CAPÍTULO 103

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-Wow, eso me tomó por sorpresa, no me lo esperaba-, admití. -De acuerdo, me voy a colocar algo más decente y bajo en unos minutos.

-¡No, no tienes que hacerlo!- Exclamó. -Estás muy bien así, mi vida.

-De acuerdo, espera entonces-. Entre y cerrando la puerta se lo comuniqué a ellos, los cuales ya se habían tranquilizado bastante pero sin quitar la cara de tragedia.

-Listo-, Dije saliendony cerrando una vez más la puerta.

Derek y yo caminamos escaleras abajo tres pisos hasta llegar al lobby, y de allí atravesamos todo el salón hacia una puerta de cristal que conducía al comedor. Ambos estaban de espaldas a la puerta así que no se percataron de nuestra llegada.

-Mamá, papá-. Saludó situándose enfrente de ellos mientras permanecían sentados en una de las mesas.

-Mi Derek- Saludó su madre.

-Hijo, siéntate,- señaló su padre una de las dos sillas enfrente de ellos dos.

-Primero quiero que saluden una vez más a la joven que me salvó la vida, la que amo y que ahora se convertirá en mi esposa- señaló extendiendo una mano hacia mí y me situé a su lado. Estaba muy nerviosa.

-Señores Hoffman, que gusto volver a verlos una vez más- Espeté extendiendo mi mano y cada uno la estrechó.

-¡El gusto es nuestro, linda!- Dijo su madre.

-Así es, ahora sí siéntense, chicos-. Insistió el señor Hoffman muy formal, y nosotros tomamos asiento.

-Estamos felices de su compromiso, no lo esperábamos pero a veces las sorpresas son las que más nos pueden llegar alegrar-. Por un segundo más se me pasó Lauren por la mente pero fui capaz de esquivarlo.

-Me alegra que estén de acuerdo; Derek y yo...

-Nos amamos, y no podríamos imaginar ahora una vida el uno sin el otro-. Completó Derek mirándome a los ojos.

-No cabe duda que es genuino su amor-. Dijo su padre con una sonrisa al ver a su hijo feliz.

Luego ambos se miraron y se hicieron señas entre sí sin decir palabra alguna.

-Bueno, Taylor, querida. Quisimos hablar contigo porque no te pudimos agradecer lo suficiente por haber ayudado a nuestro Derek; sin ti se habría muerto, independientemente de que haya sido un acto irresponsable de su parte. Su vida vale más que cualquier cosa y ahora él lo sabe, pero sin tu ayuda no podría haber estado aquí. Lo habríamos perdido-. Mencionó la señora Hoffman con los ojos aguados. -Y por supuesto le has brindado una inmensa felicidad como su compañera sentimental, y aún más ahora que serán marido y mujer.

Yo sonreí ampliamente. Jamás había recibido tanto agradecimiento de una persona que no fuera de mi núcleo familiar; o ciertamente ni siquiera dentro de él me habían nunca tratado tan bien. Esos dos señores tenían una calidad humana única.

-Como ya saben Derek es el amor de mi vida; pero primero que todo fue mi amigo; él es alguien muy importante para mí, y a aprendí a conocerlo muy bien y sé que es alguien maravilloso por dentro y por fuera.

-Taylor siempre me trató como siempre había querido ser tratado: Como una persona más y no como un ídolo.

Ellos asintieron felices y sonrientes.

-Bueno, quizá no nos dimos a entender muy bien; aún no hemos terminado-. Exclamó con entusiasmo la señora mientras sacaba una libreta y una pluma de su delicado bolso Chanel.

-Taylor, sabemos que nada nunca será suficiente para terminar de agradecerte, pero... queremos hacerlo con una pequeña suma monetaria- Habló el señor.

Alcé mis cejas asombrada y miré a Derek, que por supuesto sabía sobre esto, y los señores rieron. Ella escribió algo en la libreta y me la pasó.

-Si estás de acuerdo con esa cantidad, querida, entonces coloca el número de tu cuenta al lado de esta.

Mi cara de asombro se intensificó aún más al ver aquella cifra, que apuntaba ochocientos mil dólares.

-Señores Hoffman, yo no puedo aceptar esto. A Derek lo salvaría millones de veces y todas serían sin esperar nada a cambio.

-Claro que sí puedes, Taylor-. Dijo él.

-Solo tómalo como un regalo, no te sientas comprometida a nada.

-A nada más que a mí- mencionó mi prometido brindándome un tierno beso en la cabeza.

Estando en Berlín - (Manuel Neuer)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora