Capítulo 4 "Lluvia de acero"

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Artemisa arremete contra su oponente disparando una flecha directo al agujero del árbol por el que le disparó John. Este se agacha, arranca un pedazo de corteza del rugoso tronco y corre hacia el árbol a su izquierda, para esconderse.

Artemisa saca una flecha roja de su carcaj y la dispara hacia el mismo árbol, pues ella aún no se ha percatado de que el vaquero ya no se encuentra ahí; esto debido al estado de cólera en el que la diosa había entrado, su profundo odio hacia el acto de John se manifestó con muchas de esas flechas rojas impactadas en aquel tronco. Ni bien pasaron cinco segundos el árbol comenzó a arder en un mar de llamas.  


—¿Por qué la señorita Artemisa se enojó tanto con John? —Pregunta Geir al así misma en voz alta.

—Ella odia a los hombres prácticamente desde que tiene uso de conciencia —Le contesta Brunhild—. Y francamente no la culpo, primero ganó un miedo terrible a embarazarse despues de tener que ayudar a su madre a dar a luz a su hermano, Apolo. Después adquirió un asco a todo lo relacionado con el sexo por los múltiples intentos de violación por parte de otros dioses de su panteón.

—Ehh... ¿Cómo es que sabes todo eso, Brun?

—Hace mucho tiempo ella y yo fuimos amigas. Resulta que no le agradaba la idea de que yo tuviera marido, intentó matarlo, y cuando la descubrí a punto de hacerlo, inventó que él la había violado para excusarse, pero la conozco, supe que mentía.

—Wow... Eso debió ser muy difícil para ti. Supongo que soy la primera a la que le cuentas esto —Intuye Geir al sentirse la más especial para Brunhild de entre todas sus hermanas.

—También se lo conté a John.

—¡¿P-Por qué le contaste a él algo tan personal?!

—Geir, para poder vencer a tu enemigo debes saber todo sobre él. Tan sólo le di una herramienta en forma de conocimiento, además...


Las palabras de Brunhild fueron interrumpidas por lo que sus ojos veían en el campo de batalla

La aparentemente incontrolable ira de la diosa fue diezmada en un instante por el roce de una bala, que de no ser por su tremendo oído, su abdomen habría sido atravesado.

Casi de inmediato una nueva bala sale disparada desde otra dirección con la intención de perforar el cuello de Artemisa, la cual por poco también logra esquivar.
Y así tres balas más salían desde otros rumbos; una atina al hombro izquierdo de Artemisa, pero la segunda y tercer bala las logra desviar con su arco.       

—Es imposible que un humano pueda moverse tan rápido detrás de los árboles —Pensaba la diosa —. Aún así... ¿Cómo es que este maldito puede dispararme desde tantos lugares a la vez? 

Artemisa logra calmarse un poco, cierra sus ojos, respira hondo y dirige toda su atención hacia sus oídos, para saber en cuál de entre todos los árboles a su alrededor se encuentra el pistolero.
John lo sabe, y es por eso que ya ninguna bala sale de sus revólver.   

—Ya sal de ahí, asesino... Puedes detener tus movimientos, pero no tu respiración —Esas palabras fueron dirigidas hacia el árbol que se encontraba a su izquierda.

Shuumatsu no Valkyrie: Red WinterDonde viven las historias. Descúbrelo ahora