Capítulo 11

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El lugar al que los llevó Sheyla quedaba a varias cuadras de donde se encontraban, teniendo cuidado recorrieron las calles intentando no llamar la atención. Dawson pensó que ese piso por el que caminaba estaba tan distinto esa noche que parecía un lugar completamente diferente al que conocía, habían disturbios, personas juntas vestidas como adoradores gritando plegarias extrañas…y estaban los otros, aquellos que salían de sus casas con maletas y rostros compungidos.

Se había cruzado una línea esa noche, nada volvería a ser igual, el mañana ya no sería el esperado, solo cuando el sol naciera en el horizonte se sabría que iba a ser de esa pequeña ciudad tan olvidada.

Podía sentir a la delicada mujer estremeciéndose con cada paso que daba, su rostro parecía el retrato de alguien que había tenido a la muerte en frente, todavía llevaba la ropa con la que había aparecido en la casa de Dawson el día anterior, sintió que habían pasado años de eso.

Llegaron a una calle de casas a medio construir, Sheyla lo guió hasta una que estaba ubicada en una esquina, parecía tan familiarizada con todo que Dawson se preguntó si sería su casa. Tuvo que descartar la idea, Sheyla estaba tocando la puerta con agitación.

Se escuchó movimiento dentro, pero no abrieron de inmediato.

—Soy Sheyla, ábreme —masculló la chica apretando con fuerza la mano del hombre semi desnudo que la acompañaba.

Dawson perdió la respiración en el momento en que la puerta fue abierta.

—¿Dawson? —jadeó su hermano Benett.

—No hay tiempo para eso, hasta a un lado —lo empujó Sheyla llevando a Dawson dentro de la casa.

Había alrededor cuatro personas allí, contando a Benett. Ellos iban vestidos de negro, en los muebles viejos notó varias mascaras con las expresiones del teatro y sobre una mesa…habían armas.

—¿Qué les pasó? ¿Qué le pasó a mi hermano? ¿Está bien?

Dawson se sentía aturdido, en su cabeza armaba cabos. Esos trajes eran los que él le había visto puesto a los extraños del callejón que habían ayudado a la prostituta. Y…su hermano estaba en ello, estaba involucrado, era parte de esa…resistencia.

—Él está bien —contestó la única de la habitación por él, ella se estaba quitando el suéter con una mueca—. Vio que me llevaban a la fuerza a la casa de oración y me ayudó a escapar de Jeremías.

—¿Tú estás bien? —se preocupó.

—Golpeada, pero nada con lo que no pueda lidiar —siseó—. Consíganle algo de ropa a Dawson.

Ante su orden, las personas en la sala se movieron, todas excepto Benett, quien seguía mirándolo escéptico.

—¿Por qué está así?

—No lo sé, sabes que no habla —contestó Sheyla desviando la mirada.

Cuando los demás aparecieron con camisas, abrigos y un par de botas, Dawson decidió que tenía que escapar de las miradas curiosas de todos ellos. Naturalmente no dijo nada cuando se dirigió hacia unas escaleras, esperaba que lo llevaran a alguna habitación donde tuviera privacidad. Se metió en la primera puerta que estaba al comienzo del pasillo, era una habitación pequeña, como un armario, pero estaba vacío por completo.

Lo primero que hizo fue revisar su magia, estaba agotado pero se sentía como cuando había luchado en la guerra, intranquilo, nervioso y a punto de transformarse en cualquier segundo. Mientras dejaba que su cuerpo reaccionara a lo que él le ordenaba pensaba en el rostro de la mujer que había sido quemada viva, todavía podía sentir el olor de la piel quemada en su garganta y su estómago se revolvía. Pensó en los rostros de los responsables, de esa otra extraña con esa magia tan terrible que lo había hecho casi que doblarse. Era aterrador pensar en una magia como la de ella…Se había sentido como la de Zachcarías Losher, lo que era de alguna forma imposible. Quiso concentrarse desviando sus pensamientos hacia Sheyla, pero la escena que tenía gravada —para siempre— en su cabeza era la de ella arrodillada frente a esas personas perversas que solo querían destruirla.

Cuando quiso ponerse las botas, se dio cuenta de que estaba temblado. Lo ignoró hasta que estuvo vestido y abrigado, pero cuando quiso salir, otra persona entró. Su rostro estaba iluminado por la pantalla de un celular.

En las alas del OliamDonde viven las historias. Descúbrelo ahora