Contrato

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—¿Ya lo leíste todo? —le preguntó Sofía a un Maximiliano pensativo—. Las prestaciones de ley están al día.

Ambos revisaban el contrato laboral dentro de la oficina de Sofía que, aunque era más pequeña que la de Marcela, le provocaba una sensación de rechazo.

Era viernes por la tarde y según supo se volvía urgente que se incorporara a trabajar.

—Sí... Pero tengo dudas —respondió sin mirarla. Pronto comenzó a sentirse como un cordero asustado. Toda su seguridad se esfumaba porque por dentro le preocupaba lo que estaba sucediendo, aunque no pensaba reconocerlo frente a la gerente.

—Adelante, te escucho —Lo miró interesada, se quitó las gafas y las dejó sobre el escritorio blanco.

Max se encontraba sentado frente a ella y le acercó una carpeta abierta que contenía varias hojas engrapadas.

—Aquí dice que durante los viajes no tendré horario fijo y que puede que se me necesite los siete días de la semana. —Señaló hacia el papel.

—Eso solo es cuando tengan que salir fuera del país, lo dice en el punto cuatro. También dice que tendrás algunos días de vacaciones cuando regresen. El tiempo que te den lo determina la jefa. —La tarea de buscar intérpretes cada vez se volvía más tediosa y solo duraban, en el mejor de los casos, un par de meses. Tenía que sacar su lado más elocuente de inmediato. Convencida, masajeó su frente y alzó la barbilla—. Mira, esto es algo en lo que debes entregarte por completo, pero vele el lado positivo: estás en el medio que te interesa. ¿O me equivoco? —Puso su mirada fija sobre él y bajó la voz—. Aquí puedes encontrar una oportunidad como actor más fácil de lo que crees porque te vas a codear con gente que sabe y puede mucho.

Max analizó rápido aquellas palabras. Lo que decía era cierto. Las amistades influyentes podían llegar a ser muy convenientes en ese mundo que se movía por recomendaciones y favores.

—Está... bien, no hay problema —dijo con un ligero toque de titubeo. Se sentía más confundido que antes, pero el sueldo de nuevo lo incitó a seguir. De todos modos ya había pedido la baja en su escuela, una decisión que fue más complicada de lo que imaginó, y procedió a firmar el contrato que no terminaba de procesar.

—Voy a tramitar tu pasaporte y como no tienes visa canadiense debo solicitar un permiso electrónico de viaje. —Antes de continuar con sus tareas que listaba, se detuvo a inspeccionarlo—. ¿Eso es lo mejor que tienes? —Lo apuntó y levantó una ceja.

Max llevaba puesto un traje sastre desgastado en color negro y una camisa roja que tenía pequeñas manchas de cloro.

—Lo siento, sí —le respondió avergonzado. Su cuenta de ahorro vacía no ayudaba en su nueva aventura ya que no le alcanzaba para comprar trajes nuevos, ni siquiera una camisa decente.

—Ya veo. —Por un breve momento contempló opciones y clavó sus ojos felinos sobre su nuevo compañero. La combinación de su piel morena, ligeramente rojiza, junto con unos ojos grandes y oscuros y un cuerpo cuidado sí que llamaba la atención. Criticar hombres era una cosa que no hacía con frecuencia. Confirmó que él era un espécimen masculino demasiado atractivo y peligroso. Pensó que, si fuera heterosexual, sin duda ya estaría buscando la manera de atraer su interés. ¡Como un estallido en su cabeza, reparó en su amiga! Un nuevo temor vino a ella: el de que Marcela no lograra resistir una tentación como es, e imaginó todos los malos escenarios con los que tendría que lidiar.

—Compraré algo mejor cuando reciba mi primer pago —añadió Max para que ella saliera de su letargo.

—¡No, no, no! Te daré un cheque por adelantado —comentó apresurada. Sacó la chequera para llenar uno y se lo entregó—. ¡Ah!, y compra corbatas, son necesarias.

—Como usted diga. —Su incómoda situación lo ponía una vez más en una posición poco agradable para él, pero lo aceptó porque era necesario.

—Por favor, deja la formalidad. Sigue hablándome de. Ya me tiraste hot dogs encima, hemos cruzado la línea. Y... —cambió el tono de su voz por uno más dulce—, Maximiliano, solo... hazlo lo mejor que puedas.

—Así será.

Sofía se puso de pie y le ofreció una mano para cerrar el acuerdo de todas las formas posibles.

—¡Bienvenido a Producciones Matiz!

—Gracias. —Por dentro quería gritar porque su vida parecía que por fin iba a mejorar.

Al irse Max, Sofía observó la firma en el contrato que la liberaba de responsabilidades con las que tenía que cargar sin desearlo; todo gracias a la inestabilidad de su estimada Marcela.

El Intérprete ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora