XXII

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La vista de la ciudad desde la ventana polarizada de la camioneta es lo único que le brinda un mediano consuelo. A Jin siempre le ha gustado Seúl, al menos desde que recuerda. De niño soñaba con vivir en la capital, rodeado de la vida sin descanso en la gran urbe, llena de luces y grandes edificaciones. 

Podría ser un buen momento para bajarse del auto y tomar un caminata. El chico no recuerda cuando fue la última vez que hizo algo como eso: un recorrido por las calles de Seúl sin afán alguno, en total tranquilidad.

Sin embargo, ahora no posee la autoridad para indicarle al chofer que se detenga. Junghyun tampoco lo permitiría, jamás ha sido un chico de ese tipo de planes. "Demasiado corriente", diría el alfa.

—¿Jungkook ha estado molestándote? —pregunta el chico. 

Su mano se desliza por la comodidad del asiento trasero, para posarse sobre la mano más fría del omega. El castaño quiere decirle que la muestra de afecto no es necesaria, pero no hace nada por apartar el toque de su cuerpo. La pregunta lo toma con la guardia baja, porque Jin no desea ser sincero con el otro, menos cuando su honestidad podría acarrearle problemas más grandes de los que ya tiene. 

—No —miente, evitando a toda costa verlo a los ojos—, no lo ha hecho.

El silencio de ambos, acompañado de la suave canción que suena en los parlantes del auto, lo hace sentir mucho más incómodo.

—No tienes que mentir, Jin —murmura. Su voz es tranquila, pero le aterra. La calma que emana no es completamente genuina y el chico lo sabe—. Conozco perfectamente a mi hermano y sé que ha estado hostigándote.

Encuentra irónica la queja. Sobre todo, cuando ambos hermanos no han hecho más que arruinar su vida en el último tiempo. Tal vez siempre lo hicieron.

—No quiero problemas, Junghyun —dice cortante. No le importa sonar grosero, en lo absoluto. Ellos están a punto de llegar a su apartamento, Jin ha cumplido con su parte y ahora es momento de que lo deje en paz por un tiempo. Ojalá por un muy buen tiempo—. Es mejor que no le digas algo al respecto. Sabes que no se detendrá.

—Lo sé —responde cariñosamente. Jin siente al alfa tomar su mano para llevarla hasta sus labios y depositar un beso que le resulta inapropiado y repulsivo. De nuevo no dice o hace algo por ello—, pero no te preocupes. Si las cosas salen bien, dentro de poco no tendremos que preocuparnos por él.

No le tranquiliza en lo absoluto la promesa que encierran sus palabras. Jin siente su corazón latir fuerte contra su corazón. Por suerte, el auto se detiene y el chico se da cuenta de que están frente al edificio de su apartamento.

—Tengo que irme —dice en un intento por zafarse del otro. Ellos han estado juntos por casi tres horas y necesita con urgencia respirar, estar a solas—. Tengo un montón de deberes pendientes.

El alfa asiente, mientras las luces internas de la camioneta se encienden para hacer más nítidos sus rasgos faciales. No parece molesto con la mención de su despedida, pero tampoco luce del todo feliz.

—Tengo algo para ti —interviene con una sonrisa, antes de sacar del bolsillo de su abrigo una pequeña caja. El corazón de Jin parece detenerse por un minuto largo, pero cuando el alfa revela su contenido, retoma sus latidos. Adentro hay una delgada gargantilla brillante con un pequeño dije de una piedra preciosa que el omega ignora y no tiene intenciones de detallar—. Date la vuelta para que pueda colocártela.

Jin simplemente acata la petición para girarse sobre el asiento y darle la espalda al otro rápidamente. Quiere irse ya. No puede esperar para estar en su apartamento, darse un baño y quitarse el olor del tomillo de encima. 

El amor es el silencio más fino - Namjin (omegaverse)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora