[Ni-ki]
¿Recuerda esos días? Cuando la brisa revolvía su pelo y sus carcajadas eran una preciosa melodía. ¿Sigo andando por su mente? Caminando por la vera del río, justo detrás de él, admirando su forma de caminar. Puedo visualizarlo justo ahora, como gira para mirarme y a través de mi pequeña cámara le saco una fotografía, porque su sonrisa es tan preciosa que tenía que inmortalizarla.
—Tatan chan, ten cuidado.— pidió entre risas Ta-ki.
Mi hermanita estaba paseando con su Yukata por fuera de la acera y como siempre, mi pulpito le tomó la mano preocupado. Siempre sentí que a Tatan le agradaba mucho Ta-ki y en cierta forma me hacía feliz, solo que me ponía un poco celoso de que me cambiara por el chico que robaba mis suspiros.
—Onii Chan, el cielo es muy bonito.— cambió de tema mi pequeñaja agarrándose al Yukata de su —al parecer— nuevo hermano mayor.
Me bajé del bordillo para alcanzar a mis adorables acompañantes, tomando a mi pulpito de la mano y sonriéndole. Me fascinaba lo bueno que es, se puso un traje tradicional solo porque Tatan no quería ponerse el suyo si lo tenía que hacer sola; cuando mi madre se enteró de que iríamos al festival, de que Ta-ki y Tatan irían en Yukata intentó que yo me pusiera el mío pero, ¿para qué mentirnos? Necesito más movilidad para poder sacarle fotos hermosas a mi pulpito.
Me miró sonriendo y bajó del bordillo, con cuidado de que la pequeñaja no se tropezara la levantó y la dejó con cuidado en el suelo entre ambos, haciendo que instintivamente ella nos tomara de las manos a los dos. Compartimos una mirada cómplice y quise tomarle una foto más, pero los fuegos artificiales comenzaron a brillar en el cielo haciendo que miráramos al cielo, eran tan hermosos... Mi vista se desvió cayendo de vuelta en Ta-ki. Las luces se reflejaban en sus ojos y su pelito estaba recogido en una pequeña coleta que le había echo su hermana, desgraciadamente no había podido acompañarnos hoy, pero el recuerdo lo tendría seguro. Le tomé una foto y me la guardé en secreto, sería mi pequeño tesoro.
Tomé su mano sonriendo y empecé a tirar de él riendo, debíamos de encontrar un buen lugar pronto porque sino las cosas no saldrían como yo quería y bueno, no quería fastidiarlo todo, al menos no hoy.
—Sentaos aquí.— les pedí a Tatan y Ta-ki señalando unos bancos delante del puente. —Traeré helados.— sugerí mirando a mi hermana.
Mi hermanita asintió entendiendo la señal, tan pronto como mi pulpito asintió y Tatan se puso a distraerlo, salí corriendo, debía de cruzar el puente antes de que acabaran los fuegos artificiales, gracias a Dios que mi hermana en el fondo me quiere y aguanta porque si Ta-ki me pillara corriendo a mitad del festival intentaría detenerme, pero no podía hacerlo ahora.
Crucé el puente corriendo, pendiente de que los cohetes siguieran sonando, así Ta-ki estaría distraído y no se daría cuenta de cuánto tardo y es que, cuando miré hacia atrás en el puente, pude ver su ilusión mirando el cielo. Gracias Hanabi por existir y hacerle feliz.
Corrí sin parar hasta llegar a la otra orilla, justo enfrente del pulpito. Tuve que pedir perdón a muchas personas pero creo que sí supieran por qué lo hice no sé enfadarían. Allí estaba él, con su coletita, a 26 metros de mí, sonriendo. Miré al cielo, los fuegos artificiales estaban por acabar, era mi momento. Grité, llamé su nombre y después de varios intentos creo que me oyó, porque su mirada acabó justo en mí, se veía sorprendido y se levantó del banco, apoyándose en la valla de seguridad para no caer al río; buscó con la mirada el puente para venir a buscarme, pero le detuve: —¡Quédate ahí!
Después de la carrera que había pegado me costaba respirar, estaba sin aliento pero pensaba que valdría la pena hacerlo, solo debía esperar un par de minutos más.
Acerqué mi mano en la distancia, estirando el brazo hacia él y vi que hizo lo mismo, ¿cómo alguien podía ser tan tierno? Nos sonreíamos, por un momento solo éramos nosotros dos en el mundo. Los fuegos artificiales se detuvieron y en el cielo se empezaron a poder ver las estrellas, era ahora o nunca.
—¡Ta-ki!— grité su nombre recibiendo en respuesta su dulce voz gritando el mío. —¡Escúchame atentamente! ¡No lo voy a repetir!— continúe gritando y esta vez le vi asintiendo con la cabeza, siempre tan adorable.
Agarré fuertemente la barandilla que era mi límite para caer al río y que la corriente me llevara. Mis labios pronunciaban nerviosos con timidez, pero supe controlarme, era hora.
—¡Claro que sí!— escuché desde el otro lado y vi como corría con dificultad hacia mí.
No tardé mucho en correr hacia él y pronto nos encontramos a mitad de puente, me miró sonriendo y yo tenía los ojos llorosos. Sentí como me abrazaba, el abrazo más cálido que había sentido nunca.
—No llores, idiota.— reía mientras me acariciaba el pelo, que delicado.
—¿Cómo quieres que no llore?— reí irónico mientras lloraba. —Ahora te tengo como novio, no puedo ser más feliz.
Escuché su dulce risa y oculté mi cara en su cuello, apreciando ese aroma que tanto amaba; el olor de mi pulpito. Me acariciaba el pelo mientras reía y me mecía, me sentía tan feliz de tenerlo de esta forma que ni siquiera noté cuando Tatan nos abrazó también.
Más tarde...
Cuando el festival acabó nuestras madres vinieron a recogernos, no entendían porque estábamos tan felices pero tampoco era plan decírselo, este era nuestro pequeño secreto. Bajo las estrellas del cielo de Osaka entrelazamos nuestras manos de forma que nuestras madres no se dieron cuenta y mientras nos preguntaban que hicimos les enseñé las fotos que había sacado aunque se entristecieron porque yo no salía en ninguna, pero para mí estaba bien, eran las fotos de la persona que más amaba —junto a mi hermana—.
—Bueno, Ni-ki kun, nos vemos otro día.— se despidió la madre de Ta-ki despeinándome.
—Perdone, ¿no podemos quedarnos Ta-ki kun y yo un rato más hablando?— pedí haciendo puchero.
La señora aceptó y yo la abracé, nos dejaron estar tumbados en el césped un rato, mirando el cielo nocturno y haciéndonos promesas mientras reíamos y yo poco a poco acabé manchado de hierba el Yukata de mi ahora novio. Porque en ese momento sentimos que el cielo tomaba nota y es que, nuestras sonrisas acabaron siendo parte de las estrellas.
—Tomaré tu mano siempre.— comenzó a hablar Ta-ki. —Y después de nuestro duro trabajo seremos así...— se detuvo y alargó una mano al cielo. —Brillaremos como las estrellas y lo haremos juntos, porque Ni-ki— posó para su mirada sobre mí y aprecié el brillo de sus ojos ilusionados. —, eres la estrella más brillante de mi cielo.
Nunca dejaría de confiar en él, siempre fue la luz de mi vida, porque con él aprendí a ser feliz y Ta-ki siempre fue todo para mí.
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La promesa fue el cielo [En Edición]
FanficDespués de todo Ni-ki siempre supo que hay promesas que no duran y después de entrar a I-Land Ta-ki se lo confirmó. Quizás incluso con solo dos horas podía comprobar que las estrellas en el cielo no brillaban de la misma forma sin él, puede que nunc...