Sentimientos nunca demostrados

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Es curioso, estoy en la estación de tren, la misma en la que solía esperar a Antonio cuando llegaba de sus giras en Asia. Sentada, en donde solíamos estar, juntos, abrazados, riendo, jugando. Recuerdo y añoro aquellos días en los que me daba calor y ternura. Ahora que él se ha ido para siempre y sé perfectamente que nunca volverá, este lugar parece ser tranquilo, callado, seco y sin ningún rastro de alegría. 

Extraño a Antonio, lo admito. Desde aquel día en el que subió en aquel tren, y se fue, para siempre, junto a sus dos amigos Ryou y Kyu. Se subió sin despedirse, para llegar al reino. Aquel 9 de diciembre del año 2018 quedará grabado en mi mente, para siempre.

Desplomada, en aquel lugar donde pasé mis momentos más hermosos a lado de Antonio, me puse a pensar en, como sería si él siguiera vivo, acaso ¿Seguiríamos saliendo?. No lo sé.

Un ruido leve me hizo despertar de mis sueños inalcanzables, Lo admito, extraño mucho a Antonio. No he dejado de pensar en él este par de años.

Miré a mi lado izquierdo y me percaté de un muchacho quien, estaba escuchando música; tenía unos enormes audifonos morados, intrigante, calmado. Su piel blanca como la nieve, su cabello lacio y castaño, con un pequeño fleco de lado, nariz quebrada, delgado y alto. Vestía de una playera gris con estampado, unos Jeans pegados y tennis converse. También, tenía una gorra púrpura.

Por un instante, llamó mi atención, y después, no le tomé mucha importacia, era un chico cualquiera. Volteé hacia el frente, sentí como el aire que producía la llegada del tren, movía de izquiera a derecha, mi cabellera larga, negra y lacia.

El muchacho nuevo comenzó a cantar una canción, precisamente la del grupo de Antonio, la que tanto nos esforzamos para ponerle una coreografía, si, aquella canción de mis sueños "Promise You", la misma canción que me cantó Antonio cuando subió al tren y desgraciadamente, murió.

Mis sentidos se estremecieron, unas ganas tremendas de llorar inundaron mi cuerpo, mis mejillas se enrojecieron, mis ojos se cristalizaron y mi corazón se partía. Comencé a extrañarlo aún más. Recordé los momentos en los que bailabamos juntos, uniendo nuestros cuerpos, sintiéndonos, amándonos. Me levanté y aquel muchacho se percató de ello, tanto que se asustó y dejó caer accidentalmente su celular, zafándose los audífonos y dejándo a la canción salir, con la voz de Antonio, Ryou y Kyu en ella.

Cuando los escuché cantar, sonreí anémicamente y comencé a danzar, tal y como lo hacía en el salón de prácticas, junto a Antonio. Recordé su bella sonrisa, y las risas tanto de Kyu como de Ryou. Sus comentarios, sus alagos, nuestras diversiones. Cada vez que caían las lágrimas al suelo, lograba mover mis piernas, mis brazos y mi cuerpo, rítmicamente. Estaba bailando el Ballet, imaginando a Antonio haciéndolo junto a mí.

El muchacho se impactó, y quedó un instante pasmado, pero al ver, que esto era enserio, se levantó y comenzó a danzar junto a mí. Esto hizo que el espejismo y la imaginación, se fueran por un instante, sí, Antonio desapareció. Aquel chico también sabía bailar, sobre todo, Ballet.

Juntos, nos transportamos hacia un mundo distinto, donde, el baile era el cura para toda enfermedad, maldad, injusticia... Él se movía junto a mí y yo junto a él.

Sentí, como los colores del viento empezaron a cambiar de pálidos y tristes, a fuertes y alegres. Sentí una calidez, como si estuviese en casa. Él comenzó a sonreír, y yo, le devolví aquella linda sonrisa.

Terminamos la danza, con nuestros cuerpos juntos, él, con su mano derecha en mi cadera y con la izquierda extendida hacia la misma dirección, y yo, con la mano derecha en su hombro y con la otra, en su pecho, pero mi pierna izquierda estaba sobre su pierna flexionada derecha. Nos miramos intensamente y sonreímos.

-Me llamo Lawrance- dijo con un tono de voz suave y soñadora.

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⏰ Última actualización: Dec 26, 2014 ⏰

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