Q U I N C E (2 / 2)

4.9K 662 543
                                    

— Te voy a matar yo.

Samuel muerde su labio inferior porque es muy consciente de que esto no saldrá bien, tendría que ocurrir un milagro. Lo cual es imposible.

Continúa caminando hasta llegar al sótano, encontrándose con aquellos ojos que tanto había anhelado observar y siente sus manos temblar, esto no podía acabar así, así tan mal. Paul cierra la reja que tuvo que haber sacado y le entrega un revolver en las manos, manteniendo su ametralladora apuntando al cuerpo de Samuel pero se aleja un poco más con una sonrisa en los labios. 

— ¿Por qué no cumpliste con tu trabajo...? Lo tenías todo y lo dejaste, lo dejaste todo por un mocoso. ¿Crees qué no me enteré de que me intentaste matar? Casi lo logras. ¿Qué se siente haber fallado?

— No me mates... —Los ojos vidriosos de Rubén le parten el corazón, jamás tuvo que haberse involucrado sentimentalmente ni mucho menos de manera tan intensa.

— ¡Mátalo! Vamos, no debe ser tan difícil para un asesino.

— Yo no soy un asesino. —Se defiende, siendo consciente de que esa era una mentira.

— ¿No? Claro que sí, más de veinte personas han muerto por tú culpa. Eres el responsable de todas esas muertes... Una más, una menos.

— No puedo hacerlo, Paul.

— ¡Sí que puedes! Por favor, no estaré todo el día aquí.

— No puedo.

— Hazlo de una puta vez o te juro, que os mato a los dos, ¡ya!

— ¡No!

Samuel levanta el arma hacia el rostro del chico que tanto quería y suspira con profundidad, recibiendo como respuesta del menor un sollozo en silencio. Sus manos estaban atadas a la silla, sus ojos hinchados y su respiración entrecortada, tenía mucho miedo de lo que pudiera hacer el más alto pero por alguna razón, ya no podía comprender que su trabajo sea matarlo.

— Lo siento mucho, Rubén...

— No, no, Samuel. Por favor.

El mayor mueve su dedo con lentitud hacia el gatillo y muerde su labio inferior con fuerza, jamás se iba a perdonar esto.

"Soy una mierda..."

Sin embargo, un ruido lo hace salir de sus pensamientos y es que a sus espaldas estaba su mejor amigo con un revolver en la mano. Acababa de disparar a Paul en la cabeza.

— Lo único que quiero es veros felices.

— Frank... —Samuel estaba impactado, no sabía qué decir.

El mencionado deja caer el arma al suelo, observando los ojos de Samuel fijamente. Su respiración estaba irregular y sus manos temblaban, al igual que las ajenas.

— Joder... —Murmura Frank acercándose hasta el mayor para poder abrazarlo con fuerza, como si nunca antes lo hubiera hecho y es que simplemente, esto estaba siendo una carga mental para todos.

Oh, hermano, lo nuestro es más profundo
que la tinta bajo la piel en nuestros tatuajes.
No, no compartimos la misma sangre, 
eres mi hermano y te amo, esa es la verdad. (...)

— Gracias.

Samuel se separa del contrario para poder desatar a Rubén y muerde ligeramente su labio inferior al ver lo maltratadas que estaban sus muñecas, levantando suavemente sus mangas de la camiseta para comprobar de que efectivamente, se estaba autolesionando.

— ¡Quietos ahí! —Una voz los hace salir de su atmósfera de reciente tranquilidad y por instinto Samuel cubre al menor, apurando hacia ese hombre con la ametralladora de Paul.

— ¿Quién eres? —Cuestiona Frank con las manos levantadas, siendo consciente de que ya le había visto antes en el trabajo. Probablemente era alguno de los acompañantes del ya difunto hijo de puta.

— Pagaréis, todos...

— No, tío. Podemos hablarlo, joder.

— ¡Os mataré!

— No lo creo. —Y otra voz.

Un chico de baja estatura se abalanza sobre el cuerpo del desconocido e intenta ahorcarlo, rodeando su cuello con los brazos casi como si su vida dependiera de ello y el mayor voltea para dispararle en el pecho.

Samuel entonces apunta y dispara, dejando caer al suelo su cuerpo sin vida pero, no todo saldría tan bien. La "voz" pertenecía a Alex.

— ¡Alex! —Rubén comienza a llorar nuevamente, corriendo hasta el cuerpo de su amigo y lo abraza, intentando quitar su camiseta para poder ver cuánta era la profundidad de la bala. Ya era imposible, el disparo había sido tal que estaba cercano a su pulmón.

— Te estaré cuidando siempre... —Murmura débilmente el más bajo, agonizante antes de cerrar sus ojos para siempre, dejando a un destrozado Rubén.

— No, Alex. ¡Alex, no me dejes aquí! Por favor, no...

— Rubén él está-

Y si llegamos a aguas turbulentas, 
yo seré el que te mantenga abrigado y a salvo.
Y nos llevaremos el uno al otro
hasta que digamos adiós el día de nuestra muerte.

— ¡N-NO! No... —Su brazos rodean con mayor fuerza el cuerpo del menor, ensuciando su camiseta con aquel líquido color carmesí.— ¿Por qué estabas aquí? ¿¡Por qué!? Despierta.

— Doblas. —La voz de Samuel se hizo presente, acercándose a pasos lentos hacia el contrario para rodear su cuerpo por la cintura y levantarlo con fuerza, impidiéndole resistirse.— Ya no está aquí más.

Rubius voltea para encontrarse con los ojos ajenos y abraza su cuerpo, rodeando su cuello con los brazos.

Por otro lado, Frank se encontraba con los ojos vidriosos observando la escena. Hace un par de días había comenzado a salir con Alex y sinceramente, hacia mucho tiempo no se sentía tan bien junto a alguien pero ahora... Ahora todo era parte de un bonito recuerdo que no olvidaría nunca. Y lo entendía porque así era la vida, a veces lo tienes todo y luego no tienes nada, a veces estás en lo más alto y luego bajo tierra. Pero su corazón dolía, no comprendía por qué había llegado hasta allí, ¿él ya sabía sobre todo esto?

Se acerca hasta el cuerpo sin vida y toma su mano, sin poder evitar soltar una lágrima.

— Te quiero, Alex.

R E H É N • ʀᴜʙᴇɢᴇᴛᴛᴀ ᴀᴜDonde viven las historias. Descúbrelo ahora