Sus achinados ojos esmeraldas me miraron con asombró. Antes de bajar la mirada al plato creando una especie de cortina con su cabello.
Reí, realmente era tierna—Bueno, deberías tomar un poco de tu chocolate al menos. Hace un frío de mil demonios y estoy segura que ese chaleco no abriga lo suficiente. — le dio un sorbo al chocolate, y elevó los hombros al aire
—Me gusta usarlo, fue un regalo de mi padre a los 16, antes de irse. ¿Deberías probar una de mis donas?— con una dona frente a mí, y muchas preguntas. Negué. Encogió sus hombros y volvió a dejarla en el platillo.
—¿Como te llamas?
—¿Como crees que me llamo?.
—Tengo entendido que no se debería contestar una pregunta, con otra — se encogió de hombros y chupo la yema de su dedo la cual había sido manchada por el ciro de fresa de su platillo.
—En ocasiones no estaría mal hacerlo, es incluso divertido.— Le dio un mordisco a su dona cuando de su boca brotó un suspiró lento y pesado, mientras cerraba sus ojos con fascinación, ante algo tan simple. Logró tensarme por completo.—No hagas eso.— Gruñi, sacando de mi mente cualquier pensamiento indebido.
—Lo lamento por ti, pero es que enserio es de mis favoritas de este local, pruébala y deleita tu paladar — nuevamente, la tendió hacia mí dirección con seguridad. La observe no muy seguro de tomarla.
¿Qué?, esa no era una de mis favoritas precisamente
Para algo estaban las primeras veces, suspiré y la tomé dándole una pequeña mordida, pude sentir como la explosión de sabores llegaba a mí. ¿Cómo es que nunca se me ocurrió pedirlas?. Eran exquisitas y en eso debía darle la razón.
Mentalmente, porque no lo iba a admitir, solo para molestarla un poco.
—¿No crees que empalaga? — frunció su ceño, arrugando su respingada nariz negó con su cabeza. Y me miró con desaprobación a lo que respondió con un ligero "Si, claro" sarcástico, rodando sus ojos.
—Supondría que dirías eso, es decir. ¿Que me podía esperar de alguien que toma capuchino?. — Junte las manos en mi pecho como si me hubiera golpeado.
—¿Sacas conclusiones sobre mí por elegir este tipo de café? — le di un sorbo a mi vaso para que el contenido un tanto caliente recorriera mi garganta, guiñe un ojo a su dirección y lami mi labio inferior, retirando las gotas de cefeina restantes de mis labios.
—Un balazo dolería menos. Además... ¿a que clase de persona no le gusta el capuchino?— concluí. negó mirando mi algo vacío vaso, y arrugó nuevamente su nariz.
—¡Pues a mí!. No tengo gusto hacia ningún tipo de café, realmente.
—Eso explicaría porque el pedido ante este frío de chocolate. Tiene lógica ahora que lo dices —me encogí de hombros y recoste mi espalda en la silla. Adoptando una postura relajada. Levantó su ceja y rió. Fijamente pose mis ojos sobre ella, sus ojos se ponían más pequeños al reír, un pequeño hoyuelos se asomaba en su mejilla izquierda, y ni hablar de su sonrisa era preciosa.
—Comienzo a sentirme ofendido, ¿te ríes de mí?, ni siquiera he dicho algo que lo valiera —su carcajada se hizo más pronunciada logrando que algunas personas fijarán su vista en ella extrañados, en mi caso con un atisbo de sonrisa y encantado de ser el causante (inconscientemente) de eso.
—Lo siento enserio, tu actitud relajada y tu mirada por un momento logró hacerme recordar a Lucifer Mornigstar — dijo al calmarse un poco, dándole otro sorbo a su chocolate. Alcé una de mis cejas y alagado alce las manos restándole importancia.
—Bueno —dije arrastrando la "e". —que puedo decirte todo es parte de este físico tan inhumano, pero que se hace, a veces solo tienes que aceptarlo. Entre ellos los alagos. —eché mi cabello hacia atrás despeinandolo un poco mientras ella negando, soltaba pequeñas risas.
—Oh por dios, mr. Ego, perdóneme usted creo que olvide hacerle una reverencia antes de pedirle asiento. — rodó los ojos mientras el último pedazo de su primera dona era devorada y terminada.
—Será usted disculpada luego de decirme su nombre señorita, que descortés de su parte no presentarse.
—Selene Jones, suelen decirme sel.— Se encogió de hombros y procedió a comenzar su segunda dona.
—Evan, Evan Joyce.— Asintió con sus mejillas infladas como ardillas por la dona, una vez trago. Sus ojos conectaron con los míos por unos cortos segundo, que para mí no fueron más que intensos he interesantes. Para luego desvíarla y comenzar a parpadear pesadamente. soltó un bostezo.
No me había percatado de ese detalle, Lucía agotada, inclusos las bolsas en sus ojos eran un tanto notables si le quitabas un poco de su corrector.
—¿Cuánto has dormido hoy?. — pregunte de golpe, ante mi pregunta abrió un poco los ojos y suspiró. Tomó un mechón pelirrojo que sobresalía de su desarreglado moño y comenzó a jugar con el junto a su dedo índice, parecía estar nerviosa.
—Tal vez unas, ¿cinco?, no estoy del todo segura.
—No has dormido casi nada sel, eso no está bien —Se encoge de hombros y deja libre su mechón, soltando un suspiró pesado.
—Cuando el trabajo y los exámenes finales están ocupando la mayor parte de tu tiempo, en ocasiones no tienes opción, es darlo todo o nada —La pantalla de su celular se iluminó, anunciando un nuevo mensaje; fijó su atención en este justo cuando iba a darle una respuesta
—La he pasado muy bien Evan, pero debo irme —hizo un puchero— ha sido un placer conocerte Evan— finalizó sonrojada y comenzó a tomar sus pocas pertenencias de la mesa.
—Oh, y la dona que queda es un regalo para ti, se que te ha gustado vil mentiroso, te crecerá la nariz como Pinocho si sigues así.— Soltó una pequeña carcajada a la cual unirme fue irresistible. Tomé su pequeña mano, y besé el dorso de ésta.
—El placer es todo mío, espero coincidir nuevamente con usted bella dama, en algún determinado momento. Trata de dormir, no te agobies tanto por el trabajo y date un momento para ti joder, y por supuesto, ten un buen día.— guiñe mi ojo a su dirección. Anonanada y colorada asintió, solté su mano de la mía y la dejé marcharse
Al estar en la puerta del local, giró su cabeza por sobre su hombro a mi dirección, sonrió bajo su mirada.
Y sin más con su paraguas de puntitos y su suéter de lana negro, se perdió junto a la multitud de personas que salian de sus escondítes para evitar ser mojados, en vista de que la lluvia había cesado.
Ni de eso me había logrado percatar, perdí noción del tiempo.Y echándole un vistazo a la dona cubierta de ciró de fresas y por dentro chocolate, Sonreí.
Supongo que si una parte de mi, se hubiera imaginado que no volvería a verla, tal vez, no la hubiera dejado ir sin su número.
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La chica de los auriculares violetas.
RomanceCiertas personas llegan a nuestras vidas a marcarnos, o dejar partes de ellas en nosotros que pueden ser inolvidables. Lo mismo, Selene causó en él. Sus más oscuros deseos saldrían a flote con la llegada de la pelirroja ojos zafiro que volvería a p...