—Dime —le animo a continuar a Micaela tras decir que tiene algo que contarme.
Se queda pensativa, parece que se le ha ido el santo al cielo.
— ¿Te puedes creer que se me acaba de olvidar?
Me pongo la mano en la cara haciendo un facepalm, no hay quien pueda con ella.
—Seguro que no era nada importante —digo.
—Todo lo que te digo es importante, Sum, así que esto también lo era.
— ¿Era importante también que el otro día quisieras comprarte un chicle?
— ¡Pero eso solo era un comentario! —protesta alzando la voz.
—Sí, sí... tú me has dicho que todo lo que me dices es importante... —sigo haciéndola rabiar.
No sigue con esta conversación, por lo tanto, seguimos caminando hacia una heladería que hay en la plaza de la ciudad. Caminamos entre anécdotas y risas. Micaela es muy divertida y con ella se me pasa el tiempo volando, la verdad es que no sé cómo consigue esto último.
—Y pensar que ya nos conocíamos de antes... —ahora está comentando cosas sobre cuando estábamos en el mismo colegio y Leti no la admitía en el grupo.
—No nos conocíamos porque apenas nos cruzamos palabra.
—Nos conocíamos de vista, Summer.
—Ya, pero conocer-conocer no nos conocíamos.
—Eso sí.
Por la acera nos cruzamos con varias personas. Dos personas mayores están sentadas en un banco y nos saludan muy alegres, parece que les va bien el día. A medida que nos vamos alejando, Mica y yo escuchamos cómo dicen que las mozas de hoy en día están muy guapas. Nos hace gracia su comentario, por lo que se nos escapa una sonrisa.
Llegamos a la plaza y mi amiga señala la heladería a la que vamos a ir. Caminamos juntas hasta ella. Me cede el paso y entro delante de ella. El establecimiento es muy bonito. Más que una heladería, parece una pastelería por el color pastel de las paredes. Fuera hay un par de mesitas muy chulas que parecen sacadas de una casa de muñecas.
— ¿Cucurucho o tarrina? —me pregunta Mica.
Se me había olvidado que estábamos allí para pedir un helado. Las cosas que tiene este sitio hipnotizan.
—Cucurucho —digo.
Se me queda mirando como esperando a que diga algo más.
—De qué —pregunta indirectamente para darme a entender que tengo que elegir un sabor.
—De... —me quedo mirando los sabores que hay. Hay demasiados, no me voy a poder decidir por uno. ¿Cuánto hacía que no iba a una heladería?
—De... —me ayuda a continuar.
Veo un helado de colores que me llama mucho la atención. ¿A qué sabrá? Se llama arcoíris, pero yo nunca he probado el arcoíris. Nada, descartado. ¿El de algodón de azúcar? Tiene muy buena pinta, sí, ese voy a pedir.
—Summer, es para hoy, hay cola.
Miro hacia atrás para ver que lo que me dice es verdad. Ha empezado a venir gente en un momento.
—El de algodón de azúcar —pido al fin.
—Vale —después se dirige a la chica que sirve los helados. No parece muy contenta con su trabajo, ni sonríe ni intenta ser agradable con sus clientes—. Dos cucuruchos: uno de limón y otro de algodón de azúcar.
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93 días de Verano ✔️
Teen FictionSummer es una chica sin amigos que apenas se habla con la gente. Acaba el curso y merece tener el Verano libre para hacer lo que quiera por sus buenas notas. Pero en cuanto llega un mensaje del instituto diciendo que gracias a ellas puede pasar el V...