Capítulo I - Uno de tantos sueños

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Es Viernes y son las 11:30am, Beatriz se encuentra afuera de la oficina, sentada en la terraza, disfrutando de la brisa combinada con calor. Haber terminado un script, pensando en la hora del almuerzo hasta que alguien abre la puerta y sale a fumar un cigarrillo.

Era Mariana, su jefa. Tomó su móvil y contestó una llamada mientras fumaba. Hablaba lo más bajo que podía, mientras Beatriz cerraba su cuaderno de apuntes junto con el script que había terminado. Se quedó sentada en una de las sillas que se encuentran en la terraza y por un momento cerró sus ojos, deseando que fueran las cinco de la tarde para salir del trabajo a su casa.

Mariana termina su llamada y se guarda el móvil en su pantalón. Mira de reojo a Beatriz y apaga el cigarrillo. Se acerca a ella lentamente, sentándose en una de las sillas que se encuentran en el lugar y le habla.

- Beatriz, ¿cómo te has sentido en tu nuevo trabajo? -preguntó Mariana sonriendo
– Me encanta. Pensé que nunca encontraría algo que me gustara mucho. -sonrió Beatriz tímidamente. Movía su cuaderno hacia los lados, como si estuviera haciendo calor.
– Hace brisa fresca, delicioso ¿no?
– Exacto… Muy delicioso -entonces dejó de abanicarse con su cuadernillo y se quedó quieta.
– ¿Trajiste almuerzo?
– Si, si traje. Comeré en la cafeteria de la oficina.
– ¿Porqué no almuerzas con nosotros? Nosotros vamos a comprar comida y luego venimos a la terraza a degustar nuestros alimentos, ¿qué te parece? -preguntó Mariana muy sonriente.
– Claro que sí, me apunto -sonrió Beatriz
– ¿Cómo vas con el script? -miró el cuadernillo de Beatriz, y ésta se lo dio.
– Ya lo terminé, solo me vine acá para relajarme un poco. Me encanta la vista, me inspira muchas cosas.
– Es hermoso, lo admito. Generalmente acá vengo a desestresar un poco mi trabajo, junto a un cigarrillo. Bueno Beatriz, fue un gusto verte, nos vemos acá en el almuerzo. Arreglaré mi oficina para irme, ¿te parece? -dijo Mariana levantándose de la silla.
– Mariana… Olvidas tu encendedor. -dijo Beatriz llamándola suavemente, entregó el encendedor y Mariana sonrió agradecida.- Nos vemos.

Beatriz, se quedó sentada por un momento más. Sonrió al ver hacia su alrededor y el cielo. Pensó que Dios es maravilloso con ella, porque le dio el regalo más sencillo pero más preciado de su vida. Su trabajo.

Mientras pasaba el tiempo, se levantó un momento y se fue a la orilla de la terraza. Veía como varios de sus compañeros se disponían a salir a almorzar. Se dirigió a la mesita y tomó su cuadernillo. Mientras caminaba hacia la puerta de la terraza, su estómago comenzó a pedir comida, se sonrió a si misma y pensó “ya comeré”. Abrió la puerta y la señora de limpieza chocó con ella. Beatriz con una sonrisa en su rostro, se disculpó. La señora sonrió.

Caminó un par de bloques hasta llegar a su pequeña y personalizada oficina. Desbloqueó su pórtatil y empezó a transcribir el script que había hecho. Debido a su experiencia, escribía muy rápido y mientras más veía cerca la hora del almuerzo, más se apresuraba. Eso de pensar en salir a tiempo para tomar el microondas vacio, calentar, preparar la comida y alimentarse. No era tarea fácil, pero ya era un hábito para ella.

Entonces, al terminar, envió su script a su jefa. Rogó porque no se encontrara nada malo o equivocado. Ya que era la primer tarea que le habían asignado en la semana.

Bloqueó su pórtatil, guardó su cuadernillo en la gaveta, se levantó de su silla. Y se dirigió a la pequeña sala-cafeteria de la oficina. Ya habían tres personas calentando, así que le tocó que esperar su turno. Sacó su comida del refrigerador, e hizo la fila para esperar su turno y calentar su comida.

Rodrigo, uno de los jefes de cuentas, entró a traer una soda que había dejado en el refri. Llamó a Beatriz, diciéndole que Mariana le esperaba en la terraza con los demás. Beatriz sonrió y pidió un poco de tiempo, ya que iba a calentar su comida. Rodrigo salió.

BeatrizDonde viven las historias. Descúbrelo ahora