Capítulo 8

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No podía creer hasta donde habían llegado, casi parecía estar atrapado en una de sus fantasías, o quizás era una de ella, pues había sido bastante exigente, tanto como él. Como si no hubiese sido solo él quien durante años retuvo todos esos deseos hacía ella.

Se habían besado mucho, pero se dio cuenta de que nunca había besado a nadie en particular, pensó que tal vez era así, realmente nunca sabes lo que es un beso hasta que te tocan los labios correctos.

Dawson estaba fascinado recordando cómo sus ganas los hicieron desear mucho más que solo eso, pero lo detuvieron, como si hubiesen sido atrapados como adolescentes por sus propios principios. Conversaron un poco más, él escribiéndole y ella usando su voz, cuando estuvieron frente a la casa de Dawson, fue él quien tomó la iniciativa y la besó con suavidad, ignorando los pedidos de esa boca agresiva.

Cuando ella se fue, Dawson le envió un mensaje con unas cuantas palabras que explicaban y prometían mucho.

Tenemos todo el tiempo del mundo.

Días después descubriría que eso no era verdad.

*****

La gran reunión de Los Seguidores era al día siguiente, pese a lo que creía, no iba a ser algo pequeño, la ciudad estaba tan sumida en el poder de esos adoradores que habían planeado un gran desfile de bienvenida. Dawson tomaría fotos de los que estuvieran al mando y comenzaría a clasificarlos, todo el material que pudiera recolectar sería provechoso para quienes estudiaban al enemigo en la tierra de los mágicos.

Tenían que hacer algo pronto con los humanos, los tenían engañados, con correas que ellos no podían ver. Dawson había sido testigo del poder que tenían los discursos fomentados por Zachcarías Losher, había hecho su propio imperio de mentiras. Y los humanos eran quienes sostenían ese imperio, no importaba cuanto les quitase, no importaba cuanto les costase, ellos estaban allí, llorando a alguien que solo quería poder, posición.

Estaban arruinados, esa era la verdad, con los mágicos sería más lento, pero conociendo el poder de su palabra, su destino sería lo mismo, ruina.

Todo estaba tomando un rumbo totalmente distinto al que había pensado cuando regresó de la guerra, había pensado que con la muerte de Zachcarías Losher todo había terminado, como cuando matas un insecto. Que equivocados habían estado.

Zachcarías Losher no era una simple abeja, él era la colmena. Y cuando alguien intenta quitar un panal, todas las abejas que habían estado dormidas despertaban.

Dawson estaba cansado, había tanto que quería abarcar, tenía todo dibujado en su teléfono. Estaba la reunión de Los Seguidores, las casas de adoración que había en la ciudad, quienes trabajaban para ellos. También los rebeldes armados de la otra noche, de quienes no había podido conseguir nada, fue como si nunca hubieran estado allí.

Pero seguía habiendo algo que no había logrado conectar…El atípico odio de Sheyla hacia los fanáticos. No había podido sacarle nada, siempre que mencionaba algo relacionado ella cambiaba bruscamente de tema. Aunque no se esforzaba mucho, no le gustaba incomodarla, prefería besarle la sonrisa o escucharla hablarle sobre sus clases.

Ella era lo único que parecía quedarse de pie cuando todo se estaba desmoronando.

Sus padres ya la conocían, desde su cita había sido inevitable permanecer separados, la había traído una para ver una película antes de que se fuera al bar, ellos la adoraron, cambiaba el ambiente de la casa.

Iban a verse esa noche, estaba ansioso, quería dejar de pensar en mañana, en esas bestias. Solo quería ser…un hombre común.

—¿Dawson?

En las alas del OliamDonde viven las historias. Descúbrelo ahora