cinco.

280 26 7
                                    

05.

el fuerte volumen de los parlantes aturdía un poco a la joven de cabellos teñidos quién caminaba con una sonrisa hacia su amigo.

—ay mi wachina viniste. —decía Lombardo mientras la abrazaba con fuerza.

—sí boludo, vine por vos no más eh. —contestó y ambos rieron.

—vení, vamos donde los pibes. —se aferró al brazo de su amigo y caminaron hasta donde estaba el grupo de jóvenes, entre ellos Daniel.

—¡esa Iri! —exclamó Monzón cuando la vio haciendo que la anteriormente mencionada sonría un poco.

—dale un vaso de fernet a la nena que acaba de llegar y tiene que ser bien atendida. —decía Lombardo mientras pasaba su brazo por los hombros de su amiga.

—che ¿vos dónde te metiste ayer? —apareció Valentina. La peliazul se quedó en silencio y miró a su amigo quién sabía el motivo de su falta.

—te cuento luego Valen. —dijo en voz baja, no quería hablar del tema frente a los demás.

—ayer te necesitaba para contarte algo importante y no fuiste, sos una vaga —bromeó pero en la cabeza de Lutz no había espacio para chistes y menos si se trababa del día de ayer. Su amiga se dio cuenta y fue cuando entendió que era serio— ¿pasó algo, tiene que ver con Christian?

para Ribba quién no había dicho una sola palabra, escuchar que la de hebras azules era enlazada con el nombre de un chico era algo interesante y hasta importante ¿quién era christian?

— no quiero hablar de eso Valentina. —dijo finalmente y ambas se quedaron en silencio.
—revisá tu calendario. —acotó el anfitrión.

se sentó al lado de su amigo mientras estaba recostada a él, escuchaba a los demás hablar pero ella estaba en otro mundo. Notó la mirada de Ribba un par de veces, y el único gesto que le pudo ofrecer fue uno cercano a una sonrisa a labios sellados.

—eu ¿te jode si te dejo sola un toque? —preguntó su amigo ella negó con la cabeza— si necesitás algo me buscas. —dejó un beso en su frente y se fue.

estaba sola, como en su casa, siempre sola. Estaba acostumbrada a estar sola en todos los sentidos siempre ha carecido de compañía, pero su acompañante más importante se había ido de su lado un año atrás.

sentía que sus pestañas se estaban mojando y no quería eso, había demasiada gente en aquella casa y lo último que quería era llegar el lunes al colegio y escuchar a más de uno hablar como Irina Lutz se había puesto a llorar en medio de la fiesta de su amigo. Quizá nadie lo notaba pero prefería ahorrarse el show, además de que no le gustaba llorar.

se levantó de su lugar y caminó hasta la puerta de atrás, llegó al jardín y sacó un pucho y su mechero. Encendió el cigarrillo y dio la primera calada, estaba demasiado tensa y quizá la nicotina la relajaría un poco.

le aterraba estar "demasiado" ya sea demasiado molesta, demasiado triste, demasiado tensa o estresada. Creía que no era bueno sentir tanto a causa de algo o alguien, porque eso significa que es importante y si es importante dejará marca, y no quiere más cicatrices en su alma.

—¿tenés fuego? —escuchó una voz masculina y familiar, se giró para ver de quién se trataba y se encontró con él chico del arete en la nariz.

—tomá. —respondió mientras le daba el mechero. Ribba tomó el objeto y le dio fuego a su cigarrillo.

—¿estás bien? —inquirió logrando llamar la atención de Luz.

—todo pillo. —contestó esperando que no le pregunte nada más acerca de su sentir.

—¿segura? te vi llorando adentro, si querés hablar yo te escucho. —iba a contestarle que no se metiera en su vida, pero sabía que él no lo hacía de mala fe y hasta se veía preocupado. Él no tiene la culpa de la vida de mierda que ha estado llevando.

—es sólo que ayer no fue un buen día y quedan consecuencias, pero nada grave. —contestó finalmente.

—bueno, si vos decís que no es nada grave supongo que me toca creerte. —dijo y ella asintió.

ambos observaban al frente mientras veían la imagen de Monzón bailando arriba de la pequeña mesa, estaba como quería.

—¿vos decís que se cae? —preguntó Irina para después darle una calada al pucho.

—sí, es un idiota siempre termina con golpes hasta en el ojete. —contestó y ambos rieron.

—¡Iri! —la llamó el ojiazul, ella enarcó su ceja ante la confianza de este para llamarla de esa forma— digo Irina —dio para después aclarar su garganta— que dice Mauro que si podés ir a comprar un par de botellas más, ya vamos a quedar solo nosotros así que para beber acá tranquilos.

—no sé si sea buena idea comprar más, tu amigo parece que estuviera más duro que la realidad —decía mientras veía como bajan a Mauro de la mesa— pero decile al gordo que yo voy.

tomó el dinero que le extendía Oliva y apagó el cigarrillo para tirarlo en el tacho de basura.

—¿te puedo acompañar? —preguntó Ribba y ella asintió haciendo que ambos sonrían.

tomaron sus camperas y salieron de la casa para caminar hasta el kiosko más cercano y comprar lo solicitado.

—te juro que no se mete merca, solo que el alcohol le pega mal. —decía Daniel y ella río.

—pues no sé eh, pero me parece que el Mauro ta re duro. —añadió. La risa de la teñida se cortó cuando vio cómo su hermano cruzaba la calle con su grupo de "amigos" — ¿qué hace acá?

ojeras negras ; dani ribba. Where stories live. Discover now