- ¿Queréis que compremos ron o ginebra? -preguntó Jesús delante de la estantería de bebidas alcohólicas.
Me habían informado de que aquella cena se repetía todos los años en la entrada del verano. Aunque en Pastrana nunca llegabas a grados desorbitados, siempre había días de calor húmedo y agobiante y el 20 de junio siempre era una fecha que marcaba el calor extremo de aquella localidad.
Eran las 7 de la tarde y ese día, como otros años, estaba dejando mella por las calles de Pastrana. 30°C un viernes 20 de junio era mucho para ellos.
Encerrados en el supermercado, disfrutando del aire acondicionado que nos ofrecían en el establecimiento, pusimos en marcha la compra para aquella cena tradicional.
- Por mi ginebra -contestó Mateo.
- Yo también soy de ginebra, pero lo prefiero rosé. Si no os importa. -añadió una Marina sonriente dejando dos bolsas de patatas fritas en el carrito.
- Por mi no hay problema -contesté yo apoyada en el carrito.
- Jose, Fede y Sebas son de ron -informó Amelia mientras sujetaba una cesta de la compra llena de snacks.
- Pues entonces podemos comprar 3 de ginebra y 2 de ron, ¿no? -finalizó Jesús.
Mateo, Marina, Jesús, Amelia y yo, habíamos decidido ser los encargados de la compra para la cena; un poco de picoteo, algo de verduras y carne para la barbacoa, refrescos y alcohol, era todo lo que necesitábamos esa noche.
- ¿Ya lo tenemos todo? -se interesó Amelia. -Lo digo porque hay que coger hielo antes de irnos. ¿Me acompañas? -me preguntó la morena directamente.
Jesús cogió la cesta que aguantaba Amelia y ambas, empujando el pesado carrito, nos separamos del grupo en busca del pasillo de los congeladores.
El supermercado, como cada viernes por la tarde, se encontraba lleno de vecinos del pueblo que ultimaban su compra para el fin de semana.
Por aquellos kilométricos pasillos se podía escuchar todo tipo de conversaciones; la hija de Otilia que se había metido a la droga, los Ordóñez que habían acabado en la ruina después de estafar al estado, el pub de Pastrana que había cambiado de dueños y ahora se llamaba "El Queens". De todo te podías informar entre aquellas estanterías repletas de chismorreos.
Amelia, con cabeza firme y mirando al frente por donde conducía nuestro carrito de bebidas, desviaba su mirada disimulante hacía mi. Yo, mientras tanto, hacía como que no me daba cuenta cuando la pillaba mirándome de reojo.
Llegamos a los grandes congeladores donde guardaban las bolsas de hielo y ella, amablemente, abrió las pequeñas puertas ayudándome a cargar un par de bolsas.
- Estás muy guapa. -susurró cuando quedé lo suficientemente cerca de ella.
- Gracias. -contesté indiferente. -He quedado con unos amigos para cenar.
- ¿Puedo ir con vosotros? -continuó ella divertida.
- Uff... -soplé. -No sé si van a querer invitar a más gente. -finalicé dejando las bolsas en el carrito.
- Pues que pena, te lo hubieses pasado muy bien conmigo. -contraatacó la morena mientras arrastraba las ruedas de la compra y me dejaba allí plantada mordiéndome el labio inferior.
Nos reunimos con los demás en la caja y cuando todo estuvo pagado nos fuimos directos al coche de Marina para descargarlo todo.
Llegamos a los dos minutos de poner en marcha el coche, dado que todo quedaba cerca en aquella población y, cuando Amelia dejó paso al coche de Marina en el interior de su casa y cerró, fuimos directos a la cocina a prepararlo todo.

ESTÁS LEYENDO
× Sin Saberlo × [Luimelia] 🌙
FanfictionTras el accidente de su padre que cambiará su vida, Luisita baraja la posibilidad de que, trasladarse de nuevo al pueblo donde tantos veranos ha pasado, tampoco es tan mala idea. ¿Quién dijo que las segundas oportunidades nunca fueron buenas?