Sugar Daddy (Gallego-Pedro Alonso)

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Isabela caminaba de manera rápida y nerviosa, temblaba de frio mientras se desplazaba por las calles llenas de lluvia de Nueva York, su madre Delia era una matrona de un prostibulo y distribuía droga de un tal Gallego, la cuestión es que el pago que le mandaba cada mes, ahora le toco llevarlo a ella, ella no quería esa vida, pero apenas y se podría decir que tenía futuro, mientras su madre no la metiera en su negocios todo estaba bien, la diferencia es que ella trabajaba en una cafetería su madre no le había mandado el pago completo a Gallego y este casi le destruía el prostibulo, Isabela tenía dinero guardado para la matricula de la universidad, su madre era mala, pero era su madre, así que en persona llevaría el dinero que debía su madre, y que por favor no la matará, llego a un edificio el cual estaba custodiado por un par de gigantes guardias o matones.

Isabela.- Disculpe, busco a Gallego de parte de Delia traigo el pago.

El fulano hablo a la radio, y se escucho un dejala pasar, Gallego el cual observaba por la cámara vio a la chica, su idea era matar de una a Delia le traía muchos problemas pero esa chica le dio curiosidad, Isabela subio por el elevador hasta el penthouse de Gallego, el ascensor se abrio y a diferencia de ella que iba al grado de la hipotermia ese departamento estaba calido, claro bendito aire acondicionado.

Gallego.- Pasa hasta la sala.

Isabela.- Vengo a dar el pago de Delia - dice mientras se acerca a la sala.

Al llegar a la sala, sentado en el sillón se encontraba un hombre el cual desprendía un aura intimidante, alto, cabello negro ojos profundos y misteriosos, por un momento penso en que se sentiría se tocada por las manos de ese sujeto y que le quitará ese frio que llevaba no solo en la piel si no en el alma, bajo la cabeza, con las mejillas sonrojadas gesto que no paso desapercibido por el Gallego, el cual la veia como una muñeca la cual quería poseer.

Gallego.- Ven sientate.

Isabela.- No puedo señor.

Gallego.- Llamame Gallego e insisto.

Isabela.- Esos sillones se ven elegantes y yo estoy toda empapada.

Gallego.- Insisto.

La chica se sentía intimidada realmente la voz grabe de ese sujeto la hacia temblar o quizas era el frio, el se levanto y ella se tenso de inmediato, el salio de la sala, cuando regreso traia una toalla la cual le coloco a la joven en los hombros, ese contacto entre las telas le hizo sentir un hormigueo por todo el cuerpo, vio las manos de aquel hombre, eran grandes y finas, se sonrojo y bajo la mirada, Gallego se sento en el mismo sillón que ella.

Isabela.- Le entrego - era un sobre que tenía una M era amarillo y tenía bastante dinero.

Gallego.- Esta el pago del mes, pero no cubre la deuda, sabes eso era una advertencia, fácilmente puedo matar a vuestra madre, la cual tiene ya un año de deuda conmigo fui benevolente y le permiti pagarme por mes pero, se a atrasado ya 5 meses, y esto es una burla.

Isabela.- Yo puedo pagarle.

Gallego.- No pareces una puta como las que trabajan con tu madre, ni si quiera te pareces a ella.

Isabela.- No yo, por favor -Trata de no llorar- no tengo a nadie mas que a ella, y esto es todo lo que tengo.

Gallego.- ¿De dónde sacaste este dinero? ¿Era para un tal M? -le limpia la lágrima que bajaba por su mejilla.

Isabela.- Trabajo en una cafetería cerca del parque, son mis ahorros para la Matrícula de la universidad, eran.

Gallego.- ah querida, me haces sentir un hijo de puta sabes lo soy, pero ahora lo tengo mas presente, y denotas una inocencia muy tentadora, con ganas de tomarme aquí mismo en este sofá - pone su mano en el mentón de la chica y lo levanta - pero no es mi estilo, vamos a hacer un trato tu me das algo y yo no mato a tu madre ¿Vale? Aunque deberías darte cuenta que ella no merece una cría como tú.

Palermo Y Berlín (Rodrigo y Pedro) - One-ShotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora