Parte 126

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¿Qué es el valor?

¿Para ti que es el valor?

¿Lanzarse al peligro sin pensar?

¿Hablar sobre lo correcto en un mundo de mentes cerradas?

¿Levantar la voz por los débiles aun sobre tu propia seguridad?

¿Qué es el valor?

¿Es solo hacer lo correcto?

No, no lo es.

Te voy a decir un secreto.

Cualquier cosa puede ser subjetiva.

El valor para un héroe puede ser el enfrentarse a un dragón para salvar a la princesa.

El valor para la princesa puede ser quedarse dentro de la torre, sobre el miedo que tenga, para complacer a sus padres.

El valor cambia según la perspectiva.

Ningún acto es más valeroso que otro.

No mientras tu les des su valor determinado.

No te sientas menos si alguien tuvo el valor de bailar frente a la clase y tu apenas tienes el valor de levantar la mano para participar.

No te compares con los demás.

Ese es tu valor.

Tú vas a tu ritmo.

Solo tú sabes cuánto valor te tomo hacer eso.

Por eso cuando Arthur sale de su casa y en medio del camino para llegar a las puertas de la escuela, se topa con Alfred, sabe que tiene que tomar valor.

Y lo hace.

-Me gustas. - Le suelta, sonrojado, forzándose a mirarlo a los ojos. Alfred abre grande sus ojos, lo mira como si fuera la primera vez que lo hiciera, y ríe, de esa forma tonta y dulce que Arthur jamás había oído.

Y sabes que hiciste lo correcto, que tu valor sobrepaso tus prejuicios, porque todo el fin de semana te la has pasado pensado en el beso en la enfermería, y no dejabas de tocar tus labios una y otra vez, rememorando el tacto, preguntándote ¿cómo algo que se siente tan bien puede estar mal?

Él se inclina y te besa.

Reafirmas tu teoría.

Y todo es maravilloso.

Y te sientes ligero.

Y sientes como Alfred acaricia tus mejillas, con un tacto tan delicado, que te sorprende que unas manos tan grandes como las suyas conozcan un movimiento tan tierno.

Todo es tan perfecto que no prestas atención a los jadeos sorprendidos que se escuchan a su alrededor.

Solo te das cuenta de donde estas cuando eres jalado bruscamente hacia atrás.

Alfred y tú se miran con sorpresa, sus ojos solo te miran a ti, a ti y nadie más que a ti.

Volteas solo un segundo,  la imagen de Vlad y Lukas mirándote con reproche te saca de tu nube.

Estas tan asombrado que... Despiertas.

La vida de adolescente de Arthur Kirkland. HetaliaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora