Karen estaba tan tranquila en su mesa favorita de la cafetería. Disfrutando de un rato con sus amigas, deslizaba una y otra vez a la izquierda cada cara que aparecía en su pantalla. Tras su melena rubia y su blusa rosa chicle, los ojos de Blanca no perdían detalle de todos los adonis que su amiga ignoraba. Por supuesto, ella había sido quien le había creado el perfil. Llenito de fotos cargadas de sensualidad y un exagerado proceso de edición, para parecer aún más jóvenes de lo que eran (porque, obviamente, se había colado en algunas fotos... "para que todos sepan quien es tu mejor amiga, que tendré que darles el visto bueno si quieren algo contigo"). Una edición, sobra decir, totalmente innecesaria, ya que ambas estaban en el equipo de equitación y tenían un cuerpo envidiable. Añadidle las trenzas caoba de Blanca y el culo prieto de Karen y podéis imaginar qué club de fans traían detrás.
De pronto, Blanca agarró con ímpetu la mano de su amiga antes de que pudiera pasar de aquel chico. Se miraron y compartieron una sonrisa malévola antes de llamar al tercer y último pilar de aquel club: Tanya. Un curso mayor que ellas, experta en el arte de la seducción, metro ochenta de ironía y diez o veinte centímetros más de tacón y mala leche. Su perversión era tan larga como sus piernas y sus curvas tan envolventes como sus rizos. En cuanto vio el perfil que le ensañaban sus amigas, supo exactamente lo que iban a hacer.
"Samuel, 35 años, profesor de historia de día, perro malo de noche". Un desliz a la derecha y... ¡Match!
No les hizo falta hablar demasiado con él para saber que efectivamente era su nuevo profesor. También consiguieron un par de fotos en ropa interior y una inusual confesión: le encantaba el BDSM. Las tres chicas reían y planeaban con cada comentario de Samuel, deleitándose en el cuerpo tonificado y moreno que veían en pantalla. En su cabeza imaginaron escenarios donde publicaban las fotos para avergonzarle, hablaban con la dirección de la universidad... pero su favorita, sin duda, era aceptar esa excitante propuesta.
- Tenemos que hacerlo.
- Sin duda.
- Todas de acuerdo entonces. Enviando... y... Listo. Que empiece el juego.
Desde ese momento, el profesor Samuel pasó a ser su perrito Sam. Todo lo que ellas decían, él lo hacía y, por supuesto, mandaba pruebas de ello. Empezaron por lo fácil: "a la próxima clase irás sin ropa interior", "los perros no comen con cubiertos" o "a ver cómo te queda el collar que hemos dejado en tu despacho... lo llevarás a clase mañana". Luego complicaron el juego: "cada vez que una de nosotras levante la mano, desatarás un botón de tu camisa". Podían notar su excitación, hacia el final de cada clase, Sam tenía que terminar las explicaciones tras la mesa, para cubrir la erección y tratar de esconder su torso semidesnudo. Ellas le premiaban, a veces, desabrochando un poco sus blusas o abriendo las piernas al más puro estilo de "instinto básico". Pero el gran final aún estaba por llegar.
"¿Cuál es la mayor fantasía de nuestro perro baboso?" habían preguntado.
"Que mis amas tengan el poder total. Dónde y cuándo quieran." Fue su respuesta.
Así que aquel viernes Karen, Blanca y Tanya faltaron a clase. Sam se puso nervioso. Le habían ordenado llevar su mejor traje, solo que con una pequeña modificación: bajo la elegante tela negra, llevaba unas medias enganchadas a un tanga de encaje muy suave, en el que apenas entraba su enorme pene, por lo que éste rozaba con cada movimiento y se endurecía cada vez más. También le habían advertido de que llevara el móvil en el bolsillo y en vibración, por lo que imaginaba que aquel roce no sería la única tortura que enfrentaría durante la clase. Por supuesto, seguía llevando su collar de cuero negro bajo la camisa y corbata. Collar al que habían añadido unas finas cadenas que acariciaban sus pezones al moverse y le hacían cosquillas en la espalda. Aquella iba a ser una clase muy larga... Pero él aún no sabía cuánto.

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Sam
General FictionMe reta @TudeseoX a escribir una historia sobre 3 niñas pijas de 20 años que secuestran a un profesor... Así que.. sin más... Primera parte