"Vuelve a mí, Incluso si este mundo desaparece.
Aunque deba esperar mil vidas, lo haré, sólo por ti.
Esta es mi eterna promesa, la cual ni el ser más poderoso logrará quebrantar.
Renace, amor".
Te amo, Jinyoung".
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"Vuelve a mí, Incluso si este mundo desaparece.
Aunque deba esperar mil vidas, lo haré, sólo por ti.
Esta es mi eterna promesa, la cual ni el ser más poderoso logrará quebrantar.
Renace, amor.
Te amo, Jinyoung".
Aquel sueño fue recurrente, a lo largo de los días, cada noche lo atormentaba el recuerdo de la promesa efectuada; habían pasado siglos desde la última vez que vio al príncipe y su anhelo se hizo más grande con el tiempo. Aroma, calidez y el sabor de sus labios, algo que jamás encontró; cuando la tristeza y rabia invadieron al gumiho, sólo pensó en saciar su sed, por medio de otros cuerpos. La culpa marcó, a rojo vivo, el alma de la deidad.
Muchas veces lloró, amargamente, y algunas pensó terminar el martirio de vida que llevó por milenios, quizá, era la única forma de volver junto al amor de su vida. El emperador celestial pregonó que las bestias no tenían derecho a sentir amor, sin embargo, el destino unió el indomable corazón de Lim al de un ser humano.
El alma marchita declinó hasta desfallecer en la mullida cama, luego de una intensa noche de sexo casual, sintiéndose culpable y sucio no tuvo otra opción más que fenecer ante su dolor, haciendo que lágrimas brotaran antes de dormir y recitando el mantra fundido en el interior- Jinyoung...- clamó triste. Minutos después, replicó los amenazadores mensajes de Jackson Wang; el lobo, que siendo fiel compañero y amigo, fue quien ayudó al mayor a contener a Jaebeom y lo cuidó, incluso, pese al horrible carácter del mayor.
La luz de luna penetró los ventanales de la habitación, aquellos chispazos le recordaron los momentos, más dulces, compartidos con Jin y que guardó celosamente. Nada impidió que se transformara, levantando sus esponjosas nueve colas; mirada penetrante y unos orbes que resonaron por el cielo, esperando la llegada del único hombre que amó.
"¿Por qué no regresas? He sido un completo imbécil, pero... por favor ven y patea mi trasero. Déjame rogar tu perdón y juro que te dedicaré la vida entera.