Acuerdo

335 58 12
                                    

Sin duda, luego de los momentos que compartieron entre las sábanas, las cosas no volverían a ser las mismas. Esa mujer tan hechizante había pasado a ser una más en su lista de amantes, solo que en esta ocasión él ya tenía un compromiso con otra mujer. Estaba traicionando a Antonella y era algo que no lo dejaba tranquilo, pero la deseaba tanto que no logró detenerse hasta hacerla suya. Lo peor de todo era que ese deseo no desapareció con su primer encuentro, ¡ansiaba todavía más! Era necesario que determinaran qué rumbo tomarían al haber cruzado la línea.

Al día siguiente, cuando se disponían a irse a dormir, cada uno a su habitación después de una larga jornada de trabajo, la encontró en el corredor.

—¿Podemos hablar? —le preguntó él con voz átona.

No habían podido estar a solas antes gracias a la presencia de Eloísa y a las extenuantes grabaciones. Después de tener sexo se fueron cada uno a su recámara sin decir una sola palabra. La urgencia de saber lo que pasaría iba creciendo y ya no quería esperar más.

—Vamos a la sala —lo invitó a seguirla, fingiendo indiferencia.

Incluso con su ropa de noche despertaba su libido y no pudo evitar perderse en el recuerdo de cómo la tuvo entre sus brazos.

—Tengo que confesarte algo —exclamó él luego de que se sentaran en el sillón más grande y la tomara confiado de la mano—. Estoy muy preocupado por un asunto.

—No tengo ninguna ETS —mencionó ella sin escucharlo antes—. Mi última relación fue hace casi un año y tengo la costumbre de hacerme análisis de eso cada seis meses. Así que debes estar tranquilo. Puedo enviártelos por correo si es necesario.

Lo cierto es que no tuvieron el cuidado de usar protección porque ninguno tenía uno a la mano.

Max se desconcertó por su respuesta precipitada e hizo una mueca de asombro.

—Esa no era mi preocupación, pero es bueno saberlo y te agradezco. Claro que no es necesario ningún correo. Yo tampoco tengo nada de eso. Suelo ser muy cuidadoso. Aunque no lo creas fallé en esta ocasión y es la primera vez... Pero lo que quería decirte era que me siento preocupado por... —titubeó y sus manos temblaron, haciendo que ella lo notara y lo observara preocupada—, un posible embarazo —finalizó contrariado.

Un hijo era lo que menos deseaba en ese momento de su vida en que avanzaba con sus proyectos. Todavía le faltaban varios planes por realizar antes de aventurarse a ser padre.

Ella permaneció en silencio un instante. Llevaba bastante tiempo sin pensar en eso porque su posibilidad era nula, sin embargo, no dejó de dolerle el recordarlo.

—Yo... —Se quedó meditando dos segundos, como si con eso obtuviera fuerzas y después continuó—: no puedo tener hijos. Es algo que no pasará —confesar con pesar.

—¡Oh!, lo siento, pero tenía que decírtelo —le dijo, sintiendo aflicción por su situación.

Aunque desconocía si Marcela había deseado ser madre en algún punto de su vida, sabía que era un tema que no volvería a tocar para evitar abrir heridas de tal magnitud.

—¿Es todo? —lo cuestionó intentando parecer tranquila, pero por dentro le quemaban las ansias por saber lo que él pensaba respecto a su encuentro.

—¡No! —La contempló desasosegado y apretó un poco su mano—. Es que... Sé que no debería preguntar, pero necesito saber qué va a pasar ahora... con nosotros. —Su voz, a pesar de ser hipnótica, esta vez parecía que vacilaba demasiado.

Su jefa inspeccionó la postura que él tenía: ¡tan tensa! Era su oportunidad para frenar aquel disparate, pero al verlo y recapitular lo que ofrecía, optó por el camino fácil.

—¿Por qué no dejamos que las cosas vayan fluyendo solas? Vamos a estar alejados de todo el mundo otras tres semanas, tal vez cuatro si las grabaciones lo demandan, así que nos queda tiempo para seguir... conociéndonos.

Ella sabía que no debía meterse en esos terrenos tan peligrosos, ¡pero es que lo disfrutó tanto! Su hombría, su determinación, su juventud. Todo él la llamaba a equivocarse.

—Supongo que es lo mejor. —Entrelazó sus dedos con los suyos y dio un pequeño respiro. La propuesta que le dio lo dejó satisfecho.

—Sin forzar nada, ¿te parece?

—Sin forzar nada —aceptó y se acercó para besarla, sellando con eso su acuerdo. En su interior, todas las dudas se disiparon porque sabía que contaba con el tiempo suficiente para poder gozar de los placeres que su compañía proporcionaba y, sin ponerse a contemplar daños colaterales, resolvió que lo aprovecharía al máximo.

El Intérprete ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora