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Hipo, saturado de sus responsabilidades como líder, se va con Chimuelo a volar para poder relajarse. ¿Quién interrumpe su momento? Un jinete de blancos cabellos montado en un furia nocturna. Ese es Jack, el chico que fue criado por Valka y...
Dos meses han pasado desde que Drago Mano Dura fue derrotado por Hipo y todo ha estado bien, relajado, normal... excepto Hipo. Él se sentía bastante orgulloso de su reciente madurez. Asumiendo el cargo de líder luego de la muerte de su padre, había hecho lo imposible por levantar una vez más a su pueblo luego de la gran batalla, todos lo halagaban por ser igual de increíble que su padre. Pero hoy le estaba pasando algo que le ocurría muy frecuentemente en los ultimos días. Estaba jodidamente hastiado. ¡En serio! Todo el día se la pasaba trabajando para su pueblo, haciendo una cosa tras otra. No es que le molestara ayudar a su gente, pero estaba descansando ni un segundo. ¡No eran tantas personas! ¡¿como puede todo el mundo necesitar ayuda?! Suspiró con pesadez, estirandose en su lugar. Se levantó para ir con Chimuelo, realmente necesitaba volar un rato. -¿Qué tal? -el dragón negro se volteo a verlo, feliz y emocionado- ¿Cómo te trata la vida? ¿muchas obligaciones de alfa, amigo? -el dragón le lamió la cara. Extrañaba a Hipo, ambos estaban igual de ocupados con sus nuevas responsabilidades- ¡Chimuelo, sabes que eso no se quita! -sonrió y escuchó una risa femenina por detrás.
-¡Buenos días, Hipo! -le saludó una animada Astrid. Desde que terminaron, sus conversaciones han sido incómodas, ella le dijo que le gustaba otra persona. Para Hipo no fue duro el golpe, de todas maneras estaban teniendo bastantes problemas de pareja. Sus discusiones estaban siendo cada vez más recientes, incluso llegaron al punto de no soportarse mutuamente. Ahora que habían terminado, su relación se había vuelto mucho más sana.
-Hola, Astrid -saludó, haciendo una mueca que en un principio intentó ser una sonrisa y ella se retiró, suspirando. Hipo se volvió a su amigo- ¿Quieres volar? -le preguntó y Chimuelo empezó a saltar, se subió a la silla de montar y emprendieron el vuelo. Volar siempre lo liberaba de todos sus problemas, le hacía sentir que toda su vida era un sueño y que su verdadero lugar estaba en las nubes. Suspiró, sonriendo y se recostó un poco hacia atrás, cerrando sus ojos.
-Un pequeño momento de relajación -murmuró- es lo único que necesito para recargarme de energías y... ugh -hizo una mueca- volver a mis responsabilidades de líder -dijo irónicamente- supongo. El cielo estaba nublado pero no creía que fuera a llover, por el aspecto de las nubes probablemente se irán pronto.
-¿Más arriba, amigo? -le dijo a Chimuelo volviendo a incorporarse y este en seguida ascendió con entusiasmo. Una vez llegaron hasta arriba, por sobre de las nubes, se quedaron flotando tranquilamente, contemplando el sol que se veía como un atardecer, pero aún era temprano. Extraño, pero ya estaba acostumbrado a que así fueran las cosas en Berk, muy misteriosas.
-¿Hermano? -una voz masculina le hizo saltar de susto, giró su cabeza hacia la derecha y se encontró con un chico (muy guapo, por cierto) albino y montado en un dragón- hermano, ¿eres tu? -dijo pasando su mano por el lomo de Chimuelo, quien reaccionó y aterrizó, sin el consentimiento de Hipo, en la primera montaña que se nos cruzó.
-¡¿Chimuelo, qué haces?! - gritó mientras descendían a toda velocidad. Una vez abajo, se bajó de su amigo.
-¡¡Hermano!! -gritó el peliblanco con lágrimas en los ojos bajándose de... otro furia nocturna. Hipo no podía creerlo, era blanco como la nieve al igual que su acompañante. Toda la situación era increíble, Chimuelo se lanzo sobre el chico lamiendo su cara e hizo lo mismo con el otro Dragón.
-¡Pensé que estabas muerto! -dijo el joven exaltado, quien después de aquella frase se dió cuenta de la presencia de Hipo. Rápida y bruscamente se levantó y con una vara golpeó sus piernas, derribandolo de un golpe y lanzándose sobre él para colocar una cuchilla en su cuello
-¿Quién eres y que hacías con mi hermano? -pregunta con los ojos entrecerrados, Hipo los pudo ver. Eran tan azules como un lago de agua cristalina, llenos de ferocidad.
-¿Hermano? -susurra Hipo al darse cuenta que se refería a Chimuelo.
-¡Responde! -gritó, pero no sabía que Hipo también tenía sus trucos. Este le empujé lejos y rápidamente sacó su espada de fuego. El albino estaba encorvado en el suelo, como una bestia, con los ojos muy abiertos eta vez.
-¿Fuego? -murmuro con admiración y algo de respeto.
-Si -dijo el moreno, jactándose.
-¡Woah! -sus ojos brillaron y dió unos pasos tímidos hacia Hipo. Chimuelo se acercó a él y le gruñó, como si le estuviera diciendo algo- Ah, entonces se llama Hipo -el mencionado pareció comprender.
-¿Puedes hablar con los dragones?- dijo poniendo sus manos en la cabeza, realmente impresionado.
-Si... -sus ojos se abrieron mucho repentinamente- un momento... ¡Tu eres Hipo! ¡El mismo Hipo que la tía Valka mencionaba! -chilló señalandolo con el índice. -¿Conoces a mi madre? -dijo seriamente y el otro asintió lentamente.
Tenían mucho de que hablar.
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