Recuerdos de un sillón

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Recuerdo que era un día cualquiera. Paseaba por uno de los barrios de La Habana. Me dediqué a observar.

Entre todo, una casa cualquiera. En el portal, un sillón. La pieza abría sus brazos de madera tallada para abrazar a un joven. Envuelto en una nebulosa de quién sabe qué pensamientos, el chico tajaba el viento con sus manos, de forma violenta, luego dulcemente, en frenético contraste. Rasgos de niño y hombre fundidos. Hablaba consigo mismo mientras piloteaba su nave.

En los días siguientes, continué observando mientras pasaba y siempre estaba allí, unos días más inquieto que otros.

No regresé en mucho tiempo, hasta una tarde en la que el sillón descansaba en completa soledad. Un sentimiento desconocido me invadió y la imagen de lo que ya no era un sillón cualquiera rompió mi inercia.

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