Esquivel tomó su teléfono móvil y apretó la tecla de marcado rápido del número del profesor García.
- ¿Qué noticias me tiene? –Respondió el profesor desde la parte trasera de su auto-
- Pudimos identificar que la señal invasora provenía del mismo lugar de donde despegó el helicóptero que atacó nuestras oficinas anteriores, estuvieron a punto de localizarnos y tuvimos que inutilizar la computadora de Morales, pero antes de eso ya habíamos copiado su último reporte, se lo estoy enviando en este momento.
El profesor García abrió su computadora y leyó el reporte con todo detenimiento.
- Esto es algo desconcertante, ¿piensa usted que estén en peligro?
Esquivel respondió de inmediato, evidenciando que ya había analizado el asunto.
- Sí, pero no por quien les hayan quitado la línea de ascenso, si les hubieran querido hacer daño ya se lo hubieran hecho.
Me preocupan Los Perseguidores, porque ellos también tienen este reporte y si se les ocurre que están en peligro de ser capturados por alguien que no son ellos, pueden optar por capturarlos primero para forzarlos a revelarles todo lo que saben.
- ¿Qué sugiere que hagamos? – Preguntó el profesor.
- Enviar a nuestro personal a la sierra para protegerlos y ayudarlos en la búsqueda, y en caso de que se encuentre el tesoro, asegurarnos de que la señorita Ellis haga circular la noticia a nivel mundial.
- ¿Me está proponiendo que nos involucremos totalmente para apoyarlos?
Yo ya decidí dejar que las cosas fluyan, pero de eso a contribuir a que sucedan hay una importante diferencia.
¿Está consciente de que eso representa una modificación a la razón de ser de nuestra cofradía?
- Señor –Esquivel habló con firmeza militar-, usted decidió dejar fluir las cosas, y yo solo propongo que nos aseguremos de que fluyan en la dirección correcta.
Si su decisión es que nos apeguemos al objetivo original, solo necesito que me autorice eliminar a Anna Aldama, a Nancy Ellis, y a Guillermo Morales.
Con eso se cancelarán todas las amenazas a nuestro objetivo.
El profesor sintió un choque eléctrico que recorrió todo su cuerpo, él sabía que tenía el poder y medios para asesinar a cuantos se interpusieran en sus planes, pero tenía claro que no había sido puesto ahí para torcer a como diera lugar los designios del Universo.
Calló, cerró los ojos, los abrió y miró hacia el techo del auto, finalmente dijo con gravedad.
- General, gracias por hacer que me enfrentara a mis incongruencias, dejemos que el destino fluya, nada asegura que realmente encontrarán el tesoro, eso ni siquiera depende de ellos, pero debemos asegurarnos de que si lo hacen no sea objeto de saqueo.
El problema ahora es que acepten ser protegidos, porque es claro que no confían plenamente en nosotros.
- Por eso propongo que vaya Alberto.
Los dos lo conocen y eso facilitará que acepten nuestra ayuda.
- De acuerdo –concedió el profesor-, pero no debemos olvidar que la líder es Anna, y que si ella no lo aprueba no tendremos la colaboración ni de Morales ni de Ellis.
Pero de eso yo me encargo, prepárese para enviar a su personal mañana temprano, yo hablaré con Anna.
- Mi personal esta listo desde ahora, solo falta Mario que está con usted.
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EN EL CERRO DE CUATRO CARAS
Ficción históricaEn el siglo XVI, cuando los europeos invadieron la América Continental, encontraron sociedades perfectamente organizadas. En apariencia todos los vestigios de esas civilizaciones se esfumaron en cuanto fue conquistada la capital imperial México-T...