Una vista al pasado.

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Era mi turno, respiré hondo mientras sentía  como el corazón casi se salía de mi pecho. Para comenzar a concentrarme en todos los malos recuerdos que tenía.
Entonces todo sucedió.
La voz electrónica dijo unas palabras para poner a la audiencia en el contexto de mis circunstancias.
-Cuando Andrea nació, su madre la odiaba. El poco tiempo que pasó con ella, solo sintió frío y hambre.-
De repente sentí el reflector sobre mi cara.
-Mira mamá, te hice un dibujo- dije con fingida alegría sabiendo lo que iba a pasar después.
Un holograma de mi madre apareció frente a mí, me miró con ojos despectivos para después pronunciar las palabras que me habían hecho darme cuenta de que ella en verdad no me quería.
-¡Niña estúpida, yo no quiero ningún tonto dibujo. Además es horrible!-.
Las lágrimas salieron de mis ojos, mientras abrazaba el dibujo contra mi pecho.
La voz nuevamente habló:
Andrea hacía de todo para que su madre mínimo le mostrará una pequeña muestra de afecto. Pero en vez de eso su madre comenzó a beber y mientras esto pasaba la niña siempre salía golpeada hasta que perdía el conocimiento.
-¡Mamá, por favor basta!- gritaba, antes de que todo mi mundo se oscureciera.
Un día, cansada de tantos maltratos probó suerte en la calle. Pasaron semanas antes de que pudiera volver a tener una migaja de pan, hasta que un día se le ocurrió comenzar a cantar. Su canto era tan bellamente lastimoso que pronto, se hizo de algo de fama, tanto que un cantinero le ofreció trabajo a cambio de comida y techo.
De pronto un holograma de mi "salvador" apareció frente a mí dándome un traje de charro.
-Ahora comienza a cantar-. Me decía él con una sonrisa en el rostro.
Aún recordaba la sensación, de la primera vez que había tenido un público como aquél. No eran más que gente borracha, de miradas espectantes, curiosas y me atrevo a decir que algunas lujuriosas.
Está vez era un público diferente aquí nadie sentía curiosidad, todas sus miradas eran frías y calculadoras.

Me aclaré la garganta para comenzar a cantar mientras sonaba la música.
Yo tenía una costumbre muy extraña de siempre cantar con los ojos cerrados, porque cuando los abría me encontraba con ojos lagrimosos y narices moqueantes.
Pero está vez no, canté y lloré con todo el dolor que tenía dentro.
Como era de costumbre la gente comenzó a llorar como si mi pena fuera la de ellos mismos.
Entonces, la voz habló nuevamente:
A ella le iba bien cantando en aquella cantina, pero lamentablemente al igual que su madre comenzó a beber. Tal era el dolor que con solo arrimarle una botella de tequila ella comenzaba a llorar, recordando aquel sufrimiento.
Pero un día todo empeoró, había llegado a la cantina un apuesto joven que la invitó a bailar.
Mientras ellos sonreían y eran felices en la pista de baile. El dueño del lugar miraba con malos ojos al joven que acompañaba a Andrea.
Y no sé equivocaba, aquel hombre tenía el plan de abusar de la muchacha de mirada triste.
Cuando estaban a punto de irse, los dos hombres comenzaron a pelear.
Un arma se desfundó y alguien disparó....
Ese alguien era Andrea, quien queriendo atinarle al desconocido le dió a su mejor amigo.
-¿Qué, por qué?,¡Ayúdenme!, ¡No se queden ahí mirando! Les gritaba a las personas del local mientras sostenía entre sus brazos al dueño del local.

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⏰ Última actualización: Aug 09, 2020 ⏰

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