Capítulo 3

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—¡Vamos! ¡Zequi, muévete!— dijo recargada en la puerta de la cocina —Tu tiempo de descanso todavía no llega. Y parece que hoy vas a tener un poco de trabajo.

Ezequiel logró reconocer una de las voces de muchas personas que estaban entrando al restaurante. Era Sarah, una chica universitaria que le gustaba ir a menudo, era bastante bonita y agradable, no obstante cada que iba siempre pedía que él tomara su orden. Todo el personal del restaurante ya se había percatado de que Sarah sólo iba a verlo a él. Este caso no sería la excepción. Sarah estaba acompañada de algunas de sus amigas que el mesero ya conocía y algunos chicos de su edad, eran aproximadamente unas ocho personas.

El pelinegro inhaló aire y lo retuvo por un momento en sus pulmones, después exhaló y se dirigió hacia el grupo de chicos universitarios.

Lo único bueno de órdenes tan grandes como esa era la propina.

—¿Segura que no quieres ir a otro lugar? No está mal, pero podríamos ir a uno mejor, después de todo es tu cumpleaños, Sarah— sus amigos no estaban convencidos de estar ahí.

—Está bien, este es un buen lugar. No es muy caro y la comida es muy deliciosa— afirmó Sarah.

—Ellos tienen razón, tal vez debiste escoger un mejor lugar–– opinó Ezequiel mientras se llevaba la mano izquierda a la nuca y sonrió —¡Ah! ¡Es verdad! ¡Feliz cumpleaños!

Todos los acompañantes de Sarah se quedaron callados y lo miraron fijamente. La atmósfera se había tornado un poco extraña, lo que hizo que Ezequiel se sintiera ansioso y se sonrojara. No tenía ni idea de qué estaba pasando y menos se daba cuenta que Sarah tenía sentimientos románticos hacia él, para cosas como el amor, era muy despistado.

Ezequiel trató de hacer que todo transcurriera con total normalidad, fue imposible, en especial al interactuar con las chicas del grupo. Las chicas se la pasaban viéndolo, susurrando entre ellas, para después reír por debajo. Sentía que lo estaban juzgando. Al terminar de comer los invitados comenzaron a reunirse para tomarse una foto para recordar el momento.

—¡Zequi! ¿Puedes tomarnos la foto?— preguntó una de las amigas de Sarah y extendió su mano con su teléfono.

El joven mesero asintió con la cabeza.

Cuando estuvo a punto de tomar la fotografía se percató de muchos detalles: los platos sucios en la mesa, habían más personas de un lado que del otro y realmente no se apreciaba quién era la cumpleañera y... ¿por qué una de una de las chicas llevaba puesta una bufanda tan fea cuando llevaba una linda blusa? No podía ver ninguna armonía estética y eso le provocaba malestar.

—¿Puedo hacer unas sugerencias antes de tomar la foto?— preguntó tímidamente. Los universitarios se miraron entre sí confundidos —Estaría perfecto si esto se quitara del camino— dijo mientras quitaba los platos sucios fuera del encuadre —También si alguien se podría pasar de este lado para que se vea más proporcionada la figura y Sarah, lo mejor sería que estuvieras en el centro.

Ezequiel trató de perfeccionar la imagen de cada uno de los presentes para la foto lo más rápido que pudo y colocó a sus mejores amigas sentadas junto a Sarah. A sus mejores amigas les indicó que cuando fuera a tomar la foto abrazaran a la cumpleañera para sorprenderla, a los demás les pidió que estuvieran parados e hicieran algunas poses graciosas para hacer la foto más divertida. A todos les pareció una idea interesante y aceptaron sin decirle a Sarah.

—¡Muy bien, creo que todo está listo!— anunció Ezequiel —¡3!... ¡2!... ¡1!...

Cuando terminó la cuenta regresiva, sus mejores amigas la abrazaron, dejando al descubierto lo que el pelinegro quería: una auténtica sonrisa. La fotografía había salido mejor de lo esperado y al grupo de amigos le encantó. Pronto se fueron y lo mejor de todo: la propina que dejaron fue buena.

Ezequiel estaba feliz, había sido una gran fotografía, tan feliz que no vio que había una persona enfrente de él. Y como un balde de agua fría lo golpeó una gran nostalgia, tal vez si no hubiera sido tan egoísta en el pasado, todo sería como antes.

Terminó de limpiar la mesa para los próximos clientes, para entonces, su sonrisa ya se había desvanecido. Distraído dio la vuelta para tomar los productos de limpieza pero tropezó con una persona que iba entrando. La otra persona estaba de espaldas volteó inmediatamente, era el príncipe.

—¿Por qué tienes esa cara? ¿Pasó algo?— dijo preocupado.

El mesero se sonrojó. Estaba atónito, le estaba hablando a él.

—¡N-NO! ¡T-todo está bien!— respondió dudoso, el príncipe insistió con la mirada —No es nada, e-es que, no recibí la propina que esperaba.

El castaño lo miró escéptico pero sonrió un poco.

—Eso debe apestar amigo. No dejes que te afecte tanto. Hay personas que no aprecian el trabajo de otras, aunque hay otras que sí lo hacemos.

El príncipe se había convertido en un cliente frecuente y en cada una de sus visitas era Gaby quien lo atendía, siempre estaba preparada para atender primero que nadie al príncipe. Ya había pasado un mes desde la primera vez que entró al restaurante y ya parecían buenos amigos, ya nadie protestaba para tomar su orden.

Cada vez que pasaba Ezequiel cerca de él, se sentía un poco incómodo por su presencia, en cada paso podía sentir la mirada del chico, como si estuviera buscando algo en él.

Además... tenía que admitirlo, los ojos de ese príncipe eran hermosos.

Tenía muchas ganas de fotografiarlo, un retrato de él no estaría nada mal. Cada vez que pensaba en preguntarle por una foto la cabeza le daba vértigo, no estaba seguro. ¿Sería muy extraño pedirle una foto a un desconocido-conocido?

Ezequiel estudió fotografía unos años antes de perder a su padres hace casi dos años, pero los viejos hábitos nunca mueren.

—¡Oye! ¡Te estoy vigilando, Zequi! Estoy trabajando en ese hombre— advirtió Gaby mientras limpiaba una mesa cercana a Ezequiel.

—Ni quien te lo quiera robar— soltó una pequeña carcajada —Además, soy hombre.

—No me importa, no te quiero ver de zorra alrededor de mi hombre.

Ambos no paraban de reír por debajo.

—Si me lo sigues diciendo me van a dar ganas de hacerlo— bromeó Ezequiel —Será mejor que me invites a la boda.

Pasó aproximadamente una hora más cuando el príncipe se fue. Limpiando la mesa después de que el príncipe se fue Ezequiel encontró una libreta que dejó olvidada.

«Parece que esto va a cosas perdidas» pensó y tomó el cuaderno.

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Tal vez mañana suba el siguiente capítulo :p
(Tengo examen ;—;)
¡¡¡¡¡Feliz Halloween y Día de Muertos atrasados!!!!! \._./

Please... Save me... (Yaoi/Gay)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora