El torneo infantil

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El agua helada le despejó un poco su cansada mente. Se remojo una y otra vez hasta que sintió que su cabeza se despejaba casi completamente. Se seco el rostro con cierta delicadeza y al bajar la toalla pudo observar su reflejo en el espejo.

En siete años su rostro no había sufrido ningún cambio en absoluto, ni siquiera la aparición de ojeras debajo de sus ojos. Pero ahora podía deslumbrar lo demacrado de su cara, no era por el hecho de no a ver dormido anoche. Aunque sabía que su cuerpo ya no estaba acostumbrado o ya no sentía la necesidad de hacerlo. No, no había sido ese hecho, si no cuando al fin logro hablar con él.

A pesar de la reticencia de su mente, no pudo evitar recordar, todo lo acontecido el día anterior.

La máquina se destruyo después de que dos enormes hombres que parecían abusar de los esteroides golpearon el medidor de fuerza.

Spopovich y Yamu, eran sus nombres y Videl identificó al primero como el sujeto que había logrado vencer su padre para coronarse como ganador del anterior torneo. No fue necesario que la muchacha indicara que estaban cambiados. No era solo el hecho de su aspecto extraño con su musculatura tan marcada, que los vasos sanguíneos sobresalían remarcando cada músculo, ni siquiera esos extraños tatuajes en sus frentes, ya que eran iguales y que ambos estaban calvos y vestían colores bastante parecidos. Ciertamente parecían ser parte de la misma escuela de artes marciales, hasta podrían decir una secta. No, nada de eso llamo la atención de los guerreros Z, si no el extraño ki maligno que emanaba de ellos, cuya cosa más extraña era que parecía no ser parte de su esencia propia. Como si hubiera sido agregada de manera artificial.

Cuando los hombres marcaron puntajes arriba de 200, en el medidor de fuerza y claramente al igual que ellos se notaba que se habían limitado. Supieron que serían contrincantes poderosos y también peligrosos

En ese momento supieron que no valía la pena enfrentarlos ahora, sería mejor esperar a ver sus verdaderas intenciones en el torneo. Ya que aún seguía la interminable fila y sabiendo de sobremanera que ellos irían a la final, decidieron ir a ver a los pequeños. El ruido desde el stadíum era notable y les hizo saber que el torneo estaba por empezar.

Entraron al campo de batalla y se acomodaron a observar desde arriba, ya que el lugar estaba increíblemente atestado por el público. Pudieron divisar más adelante la corta melena verde azulada de Bulma y el eterno chongo coronando la cabeza de Milk. Pero hubo otra cosa que llamo la atención de Goku. Esa cresta semi anaranjada que sobresalía de ese enorme hombre sentado al lado de Bulma. Llevaba una camisa suelta y un par de jins en apariencia desgastados. Le pareció una extraña manera de intentar disimular su desarrollada musculatura. Había notado que no parecía alejarse ni dos pasos de la peli azul.

Conociendo a Bulma sabía que se llevaría una buena regañona por cuestionar quien era, así que decidió despejar sus dudas ahora.

- Oye Krilin.

Susurro en voz muy baja como si la mujer pudiera oírlos hasta haya arriba.

- ¿Quién es ese hombre que sigue a Bulma a todos lados? - cuestionó casi conspirativo.

No tardó ni en segundo en responderle.

- Él es Dieciséis, Goku - aclaro con calma - fue uno de los inventos que libero el doctor Gero. A diferencia de Dieciocho, él si es un robot hecho y derecho, pero parece más humano que cualquier otra persona que haya conocido.

Se quedó mirando al enorme hombre un par de minutos más, él conocía otro robot más humano que cualquiera, aún recordaba a Octavio, su viejo amigo de la torre de la Patrulla Roja, Había una ironía en que Dieciséis fuera exactamente el número doble de Octavio, ya que el nombré original del robot era Ocho.

Después de... ti           (Terminada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora