*ESTA HISTORIA CONTIENE ERRORES ORTOGRÁFICOS, ESTOY TRABAJANDO DE ELLOS*
Astartea Hunt es misterio puro. Asesina sin remordimientos, con secretos oscuros y un pasado traumatico.
Gabriel West. Un simpático y muy dulce, universitario de derecho, pero...
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Gabriel West.
¿Qué?, ¿tengo alucinaciones ahora?, ¿en serio estoy viendo a dos Astarteas?, me podría esperar de todo, menos esto.
No puedo moverme, solo me he dejado llevar por el sonido de su voz, profundo, siniestro y sarcástico. Maldad, inocencia y desprecio. Y no puedo quitarle los ojos de encima, es idéntica a Astartea, totalmente iguales.
Siempre me pareció que un mellizo era lo mismo a un gemelo, pero es una total mentira, los mellizos pueden ser totalmente distintos o muy similares, como en el caso de Ariel y Azarel, pero en el caso de mi novia, tiene una hermana, una hermana que es jodidamente igual a ella.
No mellizas, no similares.
Gemelas, idénticas.
Quiero buscar alguna diferencia entre ellas, pero la realidad es que no la hay, o quizás sí. La intensidad de las miradas, Astartea observa, seria, de una manera monótona que la hace lucir como si siempre estuviera de mal humor, pero casi siempre está calculando todo, observa con audacia, seducción e inteligencia.
Pero en cambio, Andrea, posee una mirada vacía, carente de sentimientos y con un cierto toque siniestro que te pone de nervios, insensibilidad es lo que alberga esa mirada marrón.
Su carcajada tan familiar a la burlona de Ariel hizo eco, sentí como un escalofrío recorrió mi cuerpo—. ¿Qué? —soltó con una sonrisa petulante—, ¿les comió la lengua el ratón? —inquirió Andrea con diversión mientras se cruzaba de brazos.
—¿Qué carajo haces aquí? —le respondió Tea entre dientes—. No puedes aparecerte, así como así por aquí —reprendió.
Pero su hermana hizo una mueca de desdén y torció los ojos—. Uh —hizo un puchero—. ¿Arruino tu estadía en Liars Town?
Me siento desubicado. ¿De dónde salió ella? No puedo dejar de mirarlas, son idénticas. Justo ahora, soy un signo de interrogación, mis ojos no dejan de viajar de un rostro a otro, deseando saberlo todo.
—Puta madre, Andrea —exclamó Ariel frustrado y llegando a nosotros a toda prisa—. Le dije que viniera después —emitió dirigiéndose a Astartea—, pero el gran bocón de Noah mencionó que el angelito estaba aquí y tu querida hermanita, se escapó.
Andrea lo miró, con una diversión tan similar a la de él, era una Hunt, una Hunt al completo y sin errores, una retorcida y lunática—. Admite que te divirtió seguirme —emitió Andrea y se acercó a él quedando a centímetros de su cara, Ariel rodó los ojos, pero no puedo reprimir su sonrisa burlona—. A mí sí me puedes tocar Ariel.
Ariel se carcajeó como si me hubiera contado un buen chiste—. Estás enfermamente retorcida, Dea.
¿Dea?, ¿Tea? Joder que confundido me siento.
Ella se carcajeó—. Igual que tú —le respondió dando un paso atrás—. Bueno, los dejo —se acercó a Tea y a mí—. Creo que tienes mucho que contarle al angelito, hermanita —pronunció con diversión. Aproximó su mano a mi cara, pero Tea rodeó su muñeca con su mano.