Parte 97

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-Ya me has oído, ¿Por qué mandaste a Joshua a la escuela?

-Yo no mande a Joshua a tu escuela. - Cruzas los brazos, no le crees ni un poco.

-Claro, ¿entonces quieres que crea que repentinamente él sabía la ubicación de la escuela a la que voy sin siquiera preguntarte a ti, y por cuenta propia decidió ir a verme? - Ella deja el vaso de agua sobre la mesa, su mirada es angustiosa.

-Él me pregunto dónde estudiabas...-Bufas. - Pero jamás pensé que iría a verte. -

-Aja y por eso me exigiste que me disculpara con él. – Los ojos de tu madre se incendian en ira, bien, ahí está, por fin demuestra de qué lado esta.

-¡Eso fue por que fuiste grosero con él!- ¿Qué tu fuiste grosero? No sabes si reír o gritar.

-¡Se lo merecia! ¡Yo no tengo porque ser amable con él!

-¡Si tienes que, es tu padre!- La ira que se mantenía burbujeando dentro de ti se desata.

-¡No porque se acueste contigo significa que sea mi padre!-

-¡Alfred!

-¡Ese imbécil no es mi padre!

-¡Claro! ¡Porque prefieres al puto de Frederick y su puta canadiense! ¡¿No?!

-¡No insultes a mi padre y su a esposa!

-¡¿Ves como lo prefieres a él?!-Las lágrimas en el rostro de tu madre te cortan el aliento.- Siempre prefieres pasarla en su casa que en la mía, siempre defiendes a tu padre, ni puedo hablar mal de la otra ... ¿y yo que, Alfred? ¿A caso merezco pasar toda mi vida sola solo porque tu querido padre me abandono? – Te desinflas, culpable, no sabías que ella se sentía así. Las ganas de gritar tus reclamos se evaporan tan rápido como aparecen.

-No es eso, madre- Ella esconde su rostro entre sus manos. Solloza.

-¿Entonces que es, Alfred? ¿Qué he hecho mal? - Te remueves incomodo en tu asiento. Nunca te ha gustado ver llorar a tu madre, y saber que tú eres la causa de esas lagrimas te genera asco de ti mismo.

-No prefiero a papá sobre de ti. - Dijes, con un tono moderado de voz. - Tampoco odio a Sophia, no me agrada ni me desagrada, me es indiferente, aunque a veces no nos soportamos, pero odiarla significaría odiar a mi hermano, y yo no quiero odiar a Matthew. Si pasaba más tiempo con ellos solo era para conocer a mi medio hermano, no porque quisiera a papá más que a ti. – Ella limpia sus lágrimas, pero no te mira. - No debí expresarme como lo hice, tú también mereces ser feliz.

-Y si lo sabes ¿Por qué eres tan malo con Joshua? - Volvían a ese punto, era obvio que ella estaría aferrada a que te disculparas con Joshua, cosa que tu obviamente no harías.

-Que lo sepa no significa que vaya a participar, no estas siendo justa conmigo, ni tu ni papá lo están siendo

-¿A qué te refieres?- Tomas aire, sientes tu cara acalorada, eres capaz de escuchar a tu corazón latiendo apresurado, estas tan nervioso que podrías vomitar. Cierras los ojos, intentando encontrar tu voz para hablar y expresar todas tus inquietudes. El recuerdo de los serenos ojos de Arthur te ayuda a calmarte.

-Ambos me están dejando a la deriva, tu estas con Joshua, formando una familia... y papá ya formo la suya con otra persona, me siento en una cuerda floja entre dos edificios, intentando acercarme a algún edificio en el que me dejen estar. Pero ninguno de ustedes me permite llegar a tierra firme, siento que en cualquier momento me dejaran caer.

-Oh, Alfred...-Sus ojos se empachan nuevamente, pero la cortas, decidido a sacar todo que lo has pensado.

-Cuando iniciaste a salir con Joshua no me preocupe, creí que no sería nada serio, pero luego me diste la noticia del bebé. – Frotas tu rostro con tus manos. - Y pensé que ya no me necesitabas más.... Si no fuera por Matthew no te habría visitado aquella vez, por eso le pedí que vinera conmigo. – Te inclinas, dejas descansar sus brazos en tus muslos y miras a tus manos, evitando en todo momento encontrarte con la mirada culpable de Claire.- Después de eso me aleje, necesitaba un tiempo lejos de ti, tenía que pensar, pero vino Joshua a molestarme. Si lo admito, no fui amable con él, pero él tampoco lo fue conmigo. Me llamo un "mocoso mimado", parloteo sobre lo egoísta que era y las "pataletas" que te hacia... ¿sabes? No me arrepiento de mis palabras, él se lo gano. Él no me conoce, no sabe quién soy, no tiene derecho a decirme nada. –

-Alfred, yo...

-Y luego tú me llamaste. - Tus ojos arden, llevas tus manos a tu rostro, y ahí inclinado, con tus codos apoyándose en tus muslos, y tus manos tapando tu rostro quebrado, expresas aquello que tanto te ha atormentado. - me dijiste que él era lo único que tenías. - un sollozo se escapa sin que lo puedas evitar. – Y yo supe- Tu voz tiembla. - Que ya no me querías. - No sabes cuando llego a tu lado, pero cuando menos lo esperas Claire ya te está envolviendo con sus brazos, llamando con el toque de tu madre, escondes el rostro en su hombro y te permites llorar.

-Oh mi cielo, oh mi querido. - Ella te arrulla, intentando calmarte, frota tu espalda como cuando intentaba calmarte después de una pesadilla en aquellos días en los que tu mayor preocupación era llegar a tiempo a casa para ver Spider man.- Perdóname, ni amor, no sabía que te sentías así, perdóname mi cielo, no fue mi intención lastimarte, perdóname mi amor que yo te amo con todo mi corazón.

-No es cierto. - Logras decir, en medio de las lágrimas, te alejas de ella, para mirarla de frente. - Tu ya tienes a tu nuevo hijo, y me dejaste claro que solo tienes a Joshua.- Tu madre acaricia con ternura tu rostro, con esa mirada cargada de amor que solo las madres tienen para sus hijos.-

-Cielo mío, no es por excusarme, pero tu madre está embarazada, y a veces lo que dice no es exactamente la verdad con lo que siente. - Ella se inclina para ver tu mejilla. - Es cierto que Joshua es lo único que tengo. - Tu sollozas. - Pero me refería como pareja, él es igual, tu eres mi bebé, y ni tu hermano va a poder quitarte ese lugar, mi cielo-

-Mamá. - Te dejas envolver en un nuevo abrazo, lleno de cariño y comprensión. 

La vida de adolescente de Arthur Kirkland. HetaliaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora