Nube No. 27

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Las gotas de lluvia son más dulces de lo normal, veo como adornan tu rostro mientras caen en tus delicados espacios arquitectónicamente perfectos – ¡Qué paz, qué armonía! – desbordas tranquilidad con tus pupilas cerradas, con ganas de respirar profundo y dejar que el agua entre y te recorra por dentro, así como lo hace por fuera, de la misma forma, con la misma frescura. Saboreo lo dulce de cada gota imaginando que me tomo a sorbos tu alma. Tengo los pies congelados y las manos casi inmóviles, es normal que me duelan los oídos también, pero carajos, sí allí está el sol, con sus rayos filtrándose a través de tus dedos cuando estiras las manos hacia mi pecho, ¿Por qué tengo tanto frío, si el sol está latente? Mientras me tomo a sorbos tu alma, intento responder esta pregunta. No tengo éxito. Hasta que por fin reposas tus manos tibias en mi pecho, me recargas de calor, haces que dentro sienta miles de arcoíris despejando mi cielo y adornándolo con los colores de tu cálida energía. La respuesta a mi pregunta me saltó a la vista porque cuando me tocas me haces mejor, me reinventas, me llenas de paz sin importar que el mundo se esté cayendo a pedazos, tú me tocas y yo me siento superior, con lluvia y sol, con viento y marea, con dulce y sal. La respuesta para mis males eres tú.

El cielo tiene tu nombreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora