62 - RAYO DE ESPERANZA

93 14 14
                                    

Drogo

Estoy empezando a ponerme nervioso. Estoy aquí, en esta celda, con mis dos hijos asustados y el clon de la tercera que me observa de manera muy extraña. Para colmo, si vuelvo la cara hacia afuera me encuentro con las lascivas miradas de Alicia, quien no deja de juguetear con mi espada. ¿Se puede estar en una situación peor?

De repente siento una especie de calor en el bolsillo y echo la mano a éste tocando el espejo. ¿Será que tengo un mensaje de Fiona?

Con mucho cuidado, lo saco y lo coloco en un lugar donde sé seguro que ni el clon ni Alicia lo podrán notar. Enseguida me encuentro con ese rostro tan parecido al de mi madre.

¿Algún problema, Fiona? —pregunto nervioso al ver la expresión preocupada de su cara.

Demasiados. Nada está saliendo bien —responde —. No he podido revivir a los demás y, para colmo, cuando he llegado a la mansión me he encontrado con que se habían llevado a Ángela y el libro de las sombras.

Frunzo el ceño molesto. Según lo que me está contando Fiona, da la impresión de que nos han tendido una trampa y nosotros hemos caído como auténticos pardillos.

Me gustaría ayudarte —le indico —, pero nos han pillado.

¿Qué ha pasado? —pregunta asombrada.

No lo sé. Lo único que puedo decirte es que Hades nos esperaba. Tu madre se ha quedado en el salón peleando con tu abuela y nosotros estamos en una oscura celda con tu clon. Fiona, ¿puedes crear un portal para ayudarnos a salir de aquí?

Ella niega con la cabeza y yo empiezo a sentirme frustrado.

Eso es lo que busca Hades —me explica —. Quiere que abra un portal para atraparme, pero no me pienso dejar. Aún así, no deberías preocuparte. Voy a acudir en vuestra ayuda.

¿Y cómo lo piensas hacer si no puedes abrir el portal?

En su rostro se dibuja una orgullosa sonrisa que me recuerda demasiado a la de mi cosita. Eso me da un rayo de esperanza. Si es la mitad de inteligente que su madre o que la mía, seguro que es capaz de conseguir todo lo que se proponga.

Pásale el espejo al clon.

Le miro asombrado. ¿Cómo ha podido ocurrírsele algo así? Ni siquiera yo, que ya he usado el espejo para realizar un intercambio, había pensado en esa opción.

Ahora tengo que pasárselo sin que Alicia se de cuenta. Creo que se me ocurre una idea.

Me levanto y, estirando mis brazos, comienzo a pasear por la celda bajo la atenta mirada de mis intrigados hijos. Poco a poco me voy acercando al clon que, casualmente, está sentado junto a la reja.

—¿Qué haces, Drogo? ¿Acaso has decidido rendirte y sucumbir a mis encantos?

Dedico una mirada de asco a Alicia. Cuanto más le conozco, más me repele. ¿Cómo pude ser capaz de considerarle mi amiga?

—Ya te gustaría a ti —respondo socarrón —. Tan sólo me estoy estirando un poco. Llevamos mucho rato sentados ahí, ¿sabes?

—Si lo que quieres es hacer ejercicio —contesta acercándose a la reja —, yo te puedo ayudar a sudar y mucho.

Acaricia mi pecho con el dedo mientras me lanza una mirada llena de deseo. Yo tengo que contener una náusea, pero aprovecho que está tan concentrada en mí para dejar caer el espejo sobre el regazo del clon. Por suerte, cae boca arriba.

—Contigo no sudaría ni en una sauna —le indico orgulloso mientras quito su dedo de mí con un brusco gesto —. Deja ya de soñar, Alicia. Jamás me tendrás.

DC XII:LA REINA DEL MUNDO √Donde viven las historias. Descúbrelo ahora