-Bueno... No sé qué acaba de pasar, pero se ve que ustedes dos...- Vlad te señala junto con Alfred.- Tienen que hablar.- Te guiña el ojo y, jala a Lukas y a Damyan con una mano a cada uno, y se alejan lo más rápido que pueden.
-Ehh...- Mathias se queda parado en medio de ustedes, mira a Alfred y ambos se encojen de hombros. - ¡Lukas, mi amor noruego! - El corre detrás de tus amigos y se aleja hasta que solo quedan en el pasillo Alfred y tú.
-Y.... ¿De qué quieres hablar primero? - Te cruzas de brazos y miras a otro lado, con las mejillas ligeramente coloreadas de rosa.
-Lo de Matthew fue sorprendente, pero me gustaría hablar primero de nosotros. – Te quedas tieso. Lo miras con el ceño fruncido.
-No hay un nosotros. – El finge una expresión asombrada.
-¿No lo hay?- Por un lado quieres pegarle y decirle que deje de jugar, y por el otro quieres contagiarte de su buen humor y acercarte a él. El sueño de esta mañana vuelve a ti como un rayo. ¨Me gustas¨ Las palabras vuelan por tu cabeza. ¿Pero realmente lo hace? Lo observas. Ahí está él, parado a un metro de ti, con actitud desenfadada, vestido con jeans y sudadera negra, su cabello lizo con su tonto (y adorable) rulo antigravedad y sus ojos. Mierda. Sus ojos. Tan azules. Tan claros. Tan llenos de ternura. Te muerdes el labio, inseguro, notas como él se fija en el movimiento.
No sabes cuándo, ni cómo. Pero los dos están pegados el uno contra el otro. Él es unos centímetros más alto que tú, así que tienes que echar la cabeza atrás para poder mirarlo a los ojos, él te sostiene de la cintura y se inclina hacia ti.
Te quedas sin aliento pensado en lo que pasara a continuación.
Alzas tus manos y las dejas descansar en sus hombros.
Alfred te mira en espera de algo. Y no tardas en adivinar qué.
-Lo hay. - Murmuras.
Y es lo único que necesita para unir sus labios.
Al inicio es suave, dulce, roses inocentes.
Pero entre más pasan los segundos, la intensidad sube un poco más. Él te acaricia la espalda baja sin llegar más allá de los limites, tu enredas una de tus manos en su cabello y la otra la enroscas en su cuello.
El usa su lengua para pedir permiso de entrada a tu boca. Y oh demonios. Tú le das permiso. Tocas tu lengua con la suya y no puedes evitar gemir en su boca.
A la mierda todo.
Es más maravilloso que en tu sueño.
Tu cuerpo tiembla y sientes que tus rodillas dejaran de funcionar en cualquier momento.
Pero no te importa.
Porque Alfred te tiene bien agarrado.
Y tienes la certeza de que Alfred nunca te dejaría caer.
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La vida de adolescente de Arthur Kirkland. Hetalia
FanfictionEmociones que suben y bajan como en una montaña rusa, un joven en la flor de su juventud con la actitud de mierda típica de un adolescente. Ese era exactamente Arthur Kirkland. Un chico mas en la "bendita" etapa de la adolescencia.