a su padre y le parecía completamente irracional lo que el llamaba "amor verdadero". En fin, llegaron al pueblo debido a que la salud de su abuela paterna se había deteriorado considerablemente, al principio fue divertido para el relacionarse con la anciana, de algún modo estar rodeada de familia la hacía tener leves mejoras.
*Flashback*
-Abuela! ¿Quieres jugar a los piratas conmigo?- Habló con emoción un pequeño Sherlock de 4 años
-Oh claro Sherman- Contestó la anciana postrada
-Soy Sherlock
-Da igual ¿quieres jugar o no?- El pequeño la miró con los ojos entrecerrados
-¿Cómo jugaremos si no te puedes levantar?
-Seré la sirena que se come a los piratas, los atraigo con mi canto, no necesito moverme
-No pareces una sirena
-¿Haz visto una sirena alguna vez?
-No
-Entonces no digas tonterías, niño
-¿Vas a comerme a mi o a otro pirata?
-Bueno si me traes una galleta podría comerme a tu archienemigo- El niño corrió a la cocina en busca de las preciadas galletas de su abuela, las cuales estaban junto a su hermano mayor.
-La abuela quiere galletas, no te las comas- Dijo el pequeño tomando una, la más grande, luego sacó otra bajo la atenta mirada de su hermano, quizá si le llevaba dos galletas podría hacer que se comiera a otro de sus enemigos más adelante. De inmediato corrió hacia la habitación de la anciana para entregarle las galletas.
-Ya tienes tu parte sirena, ahora quiero que devores a mi archienemigo
-Bien, deja llamarlo con mi dulce canto- La anciana tomó aire y gritó "Kristoff!!!" A lo que Sherlock levantó una ceja dudoso. Se sintieron unos pasos rápidos hasta que su hermano mayor entró en la habitación
-Soy Mycroft, abuela- la miró el mayor con el ceño levemente fruncido
-Si, eso ¿por qué no vienes querido? Acércate a tu abuela- Sherlock miraba fascinado ¿realmente la abuela se iba a comer a Mycroft?
-Mamá, hora de tus medicamentos- se escuchó la voz del señor Holmes- Niños, la abuela necesita descansar- El más pequeño frunció el ceño y salió sin decir nada, seguido por el mayor.
-Ya verás, la abuela algún día te comerá y yo estaré ahí para verlo todo- dijo el pequeño antes de cerrar la puerta de su habitación, dejando a un muy confundido Mycroft en el pasillo.
*Fin del Flashback*

La abuela no vivió mucho tiempo después de que ellos llegaron, vio a su padre destrozado llorar su partida, aún lo hacía cada vez que era el aniversario de su muerte. El hombre tenía un gran apego con la abuela, es por eso que su madre decidió que vivirían ahí después de la partida de la anciana, así su padre se sentiría como en casa. Lo cual para Sherlock fue el infierno, sobretodo al entrar a la escuela y encontrarse con los idiotas que vulgarmente eran llamados "Brabucones", seres humanos detestables que atacaban todo lo que se veía, pensaba o actuaba diferente a lo que ellos creían correcto, nadie se salvaba (Ni Mycroft) mucho menos el que no podía mantener la boca cerrada, al menos hasta antes de entrar a secundaria, debido a que tuvo que adaptarse para sobrevivir.

Muchos años pasaron, casi 10 años desde la muerte de la abuela, y los Holmes aún no abandonaban ese pueblo, al menos 3 de ellos, Mycroft fue a estudiar a Londres luego de graduarse de la escuela, Sherlock sabía que su hermano no aguantaría ni un segundo más en ese lugar. Luego de la partida del mayor los padres de Sherlock decidieron centrarse más en su relación, al no tener hijos pequeños dependientes de ellos, pues su hijo menor era muy independiente, muchas veces parecía que no estuviera ahí, si no fuese por las melodías que el joven tocaba por las tardes sus padres no se darían cuenta de su presencia. Esto al adolescente no le molestaba en absoluto, amaba su espacio y la Soledad para poder pensar con claridad, no era como esos niños bobos que buscan atención de todo el mundo. Aunque a veces su madre metía sus narices en cosas que no le deberían importar, Sherlock sospechaba que sorprenderlo en algunas cosas que intentaba ocultar era su pasatiempo favorito.

Iba caminando por el "centro" del pueblo, debía pasar por ese lugar de camino a casa, uno de los lugares más ajetreados.

-Lo siento!- Sherlock sintió un golpe en su hombro, un chico pasó corriendo junto a él- Voy tarde! Primer día!- Sonrió  el chico girándose un poco mientras seguía corriendo entre la multitud. Estaba cabreado, lo siguió con mirada acusadora hasta que lo vio entrar en la biblioteca del pueblo, una bastante pequeña, en la cual Sherlock no había entrado tantas veces. De inmediato una gran idea vino a su mente, ese podría ser el escondite perfecto.

Decidió averiguar más sobre el lugar al día siguiente, después de todo no iría a la escuela.

Incompetencia / Teenlock AUDonde viven las historias. Descúbrelo ahora