Incluso si su instinto le mandaba a huir de ese alfa carnívoro, él obedecía ciegamente a esa vocecilla que le susurraba que él era por quien estaba esperando.
Yuri Katsuki es un omega de la especie de los herbívoros. Despreciado incluso entre su mi...
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— ¿A dónde crees que vas? —reclamó Otabek en el momento en el que me levanté y pose una mano sobre la palanca de la puerta.
— ¿No dijiste haber sentido a Viktor? ¡Seguro vino a buscarme! ¡Debo ir por él y evitar que se encuentre con JJ!
— ¿Y puedo saber qué piensas hacer en caso de que un cazador te encuentre?
Me detuve. La imagen del rostro deformado y ansioso del cazador que acabábamos de enfrentar invadió mi mente y sentidos. Hasta ahora, no había enfrentado a un cazador solo, y de no ser por Viktor u Otabek, ya no estaría aquí.
Mi mano empezó a temblar.
—Debo... buscar algún modo de encontrar a Viktor.
— ¿Cuánto tiempo lleva sin probar carne?
—Me dijo que había cambiado su dieta hace mucho y...
—Entonces no tiene posibilidad alguna contra JJ, ni tu tampoco, Viktor viene de los Lobos, podría liarse con más de treinta cazadores tipo A, doce tipo B y cinco tipo C, pero los tipo D como JJ casi igualan su fuerza . Considerando que ha modificado su dieta, no podría más que huir y con suerte enfrentar hasta dos tipo A en caso de necesitarlo. Si decides salir a buscarlo, solo representaran un estorbo el uno para el otro.
—Pero... ¿Y si acaso probo algo de carne al venir?
La mirada de Otabek se tornó incluso más oscura de lo normal, tensando el ambiente por completo y llenándome de más incertidumbre.
—Los Lobos y los cazadores tipo D son capaces de devastar naciones enteras cuando se rinden a sus impulsos. Si Viktor llegara a probar carne o sangre y desencadenara su instinto luego de todo este tiempo... realmente la pasaríamos muy mal.
Con dificultad, Yuri se levantó.
—Escucha, cerdo. En el momento en el que Viktor recupere su dieta, puedes estar seguro de que lo perdiste. "Eso" que despierta con la sangre, no es la misma persona que conocías. Un herbívoro jamás entenderá ese instinto propio de mi especie. —Llevó su mano hacia sus labios, presionando el dedo pulgar contra ello, Otabek se apresuró a sujetarle—. Ahora mismo, estoy conteniéndome para no destrozarte.
—Yuri, calma—su pareja pasó su mano por los cabellos rubios del chico, calmándole poco a poco—, tranquilo.
Otabek sabía como lidiar con él y se debía a que los carnívoros eran terriblemente impulsivos, en contraposición a los herbívoros que poseíamos una paciencia casi infinita. Entendí que su agresividad era un reflejo de supervivencia y que este se agudizaba cuando estaban nerviosos.
Me preguntaba si Viktor encontraba en mí la calma que Otabek le brindaba a Yuri, o acaso yo era para él solo una presa más. Tan sumido estaba en mis pensamientos que apenas escuché el resonar metálico de una lata fuera de la enfermería y los pasos cansados de alguien. Ni Otabek ni el otro Yuri se mostraron sorprendidos.