Los disparos eran irregulares y letales. Alumbraban el lugar de manera intermitente. Los cinco paladines de Voltron se encontraban defendiéndose entre sí, cubriéndose la espalda detrás de escombros utilizándolos como protección.
—¿Cómo se supone que lleguemos al centro de control? —preguntó Lance disparando a los guardias Galras que los atacaban.
—No lo sé, ¿ideas? —preguntó Hunk a través del casco, escondiéndose de los disparos.
—Allura, ¿hay alguna ruta libre? —preguntó Shiro a la princesa, quien comenzó a escanear el lugar en busca de una ruta de acceso a la sala de control de la crucero Galra.
—Sólo una, pero no está completamente libre. Lo más probable es que tengan que deshacerse de ellos antes de poder entrar. —agregó la peliblanca desde el castillo.
—Lance. —espetó el paladín rojo desde su posición, llamando la atención del paladín azul.
—No tenemos tiempo para sus cursilerías, así que ni se les ocurra. —añadió Pidge, quejándose de la joven pareja dentro del equipo.
—No. Necesito que me cubras. —Espetó Keith. Antes de que Lance reprochara Keith había salido de su escondite con su bayard rojo en mano, haciéndose paso entre los guardias Galra. El moreno a regañadientes acató el pedido del pelinegro, disparando a quienes se le acercaran por detrás.
—¡Keith! ¡Regresa a tu posición! —exigió Allura. —Sólo conseguirás que te capturen, eres solo uno. —añadió la peliblanca. Keith se sordeó de las palabras de la princesa y continuó con su camino, siendo emboscado por siete guardias al mismo tiempo, los cuales lo tomaron desprevenido al igual que al latino que lo "cubría".
—¡Keith! —exclamó Shiro. Sin lograrlo, el pelinegro intentó derribar a los siete. Fracasando en el intento fue electrocutado y noqueado por uno de los guardias y trasladado a otro lugar.
—Ese imbécil... —susurró molesto Lance antes de continuar disparando. Finalmente, tras un poco de ayuda del Castillo de los Leones, lograron acceder a la sala de control, apagando el sistema y por lo tanto la seguridad.
—¿Keith? ¿Nos escuchas? —preguntó Shiro por el intercomunicador.
—¿Keith? Hijo de... Si no contestas te encontraré y te mataré yo mismo. —añadió Lance molesto. Se escuchó una breve interferencia antes de dar paso a la voz del pelinegro.
—Eh... ¿chicos? —se escuchó a través de sus cascos.
—¡Keith! ¿Dónde estás? —cuestionó Pidge.
—Mmm... no estoy seguro. Creo que es una de las celdas. ¿Alguien puede venir a desatarme? Esto comienza a incomodarme... —preguntó luchando contra las incómodas y rasposas cuerdas que lastimaban sus muñecas y tobillos.
—Todo tuyo Lance. —comentó la ojiavellana con una risa. Lance comenzó a buscar celda por celda rastro del pelinegro.
Finalmente dio con la celda oscura en la cual se encontraba el azabache. La escena era digna de admirar, al menos para la pareja del ojivioleta. El pelinegro se encontraba amarrado de manos y pies contra un tubo que estaba pegado a la pared.
—Vaya... Dime Keef, ¿debería desatarte? La última vez que yo estaba en esta condición pensaste en dejarme morir ahí. —espetó el moreno, retirando su casco, para que el resto del equipo no escuchara lo que decía.
—¿Lance? Por favor. —pidió el pelinegro contra el metal del tubo. El castaño se acercó al cuerpo del pelinegro y retiró su casco apartándolo de ambos. Pasó sus manos por la cintura cubierta por aquella licra negra de su traje. —¿Lance...? ¿Qué crees que haces? —preguntó un poco más molesto ante las acciones del latino.
—Aprovecho la situación. —contestó con simpleza, apegando su cuerpo al del alienígena. Keith soltó un leve jadeo al sentir la entrepierna del castaño hacer presión contra su trasero, específicamente entre sus glúteos, cerca de su entrada.
—La...Lance... Los d-demás nos... Mmh... están e-esperando... —espetó el azabache.
—No saben que ya te encontré... —agregó Lance con una sonrisa, pasó sus manos hacia la parte delantera del cuerpo del azabache, pasando su mano por encima de la apretada licra que cubría su entrepierna, sintiendo como el cuerpo de Keith comenzaba a ceder ante la superficial estimulación trasera que recibía.
—¿Estás caliente Keef? —preguntó coqueto el latino, Keith gruñó levemente molesto ante la pregunta de su novio. A veces podía llegar a ser un perfecto y arrogante idiota.
—¡Ngh...! A-ah... L-Lance... —jadeaba y gimoteaba el híbrido. Lance con una sonrisa macabra se alejó del cuerpo excitado de Keith y tomó ambos cascos, se colocó el propio y colocó el del pelinegro, el cual seguía confundido.
—Encontré a Keith chicos. —espetó Lance, comenzando a desatar las manos y los pies del pelinegro.
—¡Eres un imbécil Lance! —exclamó sonrojado y molesto Keith. Ignorando el hecho de que todos lo escuchaban. Soltó una patada al estómago del moreno, el cual sujetó su barriga sin aliento.
—Valió... la pena... —comentó sin aire antes de caer al suelo.
Momentos después ya estaban de vuelta en el castillo. Keith incómodo, ocultándose detrás de Lance debido a su erección. Fue cuestionado por los demás, preguntándole si se sentía bien o si había sido lastimado. Sus respuestas eran todas negativas, y en cuanto pudo escapó rumbo a su habitación para solucionar su problema.
Keith, al terminar de tomar una ducha, más relajado se vistió con sus ropas diarias. Salió de su habitación y se asomó al cuarto del castaño, quien estaba dormido. Una pequeña sonrisa malvada decoró su rostro antes de volver a entrar a su habitación y cambiarse una vez más.
Lance roncaba sutilmente, recostado sobre su cama boca arriba. La misión lo había dejado exhausto. Al tener el sueño ligero pudo escuchar el sonido de su puerta abrirse y cerrarse. Se quejó levemente ante el ruido. Sintió un peso extra sobre su cuerpo y extrañado abrió sus ojos.
Las mejillas del castaño se sonrojaron intensamente. Su novio estaba sobre él vistiendo solo la licra que iba debajo de su armadura. Keith pasó su dedo índice por todo el abdomen del castaño hasta parar debajo del ombligo de Lance. Decidió sentarse justo encima de la entrepierna del latino.
—Cometiste el error de dejarme con las ganas McClain. —comentó el pelinegro haciendo una leve mueca. Comenzó a moverse sobre el miembro del cubano, el cual comenzaba a reaccionar.
Lance se apoyaba sobre sus antebrazos, y echaba la cabeza hacia atrás, disfrutando de los movimientos circulares que el pelinegro hacía sobre su ahora erección. De vez en cuando alzaba sus caderas en busca de más contacto. Keith se inclinó hacia el frente para besar los labios del castaño, comenzando lo que sería un beso bastante húmedo, de no ser porque Keith se separó y paró los movimientos de su cadera.
—Es hora de la comida. Y Hunk ya está desesperado. —comentó con una sonrisa malvada, abandonando su lugar sobre el empalme de Lance, quien permanecía inmóvil. Keith abandonó la habitación con una sonrisa.
—¡KEITH! —Se escuchó el grito del castaño por todo el Castillo, mientras el azabache solo reía para ir a cambiarse nuevamente.
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30 días OTP [LAITH/KLANCE]
FanfictionOtra historia de las muchas que hay de 30 días de OTP Challenge.