›Hola‹

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—Debes de dejar de huir.— susurró Jay sentado en su cama mirando a Ni-ki que se encontraba pegado a la puerta de la habitación. —Hay veces que tienes que enfrentar los problemas.

—Eso me dijo Heeseung hyung.

—Pues ahora te lo digo yo.— le aclaró buscando una respuesta.

—Y eso importa en...— dejó la pregunta en el aire.

El mayor suspiró rodando los ojos pero devolviendo una mirada al japonés ofreciéndole una mano y viendo cómo este rápidamente aceptaba y se sentaba a su lado. La mirada del medio estadounidense ardía, se podría decir que te podía matar, pero por alguna razón a Ni-ki no le daba esa sensación y simplemente se quedó con él. Una de las manos de Jay fue a buscar la del pequeño para entrelazar sus dedos mientras que la otra fue directamente a acariciar sus mejillas con delicadeza, las miradas de ambos conectaron y se sintieron tranquilos de nuevo, estaban juntos y esta vez no podrían separarlos o al menos se quedarían un rato como si no existiera nadie más porque después de todo lo que habían vivido separados, estar juntos de esa manera era algo muy especial.

Ambos estaban simplemente mirándose y sonriendo, compartiendo una calma que querían fuera eterna pero que desgraciadamente no consiguieron que durara una infinidad puesto que Ni-ki desvió la mirada culpable y se revolvió en la cama escapando de su novio.

—Lo siento.— murmuró.

—¿Qué pasa ahora?— preguntó volviendo a buscar su cara con la mano haciendo que levantara la mirada y encontrando sus ojos llorosos.

—No quiero hacerte daño, hyung.— sollozó Ni-ki.

—A ver tontito, nada de lo que hagas o sientas puede hacerme daño.— rió acercándose para abrazarle. —Así que sea lo que sea, dímelo.

El castaño se separó de su novio y se sentó en la cama jugando nervioso con sus dedos, buscó la mirada de Jay intentando encontrar una afirmación real más allá de las palabras y viéndose de frente con una mirada segura y cariñosa que hizo que tuviera confianza para hablar sobre aquellos pensamientos que le hacían daño a él y podrían hacerle daño a Jay.

—Creo que sigo enamorado de Ta-ki.

La expresión del chico pelinegro siguió igual e incluso esbozó una pequeña sonrisa a la vez que negaba con la cabeza, se incorporó un poco y apoyándose con una mano en la cama cerca de la cintura del japonés, alzó la otra hasta tomar la barbilla del menor y se acercó lo suficiente para quedar parcialmente sobre él y besarle con suavidad hasta que recibió una respuesta dulce y clara por parte de su chico.

Puede que sí, esos sentimientos parecían seguir ahí, pero la forma en la que Jay le hacía sentirse único y especial era suficiente para él, no necesitaba más prueba que tenerse a sí mismo siguiendo aquel beso tierno y tímido. Nada salvo aquél íntimo beso pudo hacer que Ni-ki reconociera sus sentimientos, Jay era el único que podía complementarlo tan bien, parecía como si sus manos estuvieran hechas para sostenerle y que sus labios estaban hechos a medida para encajar en los de contrario.

Se separon encontrando la mano del otro rápidamente y pegando sus frentes para separarse lo mínimo, querían estar así de juntos siempre y es que, aunque la distancia hizo mella en ellos estar así les recordaba el porqué de su relación. No eran dos extraños, eran dos chicos que se habían complementado por varias semanas haciendo que amaran —sin querer— todo del otro, quizás eran imperfectos pero no eran conscientes de eso y eso hacía su amor más puro y sincero, incluso después de todo lo que habían luchado para llegar hasta ahí, no se podrían separar tan rápidamente.

—¿Te he dicho ya que te amo?— preguntó el mayor.

—Hoy creo que no.

El estadounidense abrazó a Ni-ki por todas aquellas veces que estuvieron lejos y el pequeño castaño se ocultó en su cuello como aquellas veces que buscaba un refugio en él, pero esta vez apreciando esa mezcla de perfume caro con sudor que aunque podría ser un espanto, pegaba con Jay y a Ni-ki le encantaba, por primera vez en unas semanas, volvían a ser ellos mismos y eso era lo único que importaba.

La promesa fue el cielo [En Edición]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora