›Si todo fuera diferente...‹

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Después de un exhaustivo día de prácticas los Grounders estaban sentados de aquella manera en el suelo de la sala de prácticas. No sabían cuando ni como, pero Daniel había conseguido que Sungchul se dejara abrazar y le estaba usando como peluche cosa que le hacía gracia a los mayores.

Los once chicos estaban hablando tranquilamente, de vez en cuando algún zapato salía volando, Jay y Jake eran bastante raros en ese sentido, se llevaban muy bien pero de vez en cuando tenían alguna peleilla que llamaba la atención de los otros.

—¿A quién echáis de menos de I-Land?— preguntó Sungchul acurrucado en los brazos de Daniel.

—¿Estás tomando la palabra de Taetae?— observó Hanbin. —Yo echo de menos a Wonie, siempre nos hace sonreír.

Los Grounders originales más jóvenes asintieron a su comentario y siguieron diciendo los chicos a los que echaban de menos.

—Yo echo de menos a Euijoo hyung.— añadió Daniel que le tenía mucho cariño a su compañero. —Además, estoy seguro de que Jakey echa de menos a Sunghoon hyung.

El australiano que estaba apoyado sobre el hombro de Jay empezó a reclamarle, Daniel había cogido la mala costumbre de no usar los honoríficos coreanos con él así que estuvo a nada de empezar a gritarle pero Jay le detuvo acariciando su pelo.

—Jake, yo también echo de menos a Sunghoon pero a ti te voy a pegar por robarme a mí compañero.— empezó a sacudirle haciendo como que estaba enfadado.

El resto de los chicos se rieron por la extraña conversación, pero Nicholas y Youngbin sabían bien que desde que Jake empezó a llevarse bien con Sunghoon este había dejado de prestarle atención a Jay.

—¿Y Ni-ki? ¿A quién echas de menos?— preguntó Hanbin.

—Conociendo a los tóxicos— comenzó Kyungmin. —Seguro que dice Ta-ki.

El japonés se puso de pie y estaba a nada de saltar sobre Kyungmin pero Jimin le detuvo tomándole por la camiseta. No sabía que le ocurría,  ¿había saltado de esa forma porque le había llamado tóxico o porque había nombrado a Ta-ki?

Todos le miraban como si estuviera loco y por un momento estuvo de acuerdo, pero la sonrisa que le había echado el otro chico no le gustó nada, actuaba como si supiera más de Ta-ki que él y eso no le gustaba.

—Ni-ki hyung, sabemos que eres un gran amigo de Ta-ki pero cálmate.— dijo Daniel abrazando su brazo.

—¿Quieres que me calme cuando este... Desgraciado me ha llamado tóxico?— miró al estadounidense. —No puedo quedarme callado si habla así de mi Ta-ki.

Sungchul y Daniel le miraron, no sabían de que hablaba concretamente pero algo que Sungchul si tenía claro es que estaba entendiendo mal a Kyungmin.

—Ni-ki, Kyungmin no se refería a eso.— tomó su mano. —La semana pasada  le hicimos la misma pregunta a Ta-ki y él te eligió a ti incluso sabiendo que le habías votado.

—¡No hay forma de que él lo supiera!— se negó a creer. —Y tú.— señaló a Kyungmin. —No conoces ni la mitad de Ta-ki que yo conozco así que no te atrevas a decir su nombre.

—Hey Ni-ki, ya no eres un amigo para Kiki.— dijo Kyungmin.

—No tienes derecho a llamarle así.— levantó la mira hacia el coreano. —Solo yo puedo llamarle así, ese fue nuestro acuerdo, ¡tú no puedes simplemente venir y llamarle así!

Jay se levantó y tomó a Ni-ki por la muñeca sacándolo de allí, el pequeño japonés tenía la cara roja y estaba a punto de llorar de impotencia así que tan pronto como llegó afuera le abrazó, hay muchas cosas que podían alterarlo y sabía que estar lejos de Ta-ki era una cosa más que agregar a la lista.

En algún momento Ni-ki había acabado acorralado contra la pared, sin embargo sus brazos estaban rodeando el cuello de Jay mientras escondía la cara en el mismo para esconder su cara porque estaba llorando.

—Hyung, yo... Echo de menos a Ta-ki.— susurró entre lágrimas. —Echo de menos sus caricias y mimos. Le quiero de vuelta...

Jay se resignó a acariciar el pelo del más pequeño, ¿le estaba dejando claro que Ta-ki y él eran o son pareja? Ese pequeño chico era tan complejo a veces que tan solo se permitió besarle la cabeza con cariño, no podía permitir que nada ni nadie le hiciera daño, no más.

Una vez se tranquilizó se separó del mayor.

—¿Sabes una cosa, hyung?— comenzó a hablar Ni-ki.

Él y Jay estaban apoyados en la pared de Ground sobre sus espaldas mirando el cielo esperando ver alguna estrella, pero por la contaminación lumínica no podían.

—¿Me vas a preguntar que si sé que odias el uniforme porque no tiene capucha?— bromeó el mayor.

—Pero- no, no era eso.— se quejó mirándole de reojo. —Si esta vez subimos a I-Land puede que ya no compartamos habitación.

Jay miró a Ni-ki como si acabara de decir la cosa más loca del mundo. ¿Acaso importaba compartir habitación cuando volvieran a I-Land? Mientras que pudieran subir no tendrían problemas y confiaba en que ambos subieran, Ni-ki era muy talentoso si no subía no tenía sentido.

—Hyung, ¿volvemos a practicar?— preguntó el menor mandándole una mirada directa.

La respuesta fue una negación con la cabeza. Ya estaba tan cansado de bailar que sentía que podría desplomarse allí mismo, pero no quería que el japonés lo supiera así que se excusó diciendo que quería tomar el aire un rato más.

Ni-ki miró una última vez a su amigo y entró a Ground, los chicos estaba sentados en el suelo, los bancos y también había unos cuántos en el comedor así que fueron cuatro o cinco los pimpollos que le siguieron a practicar.

Una vez que todos habían calentado de nuevo porque habían estado como media hora sin hacer nada comenzaron a practicar. Todos seguían los pasos del japonés a la perfección menos Kyungmin, parecía que cada cosa que este hacía era para molestar a Ni-ki así que siendo un buen líder fue a corregirle y este tan solo seguía vacilándole, le gustaría dejar que Kyungmin fallara pero su deber como líder era que los 11 pudieran ser grandes en el escenario —si llegaban a presentar— así que le siguió corrigiendo aunque todo el mundo estuviera en su contra y por primera vez quiso pegarle a Daniel por entrometerse, ¿tan difícil era abrir los brazos solo un poco más?

—¿Sabéis qué?— soltó la tablet en el suelo y se dirigió a la puerta. —Hasta aquí el ensayo de hoy.

Salió de Ground y vio a Youngbin y Jay hablando, fue con ellos queriendo ser reconfortado y gracias a Dios ambos chicos le abrazaron y le mostraron su apoyo, para algo Youngbin era la madre de I-Land.

Solo quería que todo fuera diferente, que nada hubiera cambiado con Ta-ki, pero su vida había dado un giro drástico por él.

La promesa fue el cielo [En Edición]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora