El bullicio de aquel lugar no hacía más que revolverme el estómago. Gente pasaba a mi lado con un intenso olor a cebolla proveniente de sus axilas, tenían tanta prisa que parecían siquiera darse cuenta. Me sentía mareada, los nervios no me habían dejado probar bocado antes de llegar allí, a esa selva. Dónde hombres trajeados y gente blanca con camisas floreadas y sandalias con calcetines caminaban apresuradamente sin ser capaces de percatarse de la presencia del otro, pareciendo pertenecientes a dos mundos completamente diferentes. Todo esto no hacía más que alimentar mi ansiedad, que había decidido aparecer en mi vida desde el momento en el que me enteré de que estaría allí.
Pero eso era sólo un mal momento, un mal momento que marcaría el inicio de una exitosa y feliz vida en Los Ángeles, California. La cumbre de la fama.
-T/N, ¿me estás escuchando? -habló exasperada mi amiga gesticulando con una mano, y sosteniendo su gran y pesada maleta rosa con la otra.
-Si, te escucho, ¿Qué pasa? -fruncí el ceño mientras sacaba el chicle ya escaso de sabor que había estado masticando desde horas atrás, y lo hice una bola con mis dedos.
-Te he estado habla y habla hace más de un minuto y tú ahí parada como pendeja. Vamos a buscar un taxi, ya no aguanto más -Se quejó y empezó a arrastrar su maleta hacia la salida.
Así es, había conseguido una beca en una prestigiosa facultad de arte en Los Ángeles, y cómo no, había arrastrado a mí mejor amiga conmigo. O más bien ella se había invitado sola.
Al cruzar las puertas de cristal que nos separaban del mundo exterior, el aire caliente de la calle me azotó de pronto. Era medio día y el sol estaba en su punto máximo, haciéndome extrañar el frío estremecedor de dentro. Nunca había sido fan del calor. Aunque tampoco del frío extremo, pero tenía mis preferencias.
Habíamos alquilado una habitación de hotel por mientras, hasta que encontrásemos un buen departamento y un trabajo para poder pagarlo. En Los Ángeles nada es barato, y viajamos con el dinero justo.
Todo el viaje en taxi Pascale no había hecho más que quejarse sobre un niño que pateó su asiento durante el viaje en avión, y sobre un bebé que había estado llorando y había interrumpido su sueño con Harry Styles, además de lo cansada que estaba. Aunque en realidad no me molestaba, ni siquiera le estaba prestando atención.
El hotel no era nada muy exagerado, como dije, teníamos el dinero justo. Así que lo mejor que pudimos pagar fue una habitación con dos camas, una cocina y un baño. Había una sala de estar pero no tenía separación con la cocina así que eran dos en uno. Al entrar lo primero que se apreciaba a la derecha era una pequeña mesa, que de decoración tenía una especie de réplica en miniatura de un monumento. A la izquierda estaba el salón/cocina, y en un pasillo de no más de un metro estaba la puerta que conducía a la habitación. Dentro de la habitación estaba el baño.
Al llegar lo primero que hicimos fue lanzarnos a nuestras respectivas camas. Las cuales separaba una mesita de noche negra con una lámpara que no funcionaba. Pascale se tiró a la primera cama que vio, así que a mí me tocó la cama de la derecha, cerca del balconcito. Que tenía una barandilla de hierro pintada de negro con curvaturas, dando un aire a la esencia de Tim Burton. Era lo que más me gustaba de aquella habitación. Mi amiga apenas tocó la almohada cayó rendida ante el sueño.
Yo también estaba muy cansada. Bastante de hecho, incluso más que ella diría, pues ella si había sido capaz de dormir un par de horas durante el vuelo, mientras que yo al igual que no había probado bocado, no había podido pegar el ojo, y aún estando en la cómoda cama del hotel seguía igual.
Era un cambio totalmente significativo en mi vida, que marcaría un antes y un después. Aún no podía asimilarlo.
Varios días atrás estaba en otro país completamente distinto, con un idioma completamente distinto, soñando con que esto algún día fuese posible. Y ahora que lo era no sabía cómo afrontarlo, era algo muy fuerte para mí, y aunque había sido mi sueño desde siempre, aún no me sentía totalmente satisfecha, puesto que había dejado atrás a una familia más que decepcionada del camino que estaba siguiendo, y mi único apoyo era una chica en demasía extrovertida adicta a las fiestas. Que no me quejaba. Es más que suficiente para mí tener al menos a alguien, y más siendo mi mejor amiga de toda la vida; Pero eso no evitaba que sintiese ese gran vacío en mi pecho, cómo si parte de mi alma hubiese sido arrancada.
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La Nuit Étoilée •Aidan Gallagher Y Tú•
Fanfic¿Alguna vez escuchaste sobre las almas destinadas? Según una leyendo celta, al inicio de los tiempos, todas las almas salieron de un alma única. Esta se dividió en dos y esas dos en otras dos. Y a dos almas que nacieron de la división de una misma...