Cierro mis ojos con fuerza para no ver lo que me acaban de hacer, el corsé se siente tan apretado que me deja sin respirar y el vestido pesa demasiado, algo me pica en las manos, la cara se siente pegajosa y polvorienta. No me siento como yo misma.
Cuando ya no siento manos sobre mi cuerpo es cuando doy por hecho que las doncellas acaban de terminar con su trabajo. Al abrir mis ojos me veo con asombro, estoy hermosa.
Sigo siendo yo pero en una monstruosidad de tela color dorado con guantes de encaje blancos y zapatillas del mismo color, no están tan altas como para tropezarme con ellas, mentalmente le doy las gracias a Paula por haberme enseñado a caminar con esto; el vestido es divino, como los de las películas antiguas, son como los que se usaban en el año mil ochocientos o algo así pero con un toque más moderno, me veo como una princesa. Lo que mas me gusta de esto es la parte de arriba, el escote es muy lindo, el corsé lleva unas mangas caídas y la espalda casi al descubierto, en la parte baja de la falda tiene unos cuantos cristales diminutos; de hecho son demasiadas capas de tela por lo que lo hace esponjado, algo así como el vestido de la Cenicienta en el live action.Aunque siento mi cara con mucha carga de maquillaje en realidad no llevo casi nada, mis labios han sido pintados con un rosa muy lindo y matte, llevo sombra de brillos dorados con un color oscuro para profundizar el maquillaje, mis pestañas se ven largas, mis pecas han sido cubiertas por la base y mi cara está contorneada. Han rizado mi cabello de alguna manera que se ve natural con unas trenzas diminutas en el y sosteniéndolas en la parte de atrás.
Me bajo con cuidado de la plataforma, con tanta tela que lleva el vestido me es difícil agarrarlo para no caerme, esto terminará siendo trágico.
De pie frente a la puerta y con el corazón a mil por hora empiezo a arrepentirme de todo esto, pero, todo sea por sobrevivir.
Antes de salir, la más joven de las doncellas me coloca una máscara, me doy un último vistazo al espejo despidiéndome de una vez de la Laris del pasado porque tal vez a partir de hoy ya no vuelva a existir, porque seré aniquilada.Justo cuando salgo al pasillo el Jailer aparece, se ve igual de bien como siempre, parece que fue a limpiarse los zapatos y toda la ropa pues ya no llevan tierra encima.
— Luces hermosa.— juraría que me lo dice de corazón pero yo no puedo hacer más que ruborizarme y sentirme asqueada por hacerlo.
— Gracias.
— ¿Vamos?— me tiende su brazo para que yo lo tome y al evidentemente no tener otra opción lo acepto.
— Está bien.
Me obligo a mi misma a sonreír, tal como dice Rose: oportunidades cómo está no ocurren todos los días.
Así qué tal vez, solo tal vez podría disfrutar de esta noche, podría ver al Jailer como algo más que un secuestrador, bailaría con él y estaríamos juntos hasta que amanezca, solo por hoy puedo ser mas que solo Laris o la chica adoptada.El escenario va cambiando mientras vamos caminando por los diversos pasillos, entre más nos acercamos a nuestro destino mas rápido me late el corazón y siento mis nervios oprimiéndome el pecho; en ocasiones me detengo frente a las puertas porque siento que en cualquier momento aparecerá Odette y me dirá que no debo estar por estos lugares. El personal encargado de cuidar y atender a los reyes se va haciendo más visible conforme nos vamos acercando a los padres del Jailer.
Al llegar a su lado la reina me examina de pies a cabeza, extrañamente su reacción no es la que esperaba.
— Lady Larenie, es un placer por fin conocerla, el príncipe Elijah nos ha hablado mucho de usted.— así que ese es el nombre del Jailer ¿eh?
Hago una leve reverencia de lo más ridícula al no saber como hacerla, escucho la sutil risa del Jailer, por un momento me dan ganas de darle un golpe en el estomago pero me contengo al recordar que debo comportarme y fingir que tengo modales.

ESTÁS LEYENDO
Prisionera de la Corona
FantasíaEn mi mundo lleno de libros, estaba acostumbrada a leer sobre los reyes que gobernaban grandes naciones, algunos príncipes se enamoraban de las plebeyas y se convertían en reinas con el pasar del tiempo. No estaba preparada para lo que veían mis oj...