Era una fría y oscura noche de invierno, ni siquiera había luz de luna, en el castillo apenas se escuchaban los pasos de los sirvientes y el crepitar del fuego en las chimeneas. Nadie se atrevía a emitir sonido, y la sensación de un mal presentimiento pesaba sobre todos los habitantes del castillo, todos evitaban acercarse a la alcoba principal donde yacía languideciente la mujer del barón.
-¿Cuánto más cree que aguante?- preguntó el noble en tono frío y bajo, mirando a su esposa de reojo para luego posar sus ojos en el sacerdote, su esposa estaba acostada en su cama, pálida como un papel, sólo parecía la sombra de aquella mujer fuerte que solía intimidar a todos.
-Lo siento, no creo que pase de esta noche- murmuró el sacerdote mientras negaba con la cabeza, tenía la mirada fija en un punto cercano al suelo y en su voz no había ni un pequeño asomo de esperanza- Realmente nunca ví una enfermedad como esta, es extraño, no sé me ocurre que hacer por ella más que rezar por su alma, de verdad lo lamento.
El párroco estaba preocupado, si una mujer fuerte y sana como ella moría tan pronto ¿Qué le quedaba a los ancianos y a los débiles de la aldea? Le preocupaba que la enfermedad se esparciera y lentamente, poco a poco, todo Petra sucumbiera ante ella.
-Lo siento, debo irme- dijo y comenzó a moverse fuera del castillo, tenía otras visitas programadas desde la mañana.
A pesar de haber llevado a su caballo, se decidió por caminar, un poco de aire fresco lo ayudaría a pensar y necesitaba darle un poco de descanso a su mente atribulada.
Recorrió el camino empedrado hasta la casa de Gian, se acercó y tocó la puerta de madera oscura, realmente no se escuchaba mucho ruido por dentro y eso no parecía ser una buena señal.
Escuchó unos pasos y luego el rechinar de la puerta, vió que se asomó Domenica. Aquella, no era más una pequeña niña, sino una joven de casi dieciseís años, a pesar del título de su padre ella aún no estaba comprometida, no era una muchacha realmente atractiva y se encargaba de aburrir a sus pocos pretendientes.
El rostro de la chica se veía triste, tenía ojeras profundas y se notaba el rastro del llanto en su cara.
-Llegó tarde- murmuró ella y se secó las lágrimas- Ella ya murió
-Que el señor la tenga en su gloria- dijo el hombre e inclinó la cabeza para luego persignarse- Deben apresurarse para enterrarla, quemen sus cosas, realmente no sé que tan contagiosa sea esta enfermedad, pero es peligrosa, deben cuidarse.
-¿Eso es todo lo que va a decir?- preguntó mirándolo sin ánimos- Que tenga buenas noches- murmuró y cerró la puerta para luego arrastrar los pies a su cuarto, su criada había fallecido y estaba realmente triste, ella le había hecho compañía desde que Emilio y Lazzaro se habían ido.
Apenas pudo dormir esa noche, a la mañana siguiente se levantó y ayudó con los preparativos del entierro.
La ceremonia fué deprimente, su hermano se le acercó y le susurró.
-La esposa del Barón también ha muerto- le susurró tomando su brazo mientras miraba a los hombres cubrir con tierra el ataúd de la mujer.
-Es por eso que nadie vino a despedirse de ella- dijo con lágrimas en los ojos y se frotó un ojo- Todos fueron al entierro de aquella bruja vieja.
Ambos se quedaron en silencio mientras los sepultureros echaban tierra sobre el cajón, se quedaron horas allí, hasta que toda la ceremonia hubo acabado e incluso un par de horas mas allí.
-Nica, vamos- dijo su hermano tomando su brazo y tirando levemente de ella- Vamos a casa, hace mucho frío, no quiero que te enfermes.
-Es-está bien- sorbió su nariz y comenzó a caminar apoyándose en su hombro mientras iban hacia los caballos.
Al llegar a su casa, fué al cuarto y se acostó mirando al techo, recordó el momento en que habían traído a la chica a su casa. y Recordó a Emilio.
Todavía lo extrañaba, a veces recordaba cuando jugaban juntos por el campo y se divertían, realmente echaba de menos esos tiempos.
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Acarició el vientre redondo de Francesca y cubrió a ambos con las sábanas antes de darle un beso en la mejilla y acostarse mirando al techo.
-Me pregunto- dijo y rió suavemente- ¿Quién será el verdadero padre de ese niño?- Acarició suavemente su vientre mientras la miraba- ¿Seré yo? ¿Será tu esposo?
-¿Ese viejo?- preguntó y soltó una carcajada burlesca- Lo dudo bastante, pero como sea, este bebé va a ser el heredero de la corona y no de tus botas viejas- sonrió un poco y se acomodó en la cama mientras miraba en dirección de la puerta- Creo que deberías irte, es peligroso que los criados te vean aquí.
Lazzaro asintió con la cabeza y soltó un pequeño suspiro mientras se ponía erguía un poco
-Creo que tienes razón- murmuró y se destapó para luego ponerse de pié y comenzar a vestirse- Ya nos veremos luego
Le sonrió y se acercó a besar sus labios antes de irse rápidamente de la alcoba, y finalmente de la residencia.
Anduvo a caballo hasta llegar al lugar en el que vivía junto con Emilio después de que los habían desterrado de Petra, al llegar, descubrió que aquel seguía despierto, algo realmente sorprendente.
-¿Dónde estabas?- preguntó Emilio al verlo mientras sostenía un papel en sus manos y lo miraba con sospecha.
-No es algo relevante en realidad- contestó Lazzaro mientras se encogía de hombros y dejaba el abrigo en un clavo en la pared- ¿Se puede saber que haces depierto a estas horas?
-Llegó el mensajero- contestó y le enseñó el papel- Es una carta del padre Pablo, de Petra- sonrió y se puso de pié-La esposa del Barón falleció hace algunas semanas, parece que hay una extraña enfermedad en la aldea, es nuestra oportunidad de visitar Petra, tu podrías ver al Padre Pablo y yo quiero visitar la casa de Gian
-Pues entonces ve a dormir- dijo con una sonrisa- Ya mañana comenzaremos el viaje para ir a casa
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Los Bastardos del Señor de Petra
Fiction HistoriqueSólo eran niños. Sin tener ninguna culpa, fueron obligados a crecer respirando la basura de la sociedad feudal en que vivían. Pero así como los árboles mas fuertes son los que han soportado mas tormentas, ellos creceran y harán que el mundo sepa qu...