CAPITULO 1

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Helena

Dinero, poder y excelencia.

Todo lo que mi madre ve en esta vida.

Todo es riquezas.

Absolutamente todo tiene que ser extravagante y exageradamente costoso. Pulcro y elegante, refinado en toda la extensión de la palabra, y si algo no es de esa manera, lo desecha.

Incluyendo a las personas.

Odia de alguna u otra manera que tengamos algún contacto con los sirvientes de la casa, no tolera ni un poco el hecho de que tengamos algún gesto amistoso o mínimamente amable. Piensa que nos contagiaron alguna enfermedad mortal o algo de los más parecido. Mi padre es todo lo contrario. No tengo idea del por qué siguen estando unidos si son tan desiguales.

Hasta ahora padre ha sido la única persona que he conocido en la elite que sea mínimamente amistoso y cordial con los sirvientes. No es algo que pueda comentar muy a menudo, al parecer en la crème de crème es algo ambicioso el ser educado.

Mi hermana pequeña y yo somos tan parecidas a Padre en ese sentido que a mi madre le preocupa eso —tomando en cuenta que le preocupan muchas cosas solo para tener una buena imagen—.

Padre no estuvo tanto tiempo en mi infancia y mucho menos en la de mi hermana, pero en cada oportunidad, nos mostraba lo que era el ser educado y agradecido con aquellos que nos servían.

Madre, por supuesto, no opina lo mismo y probablemente nunca lo hará. Es hasta cierto punto maleducada con ellos. Bueno, no solo con ellos, también con las personas que no toman en cuenta su distinguida opinión.

Un claro ejemplo fue cuando decidí estudiar Bellas Artes a Francia.

Recuerdo que cuándo comenté que me postularía para estudiar mi deseada licenciatura, tuvimos la pelea del siglo. Trato por todos los medios que ninguna universidad me aceptaran. Y si alguna me aceptaba, se verían gravemente afectados por la esposa del magnate Maximus Clark.

Al instante, las universidades comenzaron a rechazar mis solicitudes y tuve que tomar la decisión de modificar mi vida de alguna manera, quizás de una forma muy diminuta, pero intentándolo.

Comencé a trabajar en pequeños establecimientos, fui por unos cuantos días mesera de un pequeño establecimiento de café, encubriéndome utilizando pupilentes y gafas. Ya que tenía la firme decisión de irme de casa sin tener que pedir un solo peso de Padre ya que no quería provocar una pelea entre ambos que de cualquier forma se formó cuando Padre se enteró que ninguna universidad me aceptaba por culpa de Stella Clark.

Cuatro años después estoy a punto de graduarme como educadora de Bellas Artes. Todo gracias al apoyo de Padre.

A pesar de poco alardearse, mi padre es uno de los 100 mejores empresarios del mundo, la revista Time lo nombro como uno de los mejores empresarios de la década y el más caritativo, dejando en alto el nombre de las empresas Clark.

Ignorando mis pensamientos, continuó con suaves pinceladas a mi próxima obra de arte mientras la música clásica resuena de fondo. Tarareo levemente el sonido del violín y muevo al compás de la melodía mi pincel, tratando de retratar la increíble vista que poseo desde el ventanal de mi habitación.

En el momento en el que me encuentro dando los últimos toques finales a mi Óleo, un toque de la puerta hace que me sorprenda, logrando que la esquina de mi antebrazo empuje al suelo una pequeña taza donde dentro contenía un líquido especial de limpieza y se remojaban mis pinceles.

— Dios...— balbuceo levemente tratando de no pisar los pequeños y casi invisibles fragmentos de la cerámica, ahora rota.

Después de una eternidad, logro esquivar con éxito alguno los pedazos de cerámica que siguen estando en el piso, trato de tomar el picaporte para abrir pero algo choca fuertemente con mi rostro, logrando que avance hacia atrás y me tomé mi rostro con una de mis manos. Acaricio levemente mi nariz tratando de darme un poco de consuelo. Cuando estoy a punto de refunfuñar una voz me detiene.

Despreciable pasión.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora