Capítulo 10

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Durante años Dawson se había sentido excluido, sus padres lo había sacado a la fuerza de la tierra mágica, querían protegerlo, él había sido solo un pequeño, pero incluso así él hubiera preferido quedarse. Dawson hubiese querido crecer en la Ciudad Alada, aprender a protegerla, arriesgarlo todo por sus orígenes.

Cuando Libriana lo convocó para pelear en la guerra, al principio tuvo miedo, había olvidado mucho sobre su casa y la sangre que corría por sus venas. Pelear, defender, ser magia y plumas para la tierra que lo vio nacer se sintió como un honor, como que por fin esa esas chispas purulentas en su interior tenían sentido. Había sido un caos y Dawson había deseado volver con los humanos, pero él ya no fue el mismo.

Había prometido seguir ayudando, darlo todo cuando fuera necesario.

Y había fallado, le había fallado a esa mujer que no tenía ni la más mínima fuerza para retorcerse en el fuego. Pero gritaba, sus gritos despavoridos guiaban a Dawson.

Él se había convertido en un enorme fénix.

El fuego se había tornado azul, las personas vociferaban, algunas se habían marchado espantadas y había otras que se habían quedado, perversas miraban como el fuego consumía lentamente a la mujer.

Un graznido encolerizado salió de Dawson llamando la atención de muchas personas, su sombra en el suelo barría cada vez más cerca. Todos se quedaron sin aliento cuando con sus garras sacó el cuerpo de la mujer hacia la tarima, el olor que desprendía y las quemaduras en su cuerpo eran horribles, el fuego había quemado por completo la ropa, la mujer había quedado completamente desnuda y vulnerable ante las llamas.

La cubrió con sus alas, la rodeó para que nadie pudiera seguir viéndola. Ella no era un espectáculo, era una persona que había estado viva. Viva.

Sus ojos eran parecidos a los de un reptil, pero seguía habiendo algo de lo que muchos en ese lugar carecían. Humanidad.

Dawson negó, ella no tenía que ser compasiva, podía odiarlos, podía hacer lo que quisiera. Ellos le habían robado sus últimos alientos, se habían reído y burlado, la habían llamado “hereje”, “bruja”. Ni siquiera entendían lo que era, que no era peligrosa.

Ella solo era diferente.

Sus inexistentes labios se movieron abriendo la piel de su rostro, parecía querer decir algo. Dawson escuchaba como su corazón apenas podía seguir latiendo, iba a morir.

Di…Diana —le creyó decir antes de que callara para siempre.

¿Sería ese su nombre?

Escuchó movimiento tras su espalda y su sangre rabiosa despertó.

Los dos hombres que habían arrastrado a la chica se acercaban sosteniendo bates en sus manos, ¿intentarían apalearlo también?

Se alzó en vuelo y dejó que sus alas acariciaran el cuerpo destruido de la mestiza.

Aquí donde fuiste,

Tu recuerdo vivirá.

Allá donde vayas,

Tu valentía será recompensada.

Uno de los hombres intentó golpearlo, había echado el bate hacia atrás, pero en ese movimiento se escuchó un disparo.

El hombre se quedó congelado mientras la multitud estallaba en gritos ahora aterrorizados, su camisa comenzaba a mancharse de sangre que salía disparada desde su hombro. Dawson se elevó sobre la tarima y sin importar que alguien pudiera herirlo fue hacia el hombre con toga.

En las alas del OliamDonde viven las historias. Descúbrelo ahora